Daniela Muñoz atiende a 13 personas diariamente, a través de una videollamada o en su consultorio. Todos los días usa el lenguaje clínico que aprendió en la Facultad de Medicina, pero también el lenguaje emocional que ha construido tras años conociendo las carencias del sistema de salud hacia las personas trans y de la comunidad LGBTQ+.
Su nombre apareció en titulares en 2020, cuando denunció un acto de discriminación en una institución académica donde era profesora. Hasta antes de eso, su perfil profesional era “bastante buscado”. Estudió medicina en la Universidad La Salle, es especialista en neurociencia y maestra en filosofía social.
“Tenía abierta la puerta a lo que quisiera”, señala Daniela en entrevista para EL UNIVERSAL. Pero después vino su transición y un despido. Tras perder su empleo, recuerda haber pensado en vender sus cosas, después pensó en rentarlas y buscó plataformas para hacerlo, pero no encontró ninguna, entonces la creó, así nació su primer emprendimiento “Ioio”, el proyecto no sobrevivió a la pandemia de Covid-19, pero le dio visibilidad.

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“De ahí todo fue como espumita”, recuerda la mujer joven, médica y emprendedora, a quien le llegaron entrevistas, realities de negocios y campañas publicitarias, pero mientras su imagen comenzaba a trascender, ella fijó su atención en otra cosa: las necesidades que atravesaban a su comunidad.
En enero de 2021, integrantes de colectivas trans se acercaron a ella para pedirle que las atendiera, “me dijeron, ‘atiéndenos, nos estamos muriendo’. Porque en la pandemia no te atendían si no tenías Covid”. Daniela aceptó dar consultas a bajo costo y fue en ese momento cuando se dio cuenta del poco o nulo acceso que tiene su población a sus derechos básicos, “lo viví, lo dolí”, expresa.
Fuera de su consultorio, ser una persona trans todavía puede costar el acceso a un empleo, atención médica, educación o la vida. Es por eso que creó TRANSSALUD, un proyecto que cuenta con clínicas en Ciudad de México y León. El 95% de sus especialistas son personas de la comunidad LGBTQ+. Sus servicios se han expandido más allá de las consultas, ofreciendo medicamentos, estudios de laboratorios, clínica quirúrgica y proyectos de economía colectiva.
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Para Daniela TRANSSALUD es una causa de vida con la que aspira a lograr lo que llama el “bienestrans”. “Supongamos que hubiera suficiencia en nuestro servicio de salud pública y que las personas trans ya pudiéramos tener acceso al sistema de salud pública. Ahora harían falta especialistas letrades y sensibilizades”, explica Muñoz.
Daniela a veces parece hablar más como una teórica social, señala que le gusta aplicar las ciencias sociales a su área, la medicina, y habla mucho de llevar a la práctica sus conocimientos. “Si tus esfuerzos académicos no son fértiles en la sociedad, son estériles”, sentencia.
La experiencia modificó su forma de hacer activismo, pues al principio, reconoce, era una activista más centrada en redes sociales, pero con el tiempo dejó de parecerle suficiente “los activismos que son fértiles, son aquellos que construyen”, asegura.
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Daniela sostiene que todos los derechos, accesos y avances legales de la comunidad LGBTQ+ “son el destilado de la lucha de un montón de personas que ya no están”, puntualiza, “entonces, si habito un género disidente me corresponde no nada más habitarlo, sino militarlo, y a nosotras también como mujeres diversas”.
Todos los activismos son necesarios, insiste, pero el de ella ha optado por otro enfoque, la creación de estructuras nuevas “ya no me interesa decir que está mal porque sé lo que está mal, más bien, voy a hacerlo bien, mejorarlo”.
Daniela prefiere hablar de su compromiso antes que hablar de ella como una líder, “no lidera una persona, sino un compromiso colectivo, una causa con la que estoy comprometida”.
Está totalmente dedicada con su causa, lo expresa en cada pregunta que responde, cada detalle que aclara e incluso durante la entrevista corrige términos, rechaza la idea de que las personas trans y otros grupos poblacionales sean llamados minoritarios. “Si empezamos a luchar desde sentirme minoritaria, eso no va a jalar. Y lo que quiere el poder es que nos sintamos pequeñas”, explica.
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La médica reconoce avances en la atención a las necesidades de la población trans en el país, pero señala que son insuficientes: “el 95% de nosotras no tenemos empleo formal, lo que significa que no tenemos acceso a seguridad social, al ahorro, vivienda, salud”; el Estado, asegura, no ve la realidad del problema, “o lo ve y no le importamos”.
Además, señala la ausencia de un cambio cultural, lo que influencia en los ataques contra la comunidad trans, “por mucho que esté plasmando en el papel, si tenemos una cultura mexicana machista, violentadora, LGTBfóbica, opresora, clasista y racista, todo aquello que se salga de la norma, va a ser atacado”.
Cita a Pierre Bourdieu y Pepe Mujica, nos explica sobre capitalismo, exclusiones y discriminación, habla de ella como parte de una comunidad y pocas veces responde a las preguntas con un “yo”, dejando claro una frase que dijo al iniciar la entrevista: “Soy una herramienta para mi población”
“Te va a doler” responde cuando se le pregunta qué le diría a su versión más jóven, “Vas a perder muchas cosas, pero no va a ser imposible”, la frase resume en buena parte su trayectoria que ha compartido, una mezcla de resistencia, persistencia y congruencia. Ella misma se define como terca, insistente y tenaz; cree en las utopías, aunque aclara que no sirven para alcanzarse, pero sí para orientar el camino.
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Para nada imaginó la vida que tiene hoy, comparte; empezó su carrera con la idea de convertirse en cirujana plástica y “hacerse millonaria, comprar yates y viajar por el Pacífico” con su hermana, entonces descubrió las neurociencias y durante mucho tiempo se dedicó al estudio de la conciencia, después a las ciencias sociales aplicadas desde la salud, “he cambiado mucho y qué bueno, la vida es cambio”, reflexiona.
Todos los días marcan una experiencia en la vida de Daniela, sin embargo la experiencia que más la ha marcado es la experiencia de su comunidad, no la de una persona, es “la experiencia de saber la suerte de mi comunidad. Porque resulta casi irrisorio que me digan mis pacientes, ya ahorré para tu consulta. ¿Por qué una consulta que representa una hora de mi vida tiene que ser un mes y medio de su vida? Es ridículo. Y qué bueno que atiendo todos los días a mi población y me recuerdo en dónde estamos, porque eso es lo que me impulsa”.
Mientras habla, sus pacientes la esperan, pospone una consulta y en los consultorios continúa la jornada. Tiene una agenda muy agotada, pero ella nos comparte algo más, toca el piano por varios minutos, y nos presenta el otro lado de la mujer activista y emprendedora que se conoce, el de una compositora que disfruta de crear nuevas melodías. Daniela vuelve entonces a una palabra: compromiso, “compromiso con ternura radical”, así define su camino.
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