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México, con alto nivel de jóvenes que no estudian ni trabajan: OCDE; expertos advierten desigualdad pese a programas sociales

Pese al aumento de becas y programas sociales, el fenómeno casi duplica el promedio de la OCDE; se requieren intervenciones integrales, que vayan más allá del apoyo financiero directo, dicen expertos

Ilustración: Liliana Pedraza
31/05/2026 |04:50
María Cabadas
Reportera de la sección NaciónVer perfil

México se mantiene entre los países con más fuera de la y el empleo en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (), pese a la expansión de becas y programas sociales desde 2019.





De acuerdo con las series comparables del organismo, la proporción de jóvenes fuera de la escuela y del empleo en México ha permanecido en niveles persistentemente altos, cercanos a 20% en mediciones recientes y con picos cercanos a 24% en algunos años previos a 2018.

Ilustración: Liliana Pedraza

Estas cifras casi duplican el promedio de la OCDE, que ronda 12%, lo que coloca al país de forma recurrente entre los de mayor incidencia en este fenómeno estructural.

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Las gráficas comparativas de la OCDE muestran que, al ordenar los países por la tasa de jóvenes fuera del sistema educativo y del empleo, México se ubica de manera constante en el grupo más alto del indicador, apareciendo en distintos cortes junto con economías como Turquía, Italia y Grecia entre los niveles más elevados. En algunos ejercicios comparativos recientes, incluso se ubica en posiciones cercanas al segundo lugar, con niveles alrededor de 18.1%, dependiendo del conjunto de países analizado.

Durante los gobiernos de la Cuarta Transformación se impulsó una expansión significativa de becas y apoyos económicos dirigidos a jóvenes para reducir el rezago educativo. Sin embargo, las comparaciones internacionales muestran que estas medidas no se han traducido en una reducción relevante del fenómeno ni en un cambio consistente de la posición del país dentro del organismo.

Especialistas señalan que la persistencia de jóvenes fuera de la escuela y del empleo responde a factores estructurales como la informalidad laboral, las brechas educativas y la desigualdad, lo que limita el impacto de políticas basadas principalmente en transferencias económicas. Las tendencias de largo plazo sugieren que el problema requiere intervenciones integrales y sostenidas que vayan más allá del apoyo financiero directo.

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Para Fernando Ruiz, experto en temas educativos, el dato más preocupante no es únicamente el nivel del indicador, sino la falta de cambios sostenidos durante más de una década.

“Esto sugiere que no estamos frente a un problema coyuntural, sino estructural, que no se resuelve con intervenciones aisladas”, señala.

Ruiz considera que repetir estrategias que no han mostrado resultados distintos tampoco garantiza mejoras.

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“Las becas pueden ayudar a aliviar restricciones económicas, pero por sí solas no están atacando los factores que explican por qué los jóvenes abandonan la escuela o no logran insertarse en el mercado laboral”, advierte.

El especialista sostiene que el fenómeno está relacionado con problemas más profundos, como la baja calidad y pertinencia de la educación, la desconexión con el mercado laboral, la informalidad y las trayectorias educativas fragmentadas.

“Si estos elementos no se abordan de manera integral, el impacto de las transferencias económicas seguirá siendo limitado”, afirma.

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Ruiz menciona que el reto de política pública no es únicamente ampliar apoyos económicos, sino rediseñar la estrategia de atención a los jóvenes.

Comenta que México necesita dejar de pensar el problema únicamente como una política de transferencias y comenzar a construir trayectorias integrales para los jóvenes: permanencia escolar efectiva, salud mental, orientación vocacional, formación pertinente, cuidados, movilidad territorial y acceso a empleos formales. De otro modo, el país seguirá administrando el problema sin modificar sus causas estructurales.

Jimena Hernández, académica e investigadora del Instituto para el Desarrollo de la Educación (Inide) de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, considera que el fenómeno de jóvenes que no estudian ni trabajan debe entenderse más allá de un indicador educativo y asumirse como un problema de exclusión social y económica.

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“Mantenernos en estos niveles desde 2011 evidencia que hay problemas estructurales que no hemos logrado resolver”, afirma.

Sostiene que aunque las becas universales han sido uno de los ejes principales de política pública en los últimos años, los resultados muestran que la carencia económica no es el único factor detrás del abandono escolar.

La persistencia de jóvenes fuera de la escuela y del empleo responde a factores como informalidad laboral, brechas educativas y desigualdad, dicen expertos. Foto: Hugo Salvador/ EL UNIVERSAL

“Los jóvenes están encontrando pocos incentivos para mantenerse vinculados a la escuela. Hay planes de estudio que ya no les resultan relevantes, muchas carencias en las escuelas y pocas oportunidades de aprender cosas que sientan útiles para la vida”, explica.

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Dice que factores familiares y sociales como problemas de salud, embarazos, necesidad de trabajar o cuidar familiares terminan empujando a muchos jóvenes a abandonar sus estudios de forma temprana.

Hernández alerta, además, que el problema incluso comienza a reflejarse en retrocesos educativos.

“Habíamos logrado que los jóvenes concluyeran la secundaria prácticamente de manera universal, pero ahora observamos que la eficiencia terminal también está bajando. Si no revertimos esta tendencia, veremos retrocesos importantes en escolaridad en los próximos años”, advierte.

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En materia laboral, puntualiza que México enfrenta un mercado fragmentado y con pocas oportunidades de empleo formal para los jóvenes, especialmente para quienes no concluyen el bachillerato.

Agrega que algunos programas gubernamentales podrían estar generando incentivos contrapuestos, como el de Jóvenes Construyendo el Futuro, cuyo apoyo económico para muchachos con fuertes carencias económicas puede resultar más atractivo que permanecer estudiando.

Jimena Hernández pide evitar discursos estigmatizantes hacia las juventudes.

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“No se puede responsabilizar individualmente a los jóvenes de no estudiar o no trabajar. En México existen barreras estructurales que impiden el acceso a educación de calidad y a empleos dignos. Ese es el problema de fondo que aún no hemos logrado resolver”, enfatiza.

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