Tecate.— Una gran roca y un par de arbustos que formaban una especie de cueva llamaron su atención. El instinto le dijo a Xolo que tomara una pala. Primero entró y apenas dio unos pasos cuando halló la primera evidencia, un montoncito de tierra con una roca encima.
“¡Livy, Livy, mira esto!”. Comenzó a cavar hasta que encontró loseta y piedras enterradas, una de ellas húmeda y con un olor inconfundible. “Huélela”, le dijo a la madre buscadora. Ella agarró el pedazo de piedra, la olió y respondió: “es positivo”.
Xolo, un padre que busca a su hijo, corrió hasta el carro para traer varilla y palas. Cuando regresó el olor a muerte ya se paseaba en el aire. Comenzó a palear con todas sus fuerzas; después de cavar y cavar, enterró la pala una vez más y el metal chocó con algo más duro y grande que la tierra y las piedras. Al momento de querer moverla sintió que algo se desprendía; quitó la tierra y entonces vio que era la cabeza de una persona, de un joven.

“¡Perdóname, por favor, perdóname!”, comenzó a gritar con un llanto inclemente. Cerró sus ojos enrojecidos, su voz, con un dulce tono, quebrado e interrumpido en sus intentos por respirar, repetían una y otra vez: perdón. Al destapar la fosa, en medio de sus piernas se asomaba la cabeza casi cercenada de un joven, “¡perdóname, no quería hacerte daño!”, insistía Xolo, casi arrodillado frente al cuerpo que acaba de desenterrar.
“Le pedí perdón porque no quería dañar su cuerpo, ya ve que las autoridades tratan a los cuerpos sin ningún respeto ni dignidad, se les olvidan los pedazos en los lugares o los etiquetan mal. Yo cuando los encuentro intento tratarlos con mucho respeto, con mucha compasión, con la esperanza de que, si alguien algún día encuentra a mi hijo, lo trate como yo los he tratado”, explica mientras se limpia las lágrimas; después continúa con la búsqueda: “dicen que aquí podría haber más [jóvenes]”.
El cuerpo es de un adolescente, el más reciente encontrado en fosas clandestinas de Tecate en los últimos dos meses.
En lo que va de 2026 más de una docena de menores han desaparecido y siete fueron asesinados en Tecate. Los cuerpos de seis de las víctimas, con edades que van de cinco a los 17 años, fueron hallados en fosas entre mayo y julio, mientras que uno más, de 15 años, fue acribillado en marzo en su casa, de acuerdo con la prensa local y pesquisas de la Comisión Estatal de Búsqueda y colectivos.
Aunque se pidió información oficial a la Fiscalía General del Estado para conocer la cantidad de reportes de desaparición de menores, no hubo respuesta.
El líder de uno de los colectivos en Tecate, quien prefiere mantener anónima su identidad, explicó que recientemente la autoridad comenzó a acompañarlos en sus búsquedas, pero antes era un trabajo que hacían solos y sin protección. La dinámica siempre fue la de recibir información reservada, por mensajes en sus redes sociales o incluso celulares, con la ubicación de posibles fosas clandestinas. Ellos, con palas y varillas, se organizaban y acudían a los sitios.
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“Hay más reportes de menores desaparecidos; uno no juzga ni da por hecho nada. No sabemos las condiciones, si son o no son parte de los grupos. Sabemos que Tecate ha dejado de ser un lugar donde se les pueda garantizar a los jóvenes crecer lejos de la violencia”, lamentó.
Desde 2012, Tecate consiguió convertirse en el único Pueblo Mágico fronterizo de México y de Baja California. Su tierra es famosa por su panadería tradicional, la gastronomía, el Parque de El Profesor, que está ubicado al pie de la montaña sagrada del cerro Cuchumá, y por albergar la majestuosa sierra de La Rumorosa.
Su ubicación privilegiada, entre las ciudades de Tijuana y Mexicali, justo en la frontera con California, Estados Unidos, y su conexión a través de una carretera libre con Ensenada, han convertido a este Pueblo Mágico en una de las principales bases de la delincuencia organizada, que opera en sus poblados —casi desolados— con laboratorios de droga, plantíos y robo de combustible.
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Los grupos criminales han encontrado en los menores de edad un brazo operativo que les permite evadir la ley y, en caso de muerte, suplirlos fácilmente. En junio pasado la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) hizo un llamado a prevenir el reclutamiento infantil y garantizar su protección integral, y enfatizó la necesidad de reducir su exposición a redes criminales, además de penalizar el reclutamiento.
“Urge tipificar de manera autónoma el delito de reclutamiento forzado de niñas, niños y adolescentes, reconociéndolos como víctimas de especial protección y asegurando una respuesta normativa integral que permita prevenir, investigar, juzgar y sancionar efectivamente estas conductas”, expuso la CIDH en un comunicado.
En un informe de la UNICEF y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), publicado a principios de 2026, se advirtió el hallazgo de menores de entre seis y 10 años reclutados por grupos criminales, utilizados como vigilantes o como mensajeros de drogas, o para transportar armas, quienes, eventualmente y si sobreviven, pueden aspirar a roles que se vuelven aún más peligrosos: cobrar pagos de extorsión o cometer asesinatos.
“Viven en condiciones de pobreza, habitan zonas expuestas al crimen organizado o con presencia de pandillas, carecen de alfabetización digital, residen en hogares donde existen otras formas de violencia y enfrentan múltiples formas de discriminación... La violencia armada está aumentando en algunas zonas de la región y se debe a una combinación de factores graves”, advierte el informe.
El 14 de julio, Xolo halló al séptimo adolescente asesinado en Tecate. En ese mismo sitio otros tres jóvenes habían sido localizados sin vida un mes antes.
Los colectivos de búsqueda habían decidido regresar para acompañar a la mamá de uno de los jóvenes encontrados. Ella quería rociar agua bendita en el sitio donde localizaron a su hijo. Así lo hizo.
Junto a la abuela del menor asesinado y los buscadores, la madre de la víctima derramó el agua sobre la tierra, intentaba no recordar que al cuerpo de su hijo, de 16 años, lo encontraron con una máscara de plástico encima del rostro; le habían prendido fuego y el plástico término por moldearse como si fuera eso, una máscara.
Paradas frente a la fosa, la abuela hizo una pregunta que nadie ha logrado responder: “¿Quién es capaz de hacerle tanto daño a un menor, quién es tan miserable para arrebatar la vida y ensañarse con un cuerpo que apenas empieza a vivir?”.
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