Con mayúscula y en cursivas, como si se tratara de un cártel, porque ya son legión: Los Impresentables. Así deberíamos tratar a los políticos mexicanos que tienen presuntos nexos criminales: como capos de un cártel multicolor. En México, desde los años 80, todas las mafias han contado con algo en común: la plusvalía de complicidades en la política. Alcaldes, gobernadores, legisladores, policías municipales, estatales, federales, militares, marinos, ministerios públicos, fiscales y jueces. Cómplices de todos los rangos en todos los poderes del Estado mexicano. Lo complicado ha sido documentarlo, pero ahí han estado siempre, flotando en la impunidad.
Hay que subrayarlo: al menos desde los años ochenta del siglo pasado y hasta ahora el éxito de los capos y sus múltiples jefes de plaza no se puede entender sin la protección que les han brindado distintos miembros de la clase política mexicana.
Ya lo sabemos, está ampliamente comprobado: toda esa calamidad de las guerras criminales y sus múltiples consecuencias es herencia maldita de la frágil pax narca establecida imprudentemente por el régimen priista en los 80 y 90, la cual luego fue balcanizada por el panismo de inicios de siglo, después por el neopriismo de Peña Nieto y sus adláteres en algunos gobiernos estatales y municipales, pero también por el perredismo local y sus temerarias alianzas.
Finalmente, como si no hubiera bastado con todo lo anterior, la estulticia del sexenio pasado de no combatir al crimen organizado para evitar escaramuzas sangrientas fue de una irresponsabilidad inconmensurable porque en la mente estrecha de los capos eso significó luz verde para expandirse (la extorsión es el ejemplo más dramático), un cheque en blanco para ser más temerarios e insolentes (el crecimiento de las desapariciones), y carta abierta para comprar (por las buenas o las malas) más lealtades en la política.
Negar la penetración criminal en el seno de las aristocracias políticas nacionales y regionales ha sido parte del problema, porque esa evasión sistémica en el análisis y en las propuestas de solución ha impedido afrontar la crisis de forma profunda y con una estrategia integral.
Reitero: evadir la emergencia y negarla no sirve de nada. Y anclarse en las culpabilidades del pasado, tampoco. La 4T y sus propagandistas, sus múltiples variantes de Lords Moléculas (en la radio, en la prensa, en la tele, en las redes), ya deben dejar de voltear hacia atrás, de culpar a quienes gobernaron en otros tiempos. Si luego de siete años no pueden hacerse cargo de lo que ocurre en el presente, ¿entonces cuándo? Morena ya lleva un sexenio y cacho en el poder federal y otro tanto en los poderes estatales, así que mientras siga evadiendo su responsabilidad se va a hundir más en el fango de las mismas complicidades que criticó, ya sea por omisión, negligencia o colaboracionismo.
¿Qué va a hacer la Presidenta ahora, cuando gente de la suya, de su mentor y de su movimiento, es la acusada de trabajar para el crimen organizado? ¿Qué va a hacer ante la virulencia de las imputaciones desde Estados Unidos? ¿Va a negar todo hasta la ignominia? ¿Va a entregarlo? ¿O le va a apostar al Factor Beltrones?
Le pedí a una IA que me agrupara las viejas acusaciones de Estados Unidos contra quien en la política mexicana opositora era conocido en los años 90 como Don Beltrone, trato equivalente al que se le dispensa en la camorra a quien es visto como Il capi di tutti i capi, en este caso al seno de lo que llamaban La Familia priista. A lo largo de su extensa carrera política -me tecleó la IA-, Manlio Fabio Beltrones, exdirigente nacional del PRI, ha enfrentado diversas acusaciones y señalamientos sobre presuntos nexos con el crimen organizado, aunque él ha negado estas imputaciones: 1.- Presuntos vínculos con Amado Carrillo Fuentes “El Señor de los Cielos”. Informes periodísticos, incluyendo reportes publicados por The New York Times en 1997, evidenciaron supuestos vínculos entre Beltrones y Carrillo Fuentes, líder del Cártel de Juárez durante el tiempo en que Beltrones fue gobernador de Sonora (1991-1997). Eso fue un escándalo enorme en su momento porque el político aspiraba a llegar a la Presidencia alguna vez. 2.- En 2007 el expresidente Vicente Fox lo acusó de tener relaciones con el narcotráfico. 3.- Fuego amigo. En marzo del año pasado, Alejandro Moreno, líder nacional de lo que queda del PRI, le atribuyó vínculos con el crimen organizado. 4.- Investigaciones en 2023 por presunto lavado de 10.4 millones de dólares en Andorra. Él ha sostenido que esas acusaciones forman parte de persecuciones políticas o difamaciones (igual que Rubén Rocha Moya lo hace en estos días).
Calumnias y persecuciones políticas, alegó Beltrones en cada ocasión. Nunca le pasó nada. Hace unas semanas me lo encontré en un vuelo rumbo a Acapulco e iba tan campante como un cura español con mirada huidiza. Incluso al final del traslado se levantó de su asiento y se volteó para despotricar contra la 4T (con razón, por cierto) a la espera infructuosa de que un veterano periodista de radio dijera algo que le diera la razón.
¿A eso le apuesta Claudia Sheinbaum en el caso de Rocha Moya (presuntamente Il capo dei capi en Sinaloa), al olvido de las estridencias estadunidenses? Apuesta arriesgada contra un jugador tan inestable como Donald Trump que no va a dudar un segundo en convertir a Rocha y a los que vengan en la próxima lista del Departamento de Justicia en sus Maduros mexicanos. La Presidenta ya habrá sido informada, además, de que Trump tampoco vacilará en bombardear con drones campamentos narcos como los que hace unos días agentes de la CIA ya checaron de cerquita en Chihuahua (a eso iban en realidad), para calcular el costo-beneficio de hacerlos volar en mil pedazos junto a los cuerpos de los esclavos o sicarios que se encuentren ahí.
Vaya días que se nos vienen.
BAJO FONDO
El mayor error del obradorismo ha sido no someter su codicia electoral y no reservarse el derecho de admisión: con tal de apabullar y extinguir al PRI y al PAN, se alió con mucho de lo peor de la política mexicana y con ello atrajo al mundo criminal.
jp.becerra.acosta.m@gmail.com
Twitter: @jpbecerraacosta
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