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El 7 de junio de 2025, el periodista salvadoreño Óscar Martínez tenía planeado volver a su hogar en El Salvador tras poco más de un mes en Costa Rica, donde años antes tuvieron que exiliar la estructura de El Faro, uno de los medios digitales más prestigiosos de Latinoamérica y perseguido por el gobierno de Nayib Bukele. Antes de tomar el avión, el periodista fue advertido de que, a su llegada, las autoridades tenían todo listo para detenerlo en el aeropuerto. El plan, según documentos de inteligencia que obtuvieron después, era sembrar cocaína en su maleta. Era una excusa más para silenciar a los periodistas de este medio, que desde 2020 ha documentado el pacto entre Bukele y las pandillas para reducir los homicidios en El Salvador.
En mayo de ese año El Faro había publicado, por primera vez en video, testimonios de líderes pandilleros que habían escapado al extranjero hablando sobre ese pacto secreto. “Esto ya lo habíamos demostrado, pero el video se hizo viral en El Salvador y a Bukele, que se siente el rey de las redes sociales, lo molestó muchísimo”, dice en entrevista el jefe de redacción del medio.
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La respuesta de Bukele fue igual de virulenta. En ese mes de mayo encarceló a defensores de derechos humanos, ambientalistas, choferes de autobús, abogados y periodistas, y decretó una ley de agentes extranjeros.
A un año de esa escalada represiva, Óscar Martínez vive exiliado en México, donde ahora promociona Bukele, el rey desnudo (Anagrama, 2026), un agudo retrato del presidente de El Salvador.
“Dejémonos de rodeos: yo considero a Bukele un dictador”, enfatiza el periodista en las primeras líneas de este ensayo que desmonta la imagen de modernidad y eficacia que este político y publicista de profesión se ha construido en redes sociales.
En entrevista con Confabulario, el periodista y escritor habla de las obsesiones y ocurrencias de este mandatario que ha instalado las cárceles más populares del mundo y un régimen de excepción que permite detenciones arbitrarias y violaciones a los derechos humanos. Espacios donde en estos días su régimen lleva a cabo juicios masivos contra presuntos pandilleros equiparándolo a los procesos de Núremberg, mientras que ha emprendido otra ofensiva contra El Faro congelando bienes de sus accionistas.
Una de las primeras preguntas que surge al leer tu libro es cómo alguien que se decía de izquierda termina en el otro extremo
Bukele nunca ha tenido un plan ideológico ni una posición firme. Ha elegido lo que le conviene en el momento. Ser del partido de izquierda le traía réditos, pero lo que él tiene es un proyecto mesiánico en su cabeza. Cree que la regla primaria para estar donde está es tener todo el poder y conservarlo sin contrapesos. Por eso podés verlo tuiteando cosas en el aniversario luctuoso del Che Guevara y luego dando un discurso en el Heritage Foundation diciendo algo completamente diferente. Es un oportunista y lo podés ver no sólo en la parte ideológica, también en sus políticas públicas, que son más ocurrencias que ideas. Pasó de una economía con el bitcoin como moneda nacional a eliminar esa ley para pedirle un préstamo de 1.400 millones de dólares al Fondo Monetario Internacional. También es un hombre que pactó con las pandillas y después instauró un régimen de excepción.
Acaba de anunciar que usará Inteligencia Artificial para mejorar los servicios médicos en El Salvador, ¿el uso de la tecnología está al servicio del control?
Bukele viene de una familia acomodada. Él salió de una escuela de niños fresa, de la Panamericana; es del grupo de salvadoreños que siempre tuvo el privilegio de acceder a todo lo que parecía tecnología de punta. A uno de sus hermanos que gobierna con él esto siempre le pareció fascinante. Y esa es una de las expresiones que más habla de cómo no comprenden el país que gobiernan. Comprenden cómo controlar y seducir a la gente, pero el bitcoin necesita conocimientos tecnológicos que en El Salvador la población no tenía. El verbo de la mayor parte de los salvadoreños es sobrevivir, vender algo en la calle, tomates, aguacates, para poder llevar cena a su casa. El bitcoin implica especular, la economía de la gente es de subsistencia, no puede guardar dinero. Creo que esto último de la IA será otro experimento fallido que va a derivar, tarde o temprano, en la privatización del sistema de salud, en laboratorios y médicos privados. Es simplemente otra ocurrencia de Bukele.
Cuál fue el contexto o el momento político que hizo que este hombre llegara al poder?
