La noche del domingo fue una sinfonía de destrucción en la . Afuera, el país estaba dividido entre festejos por el Día de las Madres y la tensión futbolera de un Pumas vs América; adentro, el ambiente tenía otro pulso, uno más denso, más eléctrico, como una cuenta regresiva hacia la extinción.

El metal convocó a su propia celebración la despedida de Megadeth en la Ciudad de México, o al menos eso parece.

Dave Mustaine no solo encabeza una banda; encabeza una historia que lleva más de cuatro décadas en construcción. Desde su fundación, Megadeth no se limitó a seguir el camino del thrash, lo empujó hacia terrenos más complejos y técnicos, donde la velocidad no era suficiente sin precisión. Esa identidad, que lo colocó como referencia obligada para músicos y fans, se sintió desde antes de que pisaran el escenario, cuando el público ya exigía su aparición entre empujones, brincos y gritos que crecían con cada minuto de espera.

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Megadeth en CDMX: una despedida entre moshpit y clásicos

A las 9:30 de la noche la impaciencia ya era parte del espectáculo. En las bocinas sonaban Led Zeppelin y Slayer, pero nadie estaba realmente escuchando; la multitud se movía con la ansiedad y desesperación por poder ver el inicio del show.

Entonces apareció Dave Mustaine, con camisa blanca y su melena rubia intacta. Bastaron los primeros acordes de Tipping Point para que el centro de la pista estallara en un moshpit inmediato.

Sin dar respiro, la banda continuó con The Conjuring, mientras el grito de “¡Megadeth, Megadeth!” se expandía por toda la Arena.

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El cantante californiano construyó una conexión particular con su público, una que no solo está en la música, sino en su propia historia: adicciones, caídas, reconstrucciones y una honestidad que pocas figuras del género muestran con esa claridad.

El momento de comunión absoluta llegó con Hangar 18. Las gradas se levantaron al mismo tiempo y la Arena completa cantó cada línea. No importaba la edad ni la ubicación dentro del recinto; todos parecían compartir el mismo recuerdo, el fanatismo a una banda que acompañó a generaciones.

Después vino She-Wolf, precedida por una pausa breve que desconcertó por segundos, pero que terminó funcionando como detonador. El primer riff reactivó todo: saltos, empujones, manos al aire, una celebración que no se sentía como despedida, sino como afirmación de lo que la banda ha significado durante años. En medio de ese caos, incluso hubo espacio para lo cotidiano, como suelen ser los mexicanos, desde el público alguien gritó “¡Perdió el América!”, provocando risas y recordando que, por unas horas, todo convivía en el mismo espacio.

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Fue entonces que Dave Mustaine tomó el micrófono y habló para los fans, quienes le respondieron con cariño e hicieron el símbolo metalero por excelencia: cuernos con la mano.

“¿Se están sintiendo bien? Tengo una pregunta para ustedes. Tenemos un nuevo álbum ahora. Vi a muchos de ustedes con playeras del nuevo disco, ¿les gusta? ¿Ya lo escucharon? Wow, chingón, hacen mucho ruido”, mencionó el músico con aparente emoción en sus palabras.

La importancia de ser Dave Mustaine

Hablar de Mustaine es hablar de supervivencia. A lo largo de su carrera ha enfrentado adicciones extremas, una lesión en el brazo que amenazó con terminar definitivamente su capacidad para tocar y un diagnóstico de cáncer de garganta en 2019 que obligó a detener todo. Volver después de eso implica reaprender, reconstruir y, sobre todo, sostener una disciplina que se refleja en cada presentación.

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La noche avanzó con clásicos que reforzaban ese legado, como Symphony of Destruction o Peace Sells, cada uno recibido como si fuera un himno. Mustaine recorría el escenario de un lado a otro, levantando los brazos, absorbiendo la respuesta del público, deteniéndose a mirar lo que él mismo ayudó a construir durante cuatro décadas.

“Mexico City, we love you… Viva Mexico”, gritó, provocando una nueva ola de aplausos que parecía no agotarse.

Después, dio un mensaje que muchos fans necesitaban escuchar, pues posterior a su salida de Metallica en 1983, crear una de las bandas más importantes del género y ser parte del “Big Four”, los años han limado asperezas y el llamado de esta noche fue de paz.

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“Estoy seguro de que ya escucharon que Metallica hizo su último álbum de estudio, pero nosotros seguimos aquí… Así que esta noche los voy a dejar con una canción especial. Esta es una de esas canciones que nos une a todos, no hay diferencias, ahora mismo todos somos uno”, mencionó antes del cover de Ride the Lightning, el clásico de Metallica.

Finalmente, como ya es costumbre en sus shows, sonó Holy Wars… The Punishment Due.

Mustaine dio a entender que lanzarán nuevas cosas, por lo que sugirieron que la noche no era una despedida, sino un reencuentro de una trayectoria que ha resistido cambios de alineación, transformaciones en la industria y el paso del tiempo sin convertirse en un acto de nostalgia. Megadeth sigue siendo una banda vigente porque nunca dejó de evolucionar.

Caos en el concierto de Megadeth

Afuera del recinto las filas daban la vuelta a la Arena, incluso minutos antes del inicio; personas que llegaron a las 7 de la noche tardaron más de una hora en entrar; muchos optaron por escuchar desde fuera, lo que construyó una experiencia paralela que también formó parte del concierto. Adentro, S7N tocaba mientras parte del público seguía sin poder acceder, lo que generó frustración entre quienes querían ver también al talento local.

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Sin embargo, para la banda mexicana el momento era irrepetible. Mao Kanto, vocalista y guitarrista lo resumió así:

“Estuvo brutal, ha sido un sueño poder tocar con una de mis bandas de héroes, lo que estamos viviendo es algo que imaginabas de niño y ahora estamos aquí, viendo la respuesta de la gente, haciéndolo valer”, dijo a .

La banda mexicana es la telonera de Megadeth en su gira por México. Un día antes los acompañaron en Monterrey y el día de hoy volveran a presentarse en su segunda fecha en CDMX.

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“Para nosotros esto es lo más grande que nos ha pasado como banda. Hemos tenido la oportunidad de tocar en festivales importantes y en otros países, pero estar en esta gira, acompañando a Megadeth en México, es otra cosa. Es una banda con la que crecimos, con la que aprendimos a tocar, entonces estar aquí no es cualquier show, es algo que te cambia la perspectiva de todo”, finalizó Mao Kanto.

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