Veracruz.— Los 3 mil 951 derrames registrados en instalaciones de Petróleos Mexicanos (Pemex) entre 2020 y 2025 impactaron a 29 de las 32 entidades del país, golpeando con mayor fuerza a la región del golfo de México.
El 76% de los eventos se concentró en el corredor del golfo de México, afectando principalmente a Veracruz, Tabasco y Tamaulipas, en donde los ductos, refinerías, complejos industriales y plataformas conviven directamente con humedales, selvas, manglares y sistemas marinos.
Para el coordinador de la organización Conexiones Climáticas, Pablo Montaño, las regiones aledañas al golfo de México se han convertido en “zonas de sacrificio” para la industria petrolera.

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“Podemos decir que, desgraciadamente, se han convertido y son tratadas de facto como zonas de sacrificio; es un sitio donde se normaliza la contaminación, se normaliza el envenenamiento de los cuerpos de agua y se vuelve parte de lo habitual”, denunció el maestro en medio ambiente y desarrollo sustentable.
Indicó que no sólo persisten los derrames, sino que se ha normalizado la respuesta y se han institucionalizado prácticas como las indemnizaciones tras el daño, como un remedio tardío.
“Esa práctica ya ocurre con normalidad y las consecuencias ambientales son muy diversas: desde la contaminación del agua, la pérdida de cultivos y la afectación a los ciclos de reproducción de distintas formas de vida; es una situación muy crítica”, alertó.
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El problema —explicó— va más allá del impacto ambiental: conforme ríos y mares se degradan, actividades como la agricultura y la pesca comienzan a desdibujarse, dejando a las comunidades con menos opciones para subsistir, lo que termina por atarlas económicamente a la industria petrolera. “No tienen otras alternativas de vida; se van agotando las fuentes de ingreso y quien termina como proveedor económico es la industria del petróleo. Es un círculo vicioso: la gente, por necesidad, tolera las malas prácticas de Pemex”, dijo.
En el corredor energético del golfo de México, Tabasco es la principal zona de extracción petrolera; Veracruz se especializa en transformación petroquímica y refinación, y Tamaulipas es punto de refinación. Esta región es la más golpeada por derrames.
Según los informes de la dirección de Planeación, Coordinación, Desempeño y Sostenibilidad, y la subdirección de Servicios y Administración de Bienes de Pemex, Veracruz fue la entidad con más derrames entre 2020 y 2025, con mil 572 casos, 39% del total de 3 mil 951.
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En este estado se reportaron vertidos, principalmente de agua-aceite, hidrocarburos, crudo, productos refinados y condensados, sustancias que afectan ríos y suelos, y representan riesgos ambientales y de seguridad por su inflamabilidad y toxicidad.
En el edén de México, Tabasco —estado marcado por una gran biodiversidad que va desde humedales hasta ríos caudalosos—, la cifra de derrames alcanzó los 871 eventos, 22% del total nacional.
En esta zona del sureste se documentaron liberaciones de hidrocarburos, materiales inflamables; aceites y crudo de carácter denso y contaminante, así como emulsiones de agua con aceite y otros derivados petroleros.
En Tamaulipas sumaron 575 derrames, 14% del total.
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El especialista Pablo Montaño recuerda que la industria petrolera a nivel mundial opera en medio de contaminación y derrames; sin embargo, en México a ese escenario se suman desastres que con frecuencia son minimizados bajo la etiqueta de “accidentes”. “Cuando se configuran todas las condiciones para que estos hechos ocurran, no se les puede llamar accidentes. Hay factores claros: en el caso de Pemex, tuberías envejecidas y recortes en mantenimiento”.
Más allá del golfo de México, los derrames se registran en 29 entidades, alcanzando regiones del norte, centro y sureste.
Los incidentes van desde Campeche, con 167 casos, pasando por Puebla, estado clave en el tránsito y distribución de hidrocarburos en el centro del país, con 153 siniestros.
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Chiapas, región del sureste con actividad petrolera terrestre complementaria, sumó 128 derrames; Oaxaca, corredor estratégico de transporte energético hacia el Istmo de Tehuantepec, contó 91 eventos, y Nuevo León, centro de refinación del norte del país, 84. Sólo hay tres entidades con cero derrames: Guerrero, Nayarit y Quintana Roo.
La contaminación que generan estos eventos, advierte el analista, depende del ecosistema en el que ocurren, pues no es lo mismo un evento en una zona con abundancia de agua que en una región con estrés hídrico, donde el impacto puede ser mucho mayor.
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