Dice un viejo refrán popular que “sobre aviso no hay engaño” y el tono de las amenazas de Donald Trump, que si bien no son nuevas, sí son cada vez más claras y directas, apuntan a que vienen en cualquier momento acciones unilaterales desde Washington en contra de los cárteles de la droga mexicanos, además de continuar con la cacería de políticos del país que, según la justicia estadounidense, apoyan y se asociaron con el narcotráfico.
La frase que ayer pronunció Trump desde el Jardín de las Rosas (para este efecto con todo y las espinas) es la sentencia más dura y delicada de las muchas que ha hecho en torno a México y la debilidad o complicidad de sus gobiernos para enfrentar al imperio criminal que existe en el país: “Los cárteles gobiernan México, nadie más”, soltó ayer el presidente vecino en un evento de Día de las Madres en la Casa Blanca, con una formulación y sintaxis que sonaron, de este lado del Río Bravo, también como un recordatorio materno para quienes, desde la llamada 4T y Morena, ejercen el gobierno nacional y en la mayoría de los estados de la República.
De entrada, para la presidenta Sheinbaum, jefa del Estado mexicano, la afirmación de su homólogo estadounidense es un golpe bajo y brutal al desconocer su autoridad y su actuación en año y medio como gobernante. Y si a eso se añade el anuncio hecho en la víspera por el Departamento de Estado, de ordenar una “revisión” sobre el funcionamiento y la labor que realizan en territorio estadounidense los 53 consulados mexicanos que operan en la Unión Americana, está claro que la guerra de Trump ya no sólo es contra los narcos mexicanos y los políticos que los cobijan, sino contra el mismísimo régimen gobernante de Morena, al que equipara también con un “cártel” que gobierna al país.
La reacción de la doctora Sheinbaum, que a estas alturas ya perdió también la “cabeza fría” y ha entrado abiertamente en una ruta de colisión con la administración trumpista, sigue limitándose a lo discursivo y a la retórica soberanista, mientras no parece haber una operación política y diplomática de nivel suficiente para evitar lo que serían ya no sólo agresiones verbales o amenazas, sino acciones diplomáticas y políticas si Washington ordena el cierre de algunos consulados mexicanos, para después pasar al nivel de “acciones por tierra” contra los capos del narco, como las que también anuncia Trump en su discurso de ayer.
¿Qué va a hacer la Presidenta si el imprevisible vecino decide escalar sus embates contra los “cárteles” que según ellos controla y gobiernan el país? ¿Ordenará a las fuerzas armadas repeler ataques con operativos o armamentos a distancia en contra de objetivos del narco? ¿mandará a formar cadenas humanas con Epigmenio Ibarra, Jesús Ramírez y demás propagandistas del gobierno que se juran defensores de la soberanía nacional? No se ve hasta ahora que la doctora tenga una estrategia clara y bien planeada para responder en caso de que Trump y sus agencias y fuerzas militares decidan ordenar operativos en el territorio mexicano, como podría ocurrir en cualquier momento.
Lo que no parecen entender en Palacio Nacional es que, en el peor momento de su relación con la Casa Blanca, cuando las miradas del mundo están puestas sobre México por ser la próxima sede de inauguración de un Mundial de futbol, el tema de las drogas y el ataque a los cárteles mexicanos y a los políticos que, según Washington, los auspician y protegen, no es sólo otra fase discursiva y amenazante de Trump. El presidente estadounidense, que venía en picada en su imagen y aprobación por sus ciudadanos, terminó por retomar la bandera antimexicana, que tantos votos y aprobación le ha dado en sus dos periodos presidenciales, y hoy México y su narcopolítica, son la bandera perfecta con la que los consultores y estrategas de la Casa Blanca, quieren levantar la popularidad del gobernante rumbo a las elecciones de noviembre donde se juega la mayoría legislativa.
El objetivo de Trump y su nueva política antinarco que se propone ya la extraterritorialidad como un derecho válido para que él ingrese a cualquier país cuyo gobierno no quiera o no pueda combatir las drogas, dejó de ser solo un tema de “seguridad” o de “salud pública” para los adictos estadounidenses; la motivación ahora es netamente política y electoral y cuando está de por medio la sobrevivencia política de su administración, el impredecible inquilino de la Casa Blanca será capaz de cualquier cosa que le ayude a no sufrir una derrota estrepitosa como la que hoy le vaticinan las encuestas.
