“Perder a un hijo es lo más doloroso como padre, no hay palabras”, dice Mario Carrillo, quien tras el feminicidio de su hija Martha, el 19 de enero de este año, asumió la crianza de sus cinco nietos. “Ya son mis hijos-nietos”.
Mario sale a trabajar cada mañana para llevar dinero a la casa y a su vez está pendiente del proceso penal en contra del hombre señalado como responsable del feminicidio de su hija, quien fue la pareja de Martha.
Le dijeron que no era necesario presentarse a las audiencias, pero él decidió hacerlo porque quiere conocer el avance del caso.

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“Yo debo de estar para saber por cuántos años va o si sale libre. Confío en las autoridades, pero yo quiero desengañarme personalmente”, afirma.
Cuatro de sus nietos viven con él y su esposa Onoria. Su nieta mayor formó una familia, pero vive cerca de su casa. Dos de sus nietos cursan la preparatoria y dos la secundaria. Mario procura que continúen en la escuela.
“La mentalidad siempre mía es: estudien. Con base en los estudios van a obtener algo, un buen trabajo”, comenta.
El señor Mario Carrillo no pudo seguir estudiando porque tuvo que trabajar desde joven. Recuerda que en esos años muchos padres se dedicaban al campo y las oportunidades eran escasas. Por eso siempre insistió a sus hijos, y ahora a sus nietos, para que terminen sus estudios.
“Siempre he dicho: Dios socorre y lo hace de distintas formas. A los niños los tenemos estudiando”, cuenta.
Con estudios hasta la primaria, Mario aprendió varios oficios. Fue ayudante de mecánico, plomero, albañil y pintor. Cambiaba de trabajo conforme encontraba una oportunidad. En cada uno aprendía algo nuevo hasta dominar el oficio. Hoy sigue ejerciendo todos esos trabajos.
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“En ese entonces andaba con trabajos de plomero, ayudante de mecánico, albañil, fui de pintor. Era aprender, me costó andar en varios trabajos, pero sí aprendí y ahora lo desarrollo en forma. Tengo un conocido en una tlapalería que tiene mi número telefónico, cuando llegan a preguntar por un plomero ya les da mi número y me llaman y voy al trabajo”, dice.
Tres de sus nietos son hijos de la pareja de Martha, vinculado a proceso por su asesinato.
“Martha a los 18 años se juntó [con su pareja], tuvo una niña y al segundo día de nacida se quedó con nosotros. Al final de cuentas la criamos nosotros”, relata Mario.
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Luego de tener a su hija, Martha decidió continuar con su vida, mientras sus padres la criaban. Poco después, regresó Martha a casa de sus padres, había tenido otro hijo, un varón. Al igual que la primera vez, decidió entregarle a sus padres la responsabilidad de la crianza de su hijo.
“Nació la niña, después nace el otro niño y al año nos lo pasa a dejar porque ella se junta con el papá de los otros tres”, recuerda Mario.
“Eso sí, cuando llegó está persona le dije estos dos se quedan conmigo, no quiero maltratos. Se lo dije porque hay padrastros que luego son pesados con los niños por no ser sus hijos y le dije que nos dejara a sus dos hijos”.
Mario señala que la pareja con la que decidió juntarse “le metía mucho a la bebida y al final la envició”. “Yo le decía que se separara porque esa no es una vida normal para los niños”.
Tras pedirle Mario a la pareja de Martha dinero para aportar a la casa y a la crianza de sus hijos, pues también se los llevaron a su casa, decidieron dejarles a los niños e irse a vivir a la calle.
“Esa persona fue enviciando más y más a Martha hasta que se fueron de la casa y nos dejaron a los otros tres. Él me dijo: prefiero irme a vivir a la calle donde nadie me pide dinero”, recuerda.
Fue así como Mario y su esposa Onoria se quedaron a cargo de sus cinco nietos-hijos.
Pasó el tiempo y el 19 de enero Mario recibió una llamada, en la cual le informaron que Martha había fallecido, fue asesinada a golpes por su pareja, de acuerdo con las investigaciones.
Mario y Onoria, con 62 y 63 años de edad respectivamente, esperan la sentencia del presunto asesino de su hija y continúan con el cuidado de sus nietos.
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“No iba a dejar a esos niños en la calle, están en plena juventud y se nos pueden ir por otro lado, a los vicios. Pueden ser como los papás que anduvieron en la calle y todo eso. Yo siempre les he dicho estudien y échenle ganas”.
Mario nació y creció en San Pablo Chimalpa, en Cuajimalpa. Tenía 19 años cuando supo que sería padre. El noviazgo con Onoria apenas había durado tres días cuando decidieron vivir juntos. Aunque no se casaron, llevan más de 43 años en pareja.
Era 1984 cuando fue padre. “Uno sabe que cuando la mujer está embarazada debes hacerte responsable de los gastos que haya”, dice.
Un año después de su primer bebé a quien nombró Francisco, nació Martha. Fueron los únicos dos hijos de la pareja.
“Nunca se me pasó por mi mente dejarlos abandonados. Yo siempre he luchado para que tengan algo de comer”, comenta Mario.
Ahora, con sus nietos, Mario espera que se preparen, estudien y salgan adelante.
“Yo quiero ver a todos mis hijos-nietos juntos, son niños de casa. Yo trato de echarle ganas para sacar adelante a esos muchachos. Los hijos o los nietos no son alcancía, tampoco tengo esa mentalidad. Sé que algún día harán su vida. Todos tenemos derecho a volar”, considera Mario Carrillo.
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