Él empezó en 2012 en una alcaldía intrascendente, la alcaldía Nuevo Cuscatlán. De hecho, un municipio que muchos salvadoreños no sabíamos que existía, con una población rural pequeña y muchos condominios de lujo, entre ellos el condominio donde Bukele vive, que se llama Los Sueños. Bukele ahí empezó a dar declaraciones y parecía un animal exótico de la política nacional porque se vestía distinto, porque hablaba con más naturalidad, había abandonado ese discurso tan cancino de la posguerra después de los acuerdos de paz de 1992, pero yo creo que es en 2015 cuando el FMLN, al entender que lo podía aprovechar y lo lanza a la alcaldía de la capital, Bukele empieza a entender el momento político que luego aprovechó, porque él es publicista, dirige una de las empresas de publicidad de su familia desde los 18 años. Él entendió que con Salvador Sánchez Cerén, el presidente que estuvo antes de él y que fue uno de los tradicionales comandantes de la guerrilla, se había cumplido un ciclo de la posguerra. Ya había probado la derecha desde 1994 hasta el 2009; la izquierda ya había puesto a un outsider, al periodista Mauricio Funes y El Salvador en ese momento era el país más violento del planeta. Ahí Bukele entendió y empezó a construir su imagen como un outsider, entendió que había un hartazgo y que eso lo podía llenar con mucha propaganda, con muchas mentiras. Bukele era cualquier cosa, menos un outsider.
Tú lo describes como un influencer cuyo tema es él mismo
Bukele no tuvo mucha competencia. Los políticos despreciaban la comunicación por redes, seguían teniendo una mente muy anclada en los formatos de comunicación de la Guerra Fría. Bukele, como buen propagandista, entendió el poder de alcance que tenía la basura en redes sociales, en YouTube; la propaganda, regalarle una casa a una mujer pobre, hacer shows distractores como competir con un famoso locutor de radio en una feria. Un tipo que empezó entre el escándalo y la comunicación distinta a construir la figura del diferente y en ese momento la gente ya estaba desesperada y las dos banderas de la posguerra ya causaban un repudio absoluto.
Es impresionante los testimonios de presos que han logrado salir de las cárceles y los maltratos a los que han sido sujetos, ¿qué es lo último que se ha sabido sobre su funcionamiento?
En primer lugar, me gustaría ser tajante, sobre todo porque México ha recibido mucha información podrida de gente como Luisito Comunica, que se fue a pasear al CECOT que Bukele ocupa como safari para quien quiera llegar y mostrar obedientemente lo que él quiere que sea visto. En El Salvador hay 21 cárceles, 22 con el CECOT, y en varias de ellas hay presos del régimen de excepción, más de 97 000 personas presas, 1 de cada 50 salvadoreños está preso. La mayor tasa carcelaria del planeta Tierra.
Todos los juicios del régimen de excepción son secretos por ley, pero cuando en El Faro conseguimos 690 expedientes de la fiscalía, en decenas de ellos sólo decía que la persona había mostrado nerviosismo o sólo tenía el documento único de identidad. Es decir, ni siquiera habían hecho el esfuerzo por articular una mentira y decir que era pandillero. La mayor parte de la gente que está en las cárceles no se ven como esos pandilleros tatuados que Bukele les quiere mostrar. Muchos de esos pandilleros, los líderes de la Mara Salvatrucha ya estaban presos antes de que él llegara a la presidencia. Es un hecho confirmado por investigaciones de El Faro, por reportes de Human Rights Watch y recientemente por expertos de Naciones Unidas que las cárceles son centros de tortura, donde posiblemente están ocurriendo crímenes de lesa humanidad. La tortura no es eventual, es sistemática. La recepción de los presos en la cárcel Mariona, donde está la mayoría de los capturados del régimen, es un pasillo de custodios que los recibe con una golpiza. Nosotros registramos a dos personas que murieron en esa golpiza inicial. Sin haber visto un juez, sin entender de qué los acusan, el Estado les está rompiendo los huesos y esto no es una posición ideológica, es un hecho demostrado.
La madre del ex asesor de Bukele (Alejandro Muyshondt), que era su amigo y también terminó preso, dice que esto está más allá de la maldad personificada de los nazis, ¿cómo defines tú lo que viven las personas en esas cárceles?
Creo que la historia latinoamericana ya ha sido suficientemente elocuente para describirnos cómo son los hombres que tienen todo el poder, desde Fujimori, pasando por Pinochet y Fidel Castro, que prometió una democracia. Todos han ido aumentando la crueldad, a medida que su poder o popularidad se ha ido reduciendo, cuando la plaza ha dejado de aplaudir. No creo que Bukele sea distinto. Ya encarceló a toda esta gente, ha sostenido durante tres años un régimen de excepción que nos resta derechos como el de la defensa de la vida, que le permite meter a alguien 15 días preso en una cárcel donde puede morir el primer día. Bukele ya demostró su nivel de crueldad con los inocentes que están en las cárceles, ahí hay madres bañando a sus bebés con lejía para que no les dé sarna carcelaria; asesina en las cárceles y después ni siquiera entrega información verídica a una madre para entender cómo en solo 6 meses un hombre sano, que además era su amigo y recorrían juntos la frontera con los militares, terminó como un cuerpo completamente cocido, como si fuera una pelota de los años 30. A mí lo que más me asusta es pensar que, a pesar de todo eso, él sigue siendo popular. No hemos visto al Bukele más cruel. Bukele va a ser más cruel cuando sea más impopular.
