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El consumo acelerado de videos cortos, reels y contenidos digitales ya está modificando la capacidad de atención de jóvenes estudiantes y complicando procesos de lectura, análisis e incluso la manera en que se informan, alertó la académica de la Universidad Iberoamericana (Ibero), Maricela Portillo Sánchez.
La especialista del Departamento de Comunicación de la Ibero advirtió que el impacto no sólo se refleja en aulas, sino también en actividades de entretenimiento cotidiano, donde cada vez es más frecuente consumir audios acelerados, videos a mayor velocidad y mantener atención dividida entre varias pantallas.
A través de un comunicado, explicó que distintos estudios ya alertan sobre cómo la exposición continua a formatos rápidos y fragmentados está transformando los tiempos de concentración de las nuevas generaciones.
Según la académica, incluso actividades como ver películas o terminar una serie de Netflix comienzan a requerir estímulos constantes para mantener el interés, debido a hábitos digitales basados en inmediatez y cambios permanentes de contenido.
Portillo Sánchez señaló que el problema no radica únicamente en cuánto contenido consumen los jóvenes, sino en cómo procesan la información. La exposición constante a plataformas digitales puede volver más difícil sostener una actividad prolongada como leer, escribir o construir argumentos complejos.
A ello se suma el papel de los algoritmos, que identifican preferencias individuales y muestran contenidos similares de manera reiterada. Este fenómeno, conocido como “cámara de eco”, puede limitar la exposición a perspectivas distintas y reforzar determinadas visiones del mundo.
La académica advirtió que esto adquiere mayor relevancia porque muchos estudiantes ya obtienen noticias, referencias culturales y recomendaciones directamente desde redes sociales e influenciadores, sin contar siempre con herramientas para distinguir entre información confiable y contenidos poco verificados.
Indicó que las consecuencias pueden impactar temas delicados como salud, bienestar emocional, asuntos públicos e información noticiosa.
Pese a ello, consideró que el debate no debe abordarse desde el alarmismo ni mediante prohibiciones absolutas. Como ejemplo, mencionó las recientes discusiones sobre restringir celulares, tablets y pantallas en escuelas.
Aunque reconoció preocupaciones legítimas sobre distracción, sostuvo que las medidas prohibitivas por sí solas no cambian hábitos ni generan capacidades críticas.
Frente a este panorama, propuso fortalecer la alfabetización mediática y digital para que estudiantes, docentes y familias comprendan cómo funcionan las plataformas, identifiquen fuentes confiables y desarrollen hábitos conscientes de consumo tecnológico.
Finalmente, subrayó que la tecnología y herramientas como la inteligencia artificial seguirán expandiéndose, por lo que el verdadero desafío será formar jóvenes capaces de mantener pensamiento crítico, lectura y análisis en un entorno digital cada vez más acelerado.
em/apr
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