Al amanecer del 14 de diciembre de 2022, vigilantes de la zona arqueológica de Teotihuacán advirtieron que detrás de la Pirámide de la Luna se hallaba un cuerpo suspendido de un árbol.
Pertenecía a una mujer “trans”, Ximena Madrid, de 28 años, quien había sido vista por última vez en alguno de los restaurantes de la llamada “zona dorada”, que circunda el centro arqueológico.
Sus familiares la habían reportado como desaparecida desde el 12 de diciembre. Las autoridades aseguraron que se trataba de un suicidio. Sostuvieron que Ximena se había colado de noche en la zona arqueológica y empleado una cuerda para llevar a cabo su propósito.
El hecho puso de manifiesto los problemas de seguridad de la ciudad prehispánica más importante de América Latina, que cada año recibe más de un millón y medio de visitantes y se extiende a lo largo de 264 hectáreas que se encuentran a cargo de 65 custodios del INAH, así como de 30 policías auxiliares, según las cifras oficiales.
En marzo pasado, sin embargo, en una entrevista con El Economista, uno de los secretarios del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Secretaría de Cultura, José Vidal Dzul, denunció que, de 80 custodios en otros años, los recortes presupuestales habían reducido la cifra a 33.
Trabajadores consultados refieren que en la zona arqueológica la seguridad es nula. Los custodios “están en las cinco puertas de entrada y solo dan indicaciones de dónde estacionarse o dónde pagar el boleto. Es todo lo que hacen. Hay otros distribuidos en el sitio, los museos y los distintos barrios. No hacen trabajo de vigilancia propiamente. Esto está en manos de la policía auxiliar, con quien el INAH tiene un contrato”.
La Guardia Nacional rodea la zona, y las afueras de cada puerta. “Pero en general tampoco hace nada. Todo el día se les ve con el celular en la mano”, refieren los trabajadores del centro. “No hay revisión de nada”.
Este reducido cuerpo tiene a cargo la vigilancia de un centro que llega a recibir algunos días 5 mil personas y en el que la afluencia de visitantes se disparará, según se espera, en los días del Mundial de Futbol, en el que la cercana Ciudad de México es una de las sedes.
En el segundo centro arqueológico más visitado del país no hay cámaras de seguridad: “Hace años dejaron de funcionar y nunca las arreglaron. Tampoco el sistema de alarmas funciona. Antes había cámaras en cada estacionamiento, en la administración y en el museo, el lugar donde se recuerdan miles de objetos rescatados en las excavaciones, pero ahora no existe nada de eso”, denuncian.
En los estacionamientos, se reportan con frecuencia cristalazos y hasta han llegado a robarse autos.
En la zona no existe tampoco personal para la atención de urgencias. “Ni siquiera para dar auxilios mínimos, a pesar de que los accidentes más graves y más frecuentes son las caídas de personas que suben a los monumentos”, aseguran los trabajadores.
Todo esto dio a Teotihuacán las condiciones ideales para que ocurriera un acontecimiento como el del lunes 20 de abril.
Documentos hallados por la fiscalía del Estado de México indican que Julio César Jasso Ramírez, un fanático de las masacres de 27 años de edad, creía recibir órdenes de una entidad “que no es de esta tierra”. Tenía fascinación por textos mitológicos, dioses escandinavos y cómics de superhéroes.
Había reservado desde el mes de febrero una habitación en el Hotel Villa Meztli, a la que llegó finalmente el 8 de abril. Pagó por adelantado 12 noches: su salida estaba planeada para el día 20, el mismo en el que, alrededor de las 11 de la mañana, pidió un servicio de taxi y se dirigió al centro arqueológico.
Según boletos hallados en su habitación, “El tirador de Teotihuacán”, como lo han llamado, había visitado la zona al menos dos veces. Entre el 14 y el 18 de abril volvió a la Ciudad de México. No se ha especificado a qué.
El 19 por la mañana tomó un autobús en la Central del Norte. Al día siguiente hallaron en su habitación dos cajas de 50 cartuchos marca Águila. Estaban vacías.
El 20 salió de la habitación con un pantalón, unas botas y una mochila de tipo táctico. En esta, entre otras cosas, había un cuchillo, y estaba la foto generada por IA en la que se hizo aparecer al lado de los autores de la matanza de Columbine.
Eran las 11:20 cuando en lo alto de la Pirámide de la Luna tomó rehenes y comenzó a disparar. Sus víctimas fueron solo turistas extranjeros. Las autoridades creen que probablemente seleccionó un tour integrado por estos. Hay registro de que dejó huir a algunos mexicanos. Hizo alrededor de 35 disparos. Finalmente, le arrebató la vida a una persona y, antes de suicidarse, alcanzó a herir a 13 más.
Faltaban 52 días para la inauguración del Mundial.
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