Oaxaca de Juárez.— “Ahí sólo queda agua verdosa (…) La usamos para sembrar las plantas”, dice uno de los comuneros de San Felipe del Agua sobre uno de las decenas de manantiales que se han secado a lo largo de los últimos 20 años.
Esta comunidad está asentada en las faldas de los cerros que forman parte de la cordillera norte de Oaxaca. Hacia arriba se extienden miles de hectáreas de bosque de pino y encino; hacia abajo hay un rápido crecimiento urbano.
Durante décadas, los manantiales de San Felipe del Agua fueron las principales fuentes de agua potable para la ciudad. Ahora, la gran mayoría están secos.

“Sólo quedan tres o cuatro [manantiales]”, dice uno de los comuneros consultados por EL UNIVERSAL, quien se niega a dar su nombre y al mismo tiempo advierte del riesgo de tratar de tomar fotografías. “Los pueden agarrar”, comenta.
A finales del año pasado la comunidad decidió impedir el paso a personas ajenas a la población, con el fin de proteger su bosque de pinos y encinos, deteriorado y dañado por el crecimiento urbano, la contaminación y por otras actividades humanas.
El río de San Felipe del Agua, los manantiales, los arroyos y los veneros secos son un reflejo de la crisis de agua que vive la ciudad de Oaxaca y los municipios que forman parte de la zona metropolitana, como San Agustín de las Juntas, Santa Cruz Xoxocotlán, Santa Lucía del Camino, San Antonio de la Cal y Ánimas Trajano, entre otros.
Las familias de los valles centrales reciben el servicio de agua potable cada 30 días en promedio, y en algunas zonas se extiende hasta cada 45 días o dos meses. Además, se redujo a menos de 12 horas el abasto y con poca presión, lo que impide almacenar el líquido.
Por esto, se ha disparado el costo y el servicio de la compra de agua potable mediante pipas.
El llenado de un tinaco de mil 100 litros promedia los 500 pesos y el de una cisterna de 10 mil litros, entre los 2 mil 800 y 3 mil pesos.
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Además, algunos piperos se niegan a prestar el servicio para llenar sólo un tinaco. “No es negocio”, explica Adrián, quien se dedica a la venta de agua potable en pipas en San Antonio de la Cal, y agrega: “El dueño del pozo te cobra lo mismo si sacas mil litros o 10 mil litros. Por eso nosotros sólo aceptamos si se trata de llenar cisternas de 5 mil o 10 mil litros, pero no menos porque no sale”.
La respuesta a corto plazo del gobierno de Oaxaca es la colocación de “dispensadores” de agua, regalar tinacos a la población y llenarlos con las pipas de la Comisión Estatal del Agua para el Bienestar (Ceabien).
La solución a largo plazo es la construcción de la presa Mujer Solteca, para retener el agua del río que cruza entre Villa Sola de Vega y San Vicente Coatlán, comunidades de la sierra sur, y desde ahí, llevar el agua a la capital del estado.
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En casa de Lidia Yolanda Torres tienen dos tinacos de mil 100 litros y un tambo de 200 litros, alzados a poco menos de un metro del piso para almacenar agua.
En su vivienda, al igual que en el resto de la colonia, el servicio público llega cada 25 o 30 días, sólo mediodía y a una presión insuficiente, que obliga a llenar estos recipientes con cubetas de 20 litros.
“Como ha crecido mucho la población, los que construyen lo primero que hacen es construir una cisterna, y cuando se llenan sus cisternas es que nos empieza a llegar agua a nosotros, o nos llega con muy poca presión”, denuncia.
Aclara que ante la escasez, se ven obligados a reciclar lo más que se pueda. El agua con la que lavan trastes y ropa la reutilizan para el baño o para limpiar los pisos de la casa; la ducha es a jicarazos.
La sequía empezó a notarse desde hace seis años. “Antes había demasiada agua, ahora los veneros ya no llevan agua y las pozas están secas”, recuerda.
Pablo Ruiz Lavalle, del Centro de Aprendizaje Bioregional Tierra del Sol, en Tlacochahuaya, comunidad de la región de los valles centrales, sostiene que la escasez de agua tiene que ver con un “mal manejo del territorio y de la dinámica del agua”.
Asegura que la Cuenca de los Valles Centrales tiene capacidad para tener agua en abundancia.
“El territorio está diseñado para que el agua fluya muy lentamente a lo largo de todo su camino, desde la parte alta de las montañas hasta la parte del río o de los ríos que recogen el agua de todo el escurrimiento del territorio. Es una gran cuenca y esa gran cuenca tiene una cobertura de vegetación en la parte de arriba. Esa vegetación, alguna todavía se encuentra, pero ha sido afectada por procesos de deforestación”, explica.
Señala que el principal problema es la urbanización que “impermeabiliza” el territorio e impide que el agua se filtre para recargar el acuífero. Además, hay un mal manejo de los terrenos agrícolas porque con el uso de maquinaria pesada se compacta el suelo y eso también impermeabiliza.
“Entonces, a nivel territorial, estamos impidiendo que el agua se filtre y se almacene en la reserva estratégica natural que es el acuífero subterráneo”, expone.
Ruiz Lavalle menciona que en los años 60 el nivel de agua del acuífero subterráneo estaba a menos de dos metros de profundidad en los valles centrales. Ahora, está a más de 20 o 25 metros.
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“Tienes, por un lado, un proceso por el que se está afectando toda la dinámica natural de flujo del agua en el territorio y de infiltración hacia el acuífero; y por otro lado, una sobreexplotación del acuífero. Estamos sacando el agua para cubrir las necesidades del campo y de la ciudad, y ese es el problema que ocasiona la falta de agua, en un territorio que no debería haber ese problema”, señala.
El titular de la Ceabien, Neftalí López Hernández, asegura que este problema fue ocasionado por los gobiernos anteriores.
Indicó que se elevó la capacidad de 195 litros por segundo a 700 litros por segundo con la apertura de nuevos pozos. Además, la Ceabien inauguró los pozos Cuculita 1 y Cuculita 2, cada uno de los cuales aportan cerca de 30 litros por segundo; y se está en proceso de abrir otros cinco pozos.
López Hernández afirma que la Ceabien no está sobreexplotando el acuífero de los valles centrales, pero reconoce que éste “tampoco está muy holgado”.
“Estamos en un balance y tenemos la capacidad de poder extraer un poco más de agua. Y pues, por ese lado no tenemos problemas. Estamos revisando nuevas reposiciones, que todos los equipos de bombeo funcionen de forma correcta (...) la intención es que esté en óptimas condiciones el sistema de agua potable”.
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