Las madres mexicanas llegan a este diez de mayo con más agobios que certezas. Para empezar, les anunciaron que el ciclo escolar se recorta con el absurdo pretexto del mundial y del calor. Y aunque el gobierno aparentemente reculó de esta decisión obligado por la fuerte indignación que causó la medida, lo que es cierto es que demuestra que su preocupación no es la educación de las infancias y tampoco la condición de millones de madres mexicanas que trabajan y no pueden cuidar a sus hijos ni proveerse de una red que les permita atender esta tarea mientras tienen que buscan el sustento del hogar. Este sainete refleja que el compromiso con las mujeres es solo de palabra pues esta visión no está presente en la política pública. Según IMCO, las madres mexicanas tendrían que sumar 100 horas más de cuidado a las ya 159 que destinan al mes si se adelantan las vacaciones, lo que fortalece la exclusión de muchas del mercado laboral precisamente porque la carga de estas tareas recae sobre sus espaldas. Las cifras son contundentes: mientras el 85% de los padres participa en la economía, el porcentaje de las madres se reduce drásticamente a un 47%. Y en lugar de equilibrar la balanza, el morenismo se ha encargado de afianzar esta desigualdad al desaparecer las estancias infantiles, las escuelas de tiempo completo, los comedores comunitarios, y al no poner en práctica una política nacional de cuidados. No basta entonces con ser mujer y estar en la presidencia si no se comprende que millones de mujeres son proveedoras y el único sustento en el hogar por lo que requieren políticas públicas que compartan con ellas las tareas del cuidado.
Pero esta no es la única preocupación. Un dolor muy profundo atraviesa a nuestro país. Una herida que el gobierno no es capaz de entender ni aliviar. Las madres mexicanas viven con temor. Tienen miedo de que sus hijos e hijas no regresen con bien a casa. Que los desaparezcan, que los asesinen, que vayan en busca de trabajo y ya no regresen. Y en vez de enfrentar esta realidad y de tomar el toro por los cuernos, el gobierno simula que esta llaga no existe. No sólo no quieren reconocer a las madres buscadoras en la ley, sino que en lugar de ponerse del lado de las víctimas, se protege a los políticos que coludidos con los criminales son en gran medida cómplices y responsables de esta violencia que recorre a todos los rincones de la patria. Con tal de llegar al poder justificaron cualquier medio, incluso el tener alianzas inconfesables que hoy les impide poner en primer lugar la seguridad y la protección de las y los mexicanos, de los hijos e hijas de México.
El oficialismo le ha dado la espalda a las madres mexicanas. Porque llegan a los centros de salud y no hay medicamentos ni los insumos necesarios para atender enfermedades. Porque en las escuelas públicas la educación ha sufrido un franco deterioro, porque 4 millones de niños y niñas han tenido que abandonar la escuela. Porque no hay nada más neoliberal y desigual que fortalecer la educación y salud privadas al abdicar de sus responsabilidades creyendo que es suficiente con una transferencia monetaria. Pero el despertar empieza. Se está agotando la paciencia.
Política mexicana y feminista

