En un momento en que, una vez más, el poder en turno saborea la posibilidad de incidir y acotar el contenido de lo que publican los medios de comunicación, a través de la manoseada figura de los Derechos de las Audiencias, viene muy a colación el informe “Media Capture: Who Controls the Story Controls the Future”, publicado por la organización MediaJustice. (Nos hace notar que aquí estamos en un debate de la prehistoria cuando lo relevante está en otra arena).
En el informe se asienta que el control de la información ya no se disputa solo en las redacciones: hoy está en manos de una élite tecnológica que decide qué se cuenta, cómo se cuenta y, sobre todo, qué se silencia.
Se analiza cómo los oligarcas tecnológicos han capturado el sistema mediático utilizando su influencia financiera y el control de las plataformas. Las narrativas ya no pertenecen al periodismo, sino a quienes poseen el código y el capital: “Los oligarcas tecnológicos están capturando el sistema mediático de Estados Unidos. Lo hacen a través de tres estrategias interconectadas: comprar empresas de medios, crear dependencia financiera mediante financiamiento y alianzas de IA, y controlar las plataformas donde la mayoría obtiene su información”.
Los ejemplos son contundentes. Larry Ellison financia la fusión de Paramount con Skydance e influye en CBS News y busca controlar Warner Bros. Discovery, incluida CNN.
Jeff Bezos transformó The Washington Post con despidos masivos y cambios editoriales. No es filantropía: “Estas adquisiciones son posibles porque los oligarcas tecnológicos tienen enormes reservas de efectivo y las empresas mediáticas tradicionales están ahogadas en deudas”.
“El precio del rescate es el control editorial”.
El efecto es inmediato en los contenidos, lo que genera cambios ideológicos y, sobre todo, la desaparición de coberturas incómodas, especialmente aquellas relacionadas con racismo, migración o desigualdad.
“Cada adquisición reduce el rango de historias que se cuentan. La cobertura sobre policía, migración y discriminación racial no sobrevive a los recortes que siguen”.
“Cuando menos empresas controlan más el sistema mediático, las comunidades con menor poder político y económico son las primeras en perder su voz”.
La inteligencia artificial acelera esta captura al vincular los ingresos de los medios con la expansión tecnológica. Pero el golpe más fuerte está en la distribución: las plataformas.
Hoy, la información circula bajo reglas diseñadas para maximizar atención, no necesariamente la verdad: “El modelo de negocio es simple: mientras más tiempo pasan las personas en la plataforma, más anuncios ven. Que el contenido sea preciso, noticioso o dañino es irrelevante. Solo tiene que mantenerlos desplazándose”.
Ese control no es abstracto. Es poder editorial concentrado: “Larry Ellison ya utiliza los datos de los clientes de Oracle para entrenar modelos de inteligencia artificial destinados a la publicidad personalizada.
El control sobre el algoritmo no es solo un detalle técnico. Se trata del control editorial de una de las plataformas más grandes del mundo, y está en manos de un oligarca tecnológico con un imperio mediático en expansión”.
Al final, todo converge en una misma estructura de poder. “No solo quieren poseer los medios. Quieren controlar qué se cuenta como noticia, qué historias se cuentan y qué futuros parecen posibles”.
La justicia mediática es inseparable de cualquiera otra lucha contra la oligarquía tecnológica, pero mientras tanto los mismos actores que construyen herramientas de vigilancia y centros de datos, controlan los canales que deberían informar sobre sus actividades.
La pregunta ya no es quién informa, sino quién decide qué merece existir en la conversación pública.
anarciae@gmail.com