Quizás en lugar de haber ido a Palenque, a lo que haya ido, y a dedicarse a explicar si habla o no habla con el expresidente —al que más allá del diálogo, claramente sigue emulando y protegiendo— la Presidenta mexicana debiera voltear a ver a su admirado y respetado colega, Luis Inácio Lula Da Silva, que siendo la figura más importante de la izquierda latinoamericana, no tuvo empacho en ir a sentarse en la oficina oval y dialogar, negociar y seguramente pactar con el hoy líder de la derecha internacional.
Si el riesgo latente de que México sea vulnerado en su territorio, en sus consulados o incluso en sus acuerdos comerciales por Estados Unidos, no amerita un viaje urgente a Washington, entonces habrá que esperar apertrechados en Palacio, defendiendo a narcopolíticos acusados y, como dijera la célebre “Cucaracha” que personificó María Félix en aquella película de la Revolución: “aventándoles mentadas a los gringos, que también les duelen”.
NOTAS INDISCRETAS…
Aún con la mira estadounidense puesta sobre México, en el gobierno federal parecen querer aún más líos y cuando no los tienen, se los inventan. Porque el anuncio intempestivo del secretario de Educación, Mario Delgado, de que recortarán el año escolar por casi mes y medio, para que los niños mexicanos puedan ver el Mundial de futbol y de paso no se sofoquen tanto con “la calor”, parece más un acto de provocación y de irresponsabilidad, que una decisión necesaria para la infancia educativa. El mismo Delgado que suena cada vez más fuerte en las listas de Washington sobre narcopolítica, se aventó la puntada de anunciar, a través de redes y canales oficiales de la SEP la finalización anticipada del ciclo escolar vigente, para el próximo 5 de junio, con lo que las vacaciones escolares por el verano se ampliarían de poco más de mes y medio a tres meses, reduciéndoles a los menores educandos hasta un 15% de la enseñanza programada por la propia SEP para el actual año escolar. Las reacciones a semejante torpeza y ocurrencia, algo que ningún gobierno anterior hizo en las dos ediciones pasadas de los Mundiales en México, no se hicieron esperar. Lo mismo las madres y padres preocupados porque el alargamiento de las vacaciones escolares les altera todo su esquema familiar de cuidados de los hijos y de sus trabajos, que expertos educativos, gobernadores y hasta organismos empresariales como la Coparmex, salieron a rechazar la ocurrencia del secretario de Educación y decir que no apoyan tal acortamiento del periodo educativo. Y la Presidenta, que a todo parece llegar tarde, salió a decir que era “una propuesta” de Mario Delgado, pero que aún se estaba analizando. Por lo pronto no está del todo claro si el polémico titular de la SEP actuó motu proprio en tan estúpida propuesta, si lo hizo con el conocimiento de sus superiores y más bien para sembrar un distractor en medio de tanta tensión con Estados Unidos, o si de plano, como sospecha el exsecretario de Educación del sexenio peñista, Aurelio Nuño, en Palacio Nacional creen que suspendiendo antes las clases evitarán que los maestros de la CNTE que tienen amenazado al Mundial con protestas y sabotajes, cumplan sus amenazas e intenten sabotear el evento deportivo. ¿Por cuál de las tres posibilidades se va usted?...Ayer se llevó a cabo un evento en la Ciudad de México, donde los presidentes del Tribunal Electoral federal, el INE y una comisión que representa a los tribunales y organismos estatales electorales, firmaron una declaración en la que se comprometen a “respetar la transparencia” en el manejo de la información de las elecciones y a garantizar la calidad de la democracia mexicana en los próximos procesos federales y locales de 2027. Dicho evento, organizado por la Comisión de Transparencia Electoral para México y Centroamérica, que preside el magistrado presidente del Tribunal Electoral de ese estado, Hugo Molina, originalmente estaba previsto para realizarse en la ciudad de Chihuahua en estas mismas fechas, pero después del caso de los dos agentes de la CIA y del choque que eso provocó entre la presidenta Sheinbaum y la gobernadora Maru Campos, dicen que a varios de los presidentes de organismos “autónomos” como el del INE y del Tribunal Electoral federal les dio algo de frío y pidieron mover la firma de Chihuahua a la CDMX. No se les fueran a enojar sus jefes…Los dados mandan Doble Escalera. Buen y relajado fin de semana para los amables lectores.
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