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Veracruz.— En octubre de 2025, los ríos Pantepec y Tuxpan, en el norte de Veracruz, fueron invadidos por el crudo, un segundo golpe para esta región que lidiaba con las severas inundaciones tras los desbordamientos provocados por las lluvias; la fuerza del agua fracturó el oleoducto de 30 pulgadas Poza Rica-Madero.
En marzo pasado, el litoral del golfo de México se tiñó de negro. Manchas de hidrocarburo castigaron la costa veracruzana antes de alcanzar las playas de Tabasco y Tamaulipas, producto de una fuga en un oleoducto submarino del complejo Abkatún-Pol-Chuc, dentro de la zona de Cantarell, en la Sonda de Campeche.
La indignación que despertaron ambos casos por los daños ambientales es sólo la punta del iceberg. Entre 2020 y 2025, Petróleos Mexicanos (Pemex) sumó 3 mil 951 derrames en su infraestructura y en toda su cadena de exploración, producción y logística.
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La cifra equivale a casi dos emergencias cada día en el territorio nacional.
Dos informes oficiales de Pemex, obtenidos por EL UNIVERSAL mediante transparencia —elaborados por la Dirección de Planeación, Coordinación, Desempeño y Sostenibilidad, y por la Subdirección de Servicios y Administración de Bienes—, documentan una recurrencia de fugas y derrames.
Los registros revelan que no se trata sólo de crudo, sino de una gama de sustancias que van desde hidrocarburos, agua aceitosa, refinados, condensados, combustóleo, diesel y hasta gasolina magna.
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Ante este panorama, Ramsés Pech, analista y asesor de la industria energética, advierte que la actividad petrolera en cualquier parte del mundo implica un riesgo; en el caso de México confluyen al menos tres factores que elevan la probabilidad de accidentes: una infraestructura envejecida, la reducción en las labores de mantenimiento y la contratación de empresas con experiencia cuestionable.
Desde su óptica, hay dos puntos de quiebre: en 2015, un recorte de más de 100 mil millones de pesos debilitó la producción y aceleró el deterioro de la infraestructura de Pemex. Entre 2018 y 2020, la falta de pagos a contratistas y la incorporación de empresas sin experiencia elevó los riesgos operativos.
“En 2020 es cuando se acrecienta la deuda con proveedores. También hay que revisar qué tipo de empresas han sido contratadas para dar mantenimiento: muchas han llegado mediante asignaciones directas y varias fueron creadas prácticamente de la noche a la mañana. La pregunta es si cuentan con la experiencia y la capacidad técnica necesarias. Por lo que he podido observar, en muchos casos la respuesta es no”, advirtió el analista.
Riesgo que no baja
Las cifras oficiales muestran que los derrames no han sido contenidos. De 372 siniestros en 2020, la cifra se duplicó a 739 en 2025.
En 2020 se contaron 372 eventos, de acuerdo con los informes de Pemex; para 2021 la cifra ascendió a 523 y en 2022 sumaron 844.
En 2023 se registró un leve descenso, con 772 casos, seguido de otra baja en 2024, al ubicarse en 701; sin embargo, en 2025 la tendencia repuntó a 739 eventos.
“¿Es una industria peligrosa?”, cuestiona Ramsés Pech, y responde: “Sí, las 24 horas del día se manejan reacciones químicas, presiones, temperaturas, calor y cada día es un riesgo latente. Es una industria que contamina, con problemas operativos y de riesgos altos”.
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Matiza que en el siglo XXI existen normativas, leyes y regulaciones diseñadas para acotar accidentes, incidentes y derrames, pero, insiste, el factor determinante no es sólo el riesgo inherente a la actividad, sino el cumplimiento estricto de los procedimientos.
“Si no le das mantenimiento a la infraestructura es muy complicado operar sin riesgos. Puedes tener una válvula con una vida útil de 10 años que ya tiene 20; eso significa que perdió resistencia a la presión. Tienes ductos con más de 30 años, afectados por robos de combustible, cuya hermeticidad y calidad del acero ya no es la misma. Y tienes infraestructura marina de 30 o 40 años que, si no ha recibido pintura o mantenimiento, imagina el nivel de riesgo que eso representa”, expone.
Señala que, actualmente, Pemex enfrenta un problema adicional: cada vez son menos las empresas dispuestas a prestar servicios de mantenimiento debido a que los pagos pueden retrasarse hasta por un año.
Sustancias peligrosas
La variedad de productos derramados, de acuerdo con especialistas consultados, incluye sustancias peligrosas con un elevado riesgo inmediato de explosión, incendio o toxicidad aguda; otras tienen riesgo medio-alto, asociados a un fuerte impacto ambiental debido a su inflamabilidad o toxicidad moderada; también hay sustancias de menor peligrosidad inmediata, pero con riesgo ambiental u operativo por su carácter contaminante o corrosivo.
Los hidrocarburos —que representan un riesgo elevado por su alta inflamabilidad, volatilidad y potencial de explosión, además de su impacto contaminante en aire, suelo y agua— son el producto más derramado en las instalaciones de Pemex, con mil 192 siniestros, que representan 30% del total, de los 3 mil 951 derrames registrados de 2020 a 2025.
El agua-aceite —con un riesgo principalmente ambiental por contaminación persistente de suelos y cuerpos de agua— está en segundo sitio con mil 72 casos (27%) y en tercer lugar se ubica el aceite crudo —con un riesgo de contaminación prolongada e inflamable bajo ciertas condiciones— con 716 siniestros (18%).
Pero no son los únicos. En la lista de sustancias derramadas también figuran la gasolina en todas sus variantes, diesel, turbosina, propano y propano-propileno, de riesgo elevado; combustóleo, refinados e hidrocarburos en general, así como gas-aceite, con riesgo medio-alto, y materiales de riesgo ambiental u operativo, como agua residual, agua salada o salmuera, lodo de emulsión inversa, COPE y coque en su forma sólida.
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