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La extrema derecha española aprovecha la oposición al independentismo catalán para ganar visibilidad en la calle. Las manifestaciones de las últimas semanas han dado cobijo a actos violentos de estos grupos, que tienen en la unidad de España uno de sus mensajes más claros.
Ocultas entre las banderas nacionales había una minoritaria pero infrecuente representación de banderas franquistas y expresiones de la ultraderecha. Aun menos comunes son las agresiones de grupos ultras como las que se presenciaron contra los participantes de una marcha independentista pacífica en Valencia (9 de octubre) o en el Día de la Hispanidad (12 de octubre) en Barcelona, con una batalla campal en la terraza de una cafetería.
Estas imágenes han creado el temor de que la extrema derecha esté tomando impulso. Sin embargo, tanto los organizadores de las marchas de estos días en defensa de España como los académicos expertos en extremismo llaman a la relativizar esta presencia. Ambos grupos coinciden en que el uso que los ultras hacen de las imágenes es engañoso. El 7 de octubre, partidos extremistas como La Falange o Democracia Nacional convocaron una manifestación en Madrid con el lema “El separatismo es un crimen que no perdonaremos” que no alcanzó el centenar de asistentes, por lo que se unieron a otro acto mucho más concurrido de la Fundación para la Defensa de la Nación Española ( DENAES), antiindependentista pero sin pretensiones ultras, y luego subieron a las redes sociales las fotos como si los miles de participantes fueran propios.
La actividad de la extrema derecha en España se considera de baja intensidad. “Son pocos, los vemos sobre todo en ataques a colectivos homosexuales e inmigrantes: son actos violentos y fáciles que requieren poca organización”, explica una fuente policial a EL UNIVERSAL. El Ministerio del Interior español contabilizó mil 272 de estos delitos de odio en 2016, aunque la mayoría no se relacionan con grupos establecidos.
La derecha populista española tampoco cuenta con presencia institucional, líderes visibles ni posibilidad de convertirse en una oferta electoral competitiva. El partido VOX, liderado por Santiago Abascal, ex miembro del Partido Popular, obtuvo en las últimas elecciones 0.2% de votos, cifra muy alejada del 21.4% de Marine Le Pen en la primera ronda de las presidenciales francesas o los 5.8 millones de votos de Alternativa por Alemania.
“La extrema derecha en España no está ni se la espera. No tenemos ahora mismo ese problema”, dice José Luís Rodríguez Jiménez, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. La extrema derecha española no tiene un discurso que se adapte a la sociedad, no pueden remontarse a los años 50, como hacen los nacionalismos ultraeuropeos. En España, el referente más cercano de una época de ilusión social y renacer es la Transición, tras la muerte de Francisco Franco.
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