Chilpancingo.— María tenía 12 años cuando fue violada en su comunidad, en la . La oscuridad de ese día de diciembre de 2022 había invadido su pueblo, la adolescente iba caminando hacia su casa después de haber estado en una posada en la iglesia.

En el tramo más oscuro, se le cruzó un vehículo y el hombre que lo manejaba la obligó a subir. Se la llevó y la . Cuando la dejó, la amenazó: “Si te atreves a denunciarme, te voy a matar”.

María sufrió en silencio, por las noches su madre la consolaba sin saber de qué. La adolescente cambió, dejó de hacer las cosas que hacía, como jugar con sus hermanos; perdió el apetito y vinieron los mareos. La madre no tuvo otra opción que llevarla con el médico del pueblo. El diagnóstico fue claro: María estaba embarazada.

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A la adolescente no le quedó otra opción, le contó a su madre y a su padre lo que le había sucedido esa noche de diciembre. Sus padres fueron a denunciar al agresor con el comisario municipal, pero se negó por temor a represalias. El agresor era un servidor de la nación que por sus funciones se había empoderado en la comunidad.

Los padres consiguieron dinero prestado y viajaron cinco horas hasta Tlapa para denunciarlo. Regresaron varias veces, hicieron muchos sacrificios en busca de justicia. Tuvieron resultados: lograron que un juez emitiera una orden de aprehensión.

El hombre huyó, la familia sospecha que desde la propia agencia del Ministerio Público lo alertaron. El agresor y su familia comenzaron a operar para impedir el arresto. El hombre habló con políticos de la región buscando que lo protegieran, mientras que la familia hostigó a los padres de María. Les ofrecieron dinero para que desistieran de la denuncia. Finalmente, cuatro meses después, el agresor fue detenido en Tijuana, cuando intentaba cruzar la frontera con Estados Unidos.

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María continuó con el embarazo a petición de sus padres, ellos se comprometieron a que la adoptarían como otra hija más.

Pasó un embarazo con constantes problemas de salud y sin un centro de salud cercano. Vio cómo su pequeño cuerpo se alteró para darle vida a otro ser humano. Pero, sobre todo, María tuvo que soportar —en silencio— el señalamiento de su comunidad.

“María tuvo que permanecer confinada en la precariedad de su casa con piso de tierra. El mundo se le derrumbó, se truncaron todos sus sueños y resquebrajaron sus ilusiones, como las demás niñas de la Montaña. María tuvo que asumir el rol de madre, además de amamantar a su niña tiene que velar por su salud y trabajar para sostenerla. Ha buscado un empleo, pero no la quieren contratar porque es una niña madre, que además de cargar su morral, carga sobre su espalda a su pequeña niña”, de acuerdo con el Centro de Defensa de los Derechos Humanos de la Montaña, Tlachinollan, que documentó su historia.

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Violación y pobreza

Neil Arias Vitinio es abogada en Tlachinollan. Ha conocido de cerca muchos casos de cómo niñas son convertidas —forzadamente— en madres.

Arias Vitinio explica que en la región se está dando un aumento en violencia sexual contra las niñas, pero también persisten los matrimonios forzados que es otra forma en que las niñas se convierten en madres. La abogada detalla que, en el caso de niñas violadas, viven todo su proceso en silencio por miedo.

“Las niñas víctimas de un delito de carácter sexual, violación, y que quedan embarazadas, es difícil porque son pequeñas, no avisan, viven en silencio y cuando el embarazo ya se ve es cuando las llevan al médico, al centro de salud, y ya ahí al interrogarlas dicen que son víctimas de violación. Pero para entonces ya es muy difícil interrumpir los embarazos”, comenta.

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Arias Vitinio explica que de acuerdo con lo que han podido documentar en Tlachinollan, muchos de los casos suceden en los municipios más pobres de la región.

“Desafortunadamente en la región hay un problema estructural, no hay escuelas. No hay fuentes de empleo, las familias tienen que emigrar como jornaleros y a los campos se llevan a las hijas. Allá, por su edad, los padres formalizan las relaciones de sus hijas y también se dan estas situaciones de que se embarazan a muy temprana edad. En este caso siempre son los padres los que toman la última decisión. Hay niñas en la región que quieren seguir estudiando, pero no se respeta el derecho de la niña”, dice la abogada.

Recuerda un caso: “Hace dos años una niña de 13 años dio a luz en el hospital de la Madre y el niño, su pareja era un señor de 60 años, fue a través de trabajo social que nos enteramos. El señor alegaba que no tenía dinero para comprar una lista de cosas que le pedían. Entonces, decía: ‘Yo no tengo dinero, ya pagué por la muchacha’”.

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Continúa la abogada, “se siguen formalizando estas relaciones entre niños y niñas de 12 o 13 años. Desafortunadamente en los pueblos ves niñas que ya formaron familias. Si hablas con una joven de 23 años y le preguntas cuántos hijos tiene, te va a decir que cinco”.

Arias Vitinio comenta que en la Montaña las familias son pobres, que viven en condiciones de hacinamiento, en casas de carrizo, de lámina, con suelos de tierra y que no cuentan con los servicios. Generalmente la casa es habitada por familias grandes. Si una niña fue víctima de una violación, tiene que vivir ahí con su bebé.

“Pero como son pobres las familias, le dicen a estas niñas: ‘¿Sabes qué? Te tienes que ir a trabajar porque tú tienes que buscar la forma para mantener a tu hijo, nosotros no vamos a alimentar a otra boca’. Entonces tienen que salir a trabajar y descuidan a su hijo. En muchos casos son niñas que ni siquiera terminaron la primaria, y eso es violencia estructural”.

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Arias Vitinio menciona que en Tlachinollan no existen protocolos de atención para este tipo de situaciones porque muchas niñas que se embarazan a muy temprana edad se les deja en ese estado de indefensión y no se les da la atención.

Comenta que es en los hospitales, como primer filtro, en donde se descubre la situación. “Estando ahí les preguntan y ‘¿quién es tu pareja?’ ‘Vine sola porque me violó el tío, el vecino, me violó el padrastro’ [responden]. En los hospitales se descubren estas situaciones, pero desafortunadamente nadie les da la atención.

“Sin ayuda, las niñas se quedan empantanadas, no pueden salir adelante porque nadie les genera estas condiciones. Nosotros consideramos que si hubiera centros de atención integral fuera un poco mejor. Desafortunadamente no tenemos nada. A las víctimas se les deja en estado de indefensión. Aquí no entran las instituciones como el DIF, nadie le da atención a estas infantes”.

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Arias Vitinio precisa que ni la Secretaría de Salud atiende a las niñas en cuestiones de planificación familiar ni del uso de anticonceptivos por el abandono que sufre la región. Detalla que las niñas y adolescentes tampoco son atendidas pese a que en Guerrero se declaró un Alerta por agravio comparado para garantizar los derechos sexuales y reproductivos de todas las mujeres.

En el tema de los agresores, comenta que sólo se tiene un caso donde la persona ha sido sentenciada por violación de una niña que quedó embarazada y que ahorita ella sola está asumiendo esta responsabilidad, y que existen carpetas de investigación que tiene el Ministerio Público pero que hasta este momento no las han judicializado y no han emitido órdenes de aprehensión.

“Las niñas al convertirse en madres rompen sus sueños. Se rompen. Si tú les preguntas también tienen aspiraciones, también quieren ser profesionales. Estas niñas se quedan en condiciones de orfandad, son más vulnerables a vivir”, puntualiza.

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cdm

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