Ante la necesidad de escapar de la violencia que se ejerce hacia los cuerpos en los gimnasios, Christian Montoya creó “Fuerza Diversx”, un espacio libre de discriminación destinado a la comunidad LGBTQ+ en el cual se enseña acondicionamiento físico y se crea comunidad.
Originario del Estado de México, Christian es un hombre trans que ha dedicado los últimos años de su vida al powerlifting, deporte en el que el objetivo es levantar la mayor cantidad de peso posible en tres movimientos básicos: sentadilla, press de banca y peso muerto.
En entrevista con EL UNIVERSAL, el joven comparte cómo ha transitado el camino para dejar a un lado los estereotipos y comenzar a disfrutarse tal cual es.

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“Desde la infancia, siempre me gustó el deporte. El fútbol era una de las actividades que más disfrutaba, pero lo dejé por la discriminación a la que me enfrentaba a diario. Siempre me decían que era un deporte para hombres”, relata Christian.
Pasó por varias disciplinas, como el taekwondo, un deporte que despertó en él un profundo sentimiento de conexión con su cuerpo y donde incluso consiguió una codiciada cinta negra. A los 21 años, mientras estudiaba Ciencias del Deporte, también inició su transición. Pasó por el crossfit y el strongman, una disciplina orientada a la resistencia muscular.
“Me gustó muchísimo. Yo levantaba cilindros enormes de 70 kg por encima de mi cabeza”, recuerda. Sin embargo, pese a sus avances, siguió encontrándose con discriminación.
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Mientras iniciaba su camino el powerlifting llegó a recibir comentarios violentos. "Tienes que entrenar como un hombre, porque ya eres un hombre", le decían. En las competencias, hablaban de él entre dientes. “Me llamaban en femenino. No lo decían en voz alta, pero yo alcanzaba a escuchar cosas como ‘¿Y ella qué?’”.
La hostilidad de los círculos donde entrenaba le llevaron a participar en dinámicas que no le gustaban. “Los viernes se realizaba una actividad muy violenta. El staff se juntaba, se ponían unos guantes y se golpeaban para arreglar sus diferencias. Yo tenía que entrar a las dinámicas para poder encajar”.
También enfrentó obstáculos para conseguir empleo. “Tuve que pasar por muchas entrevistas. Cuando mencionaba que era una persona trans, nunca me llamaban. Justo cuando conseguí un trabajo, no mencioné que soy trans”.
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Al presentarse a laborar le pidieron su documentación. Él explicó que sus papeles estaban en trámite por su cambio de género. Recuerda muy bien la respuesta del empleador "¿Me hubieras dicho”.
La violencia se hacía presente no sólo en su entorno, sino también por dentro. Christian reconoce que sometió a su cuerpo a una gran presión con tal de obtener un físico masculino. “Empecé a hacer ejercicio sin parar y a tener dietas muy estrictas. Recuerdo que una vez estaba llorando mientras me ejercitaba. Ya no podía sostener ese nivel de esfuerzo por lo poco que comía”.
Ese fue el punto de quiebre. Ahora mantiene una rutina saludable y aprendió a no exigirse un físico insano, sino a vivirse desde el rendimiento y el amor a lo que su cuerpo es capaz.
“Darme cuenta de que mi cuerpo, un cuerpo trans pequeño puede ser capaz de algo tan significativo como levantar un gran peso me llena de satisfacción. Quiero que más personas sepan lo que es entrenar en un espacio seguro”.
Ante la persistente desciminación hacia él y otras personas de la comunidad trans, Christian tomó la decisión de alejarse de espacios violentos. Fue en Casa La Moira, un centro comunitario que brinda asistencia a la comunidad LGBTQ+, donde nació “Fuerza Diversx”, un espacio seguro para la diversidad en el que se brindan entrenamientos responsables y personalizados.
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“Nos enfocamos en mejorar sus capacidades físicas, como la resistencia, quitando el foco a la parte estética de un cuerpo heteronormativo”, describe Christian. El joven deportista detalla que quienes asisten a los entrenamientos vienen huyendo de la violencia que se ejerce en los gimnasios hacia los cuerpos diversos y de los comentarios discriminatorios.
“Es muy gratificante saber que el ejercicio les está ayudando no solamente a estar saludables físicamente, sino también a su salud mental”, enfatiza Montoya.
Casa La Moira es un centro cultural accesible que acerca actividades de salud mental y física a la comunidad LGBTQ+. También ofrecen becas del 30% al 100%, se ubica en Av. José Vasconcelos 125, San Miguel Chapultepec, en la alcaldía Miguel Hidalgo de la Ciudad de México. Abren de lunes a viernes de 12:00 a 21:00 horas.
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