¿Qué tanta popularidad tiene todavía en El Salvador?
Según las encuestas creíbles, tiene el 80% de aprobación, pero hay matices. Por ejemplo, en una encuesta que hizo la Universidad Jesuita, la UCA, que ha sido crítica, dijo que 80 y tantos por ciento de la población aprobaba a Bukele y a su régimen de excepción, pero cuando les preguntaron si creían que de expresar una opinión crítica al gobierno podrían sufrir alguna consecuencia, el 65% dijo que sí. Digamos que es una popularidad bañada de mucho temor.
¿Cómo se ejerce el periodismo desde el exilio? ¿cómo escribir sobre un país sin vivirlo día a día?
Es definitivamente más difícil, pero seguimos haciéndolo. No hay ninguna ventaja porque no estás en el lugar que quieres cubrir, porque mucha gente tiene miedo de hablar con vos, porque sabe que sos un perseguido de la dictadura, parece que tuvieras una especie de lepra. También porque es mucho más caro. Desde que empezó el acoso y exilio del medio, para reunirnos con alguna fuente, tenemos que viajar fuera del país, lo que antes te costaba citarte con una fuente en un café y conversar, ahora nos cuesta un boleto de avión. Hemos descubierto algunos espacios de aprovechamiento, cuando mucha gente nos vio exiliados, nos reconoció y empezaron a hablarnos, policías, fiscales, gente que no había querido decir públicamente que estaba fuera del país. Y seguimos interviniendo el terreno y sacando información de El Salvador, todavía tenemos fuentes valientes, aún sabiendo que eso podría costarles la muerte.
¿A nivel personal, cómo se ha transformado tu ejercicio como escritor, como periodista? ¿cómo lees a tu país desde el exilio?
Es muy cansado. Lo que estoy es muy agotado física y mentalmente porque el exilio es un reto enorme. He tenido un exilio privilegiado, México me abrió las puertas rápidamente, como lo ha hecho con otros a lo largo de décadas, pero el riesgo de ser exiliado, como decía Carlos Manuel Álvarez, el escritor cubano, es convertirte en un sujeto del pasado, en alguien que supo y ya no sabe, en alguien que sigue pensando mentalmente en un país que ya no existe, que es el país que recordabas y donde ya no está la gente que recordabas. Y eso un periodista no se lo puede permitir. Entonces, es todo el tiempo, todas la pinches mañanas y noches, estarte preguntando cómo diablo voy a seguir vigente, cómo voy a extraer información, como si fuera petróleo, de esa tierra árida; cómo voy a lograr tener algo que contar. Eso implica mucha creatividad, mucho trabajo de fuentes y mucho cansancio.
¿Al interior de El Salvador ves maneras o formas de resistencia que se estén gestando?
La oposición política está completamente aplastada y solo quedan ahí algunas personas opositoras en cargos sin trascendencia que a Bukele le funcionaN para vender este cascarón de democracia porque él modificó las reglas de las elecciones para tener una mayoría absoluta en la Asamblea Legislativa. Oposición valiente de la sociedad civil sí queda, hay gente del movimiento de víctimas del régimen de excepción, madres pobres que siguen sacando sus carteles y parándose frente a la fiscalía para denunciar que sus hijos no eran pandilleros y que no saben nada de ellos desde hace 3 años; quedan abogados que siguen defendiendo a gente que está perdida en un sistema judicial completamente vendido, pero cada vez menos y de los que quedan, da la terrible impresión de que dentro de poco ya no estarán.
¿Cómo atraviesa el factor religioso a esta autocracia?
Todos los políticos van a que los evangélicos les toquen la cabeza, que los católicos les den una oración. Una forma de cualquier político en Latinoamérica es decir “Dios, Dios”, antes de ser electo, pero Bukele lo llevó a otro nivel, porque él no se vende como alguien que le oré a Dios, él dice que tiene conexión directa con Dios. Antes de 2021, cuando todavía no había tomado toda la Asamblea y era un contrapeso, él se enojó porque no le daban un préstamo para un plan de control territorial y con el que él decía haber bajado los homicidios, los había bajado por su pacto con las pandillas. Bukele usurpó con militares la Asamblea legislativa, se sentó en la silla del presidente y le dijo a la muchedumbre que convocó: “Voy a hablar con Dios” y Dios le contestó en el momento.
Ahora ha inaugurado el día de la oración al que invitó a un montón de políticos trumpistas y dijo descaradamente que la reducción de homicidios no se podía entender de ninguna otra forma, más que como un milagro de Dios, que había derrotado a Satanás en El Salvador. Eso es una estupidez, hay harta evidencia de que no fue Dios ni tampoco Satanás, fue su pacto con las pandillas, el que redujo los homicidios.
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