Simultáneamente al proceso de aprobación de la reforma constitucional que dará pie a la expedición de una ley para homologar el tipo penal y las sanciones para el feminicidio en México, la UNAM convocó a una conferencia de la reconocida escritora Cristina Rivera Garza relacionada con la impunidad en los feminicidios a la que llamó: “Cuando la mano feroz de la impunidad te roza la piel”.

El invencible verano de Liliana es el libro en el que se hace el recuento de la muerte de su hermana Liliana Rivera Garza, estudiante de arquitectura en la UNAM que fue asesinada el 16 de julio de 1990 en Azcapotzalco. Quien la asfixió y privó de la vida fue Ángel González Ramos, un exnovio que la seguía acosando después del rompimiento del noviazgo.

En esta ocasión Cristina, frente a cientos de estudiantes, compartió que la justicia jamás alcanzó a Ángel. Habló “del silencio patriarcal del Estado, de la indiferencia civil y de la complicidad de familiares y amigos del feminicida”.

A partir de su experiencia personal, dijo: “la impunidad le quita el velo de normalidad a la vida de todos los días y sabes que la relación entre el Estado y el ciudadano sobre la cual se asientan nociones y prácticas básicas de seguridad y pertenencia se ha roto para siempre”. “La impunidad nos transforma en parias”.

La familia de Liliana sabía desde el primer momento quién era el feminicida; como también lo supo doña Irinea Buendía respecto del asesinato de su hija Mariana; o Jorge Luis Robles al enterarse de la desaparición de Lupita Dobler, su mamá, y de tantos otros casos de familiares que, después de quedar descolocados con el impacto de la noticia, han tenido que pasar por los intrincados laberintos de la justicia.

Por eso, la reforma que se acaba de aprobar en el Senado que busca que haya mayor eficiencia en el castigo a los perpetradores, tiene que ir acompañada de una profunda transformación en los cuerpos policiacos y en las fiscalías. Para nadie es un secreto que el proceso de investigación es generalmente deficiente; que la falta de calidad y profundidad se refleja en la inadecuada integración de las carpetas; al revisar los expedientes, salta a la vista la impericia, el descuido en la recolección de las pruebas, además de que, en algunos casos, puede haber corrupción y falta de voluntad para el esclarecimiento de los hechos.

Además, si en vez de centrarnos sólo en el castigo y atendemos las acciones de prevención, iremos mucho más allá de las instancias policiales, ministeriales y judiciales. Llegaremos a los hogares, a las escuelas, al espacio público y digital. Advertiremos la necesidad de seguir ahondando en las múltiples causas estructurales detrás de la imparable violencia.

Estamos viviendo en una sociedad que cotidianamente refuerza la violencia, especialmente contra las mujeres. Antes de la comisión de un feminicidio, en muchos casos, la víctima ya había sufrido algún tipo de violencia que fue escalando. Por ejemplo, violencia intrafamiliar, que a veces es denunciada y a veces no, por múltiples razones entre las que se encuentran el propio miedo y la desconfianza en las instituciones. Y hacia allá hay que ir. La confianza en las instituciones no se va a reconstruir por decreto. Va a ser un proceso largo que requiere esfuerzos sostenidos y mirada integral de largo plazo. Aunque la meta es clara, no será nada sencillo llegar hasta allá, pero cada paso cuenta.

Catedrática de la UNAM @leticia_bonifaz

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