Hay momentos en que la realidad mexicana se encarga de desnudar con crudeza quirúrgica, las contradicciones que muchos se niegan a ver. El caso del gobernador de Sinaloa con licencia, Rubén Rocha Moya, es uno de esos momentos.
Acusado por el Departamento de Justicia de Estados Unidos de proteger a la facción de los Chapitos, de recibir apoyo electoral del cártel y de permitir el libre flujo de fentanilo a cambio de impunidad, Rocha Moya pidió licencia en sus palabras “para facilitar las investigaciones” pero, advirtió, de las autoridades locales. Estados Unidos, solicitó al gobierno de México la detención provisional con fines de extradición para el gobernador con licencia, el senador Inzunza y otros 8 funcionarios sinaloenses.
Hasta ahí llega el recuento y llega la andanada de defensores con argumentos absurdos y sumisos al poder.
Resulta curioso, y honestamente cada vez más predecible, ver cómo cada vez más ciertos analistas recurren al mismo manual cuando el escándalo salpica a Morena. Viridiana Ríos, en su columna de Milenio y en Tercer Grado, y Vanessa Romero Rocha en La Hora de Opinar, coinciden en el mismo guion: la colusión entre poder político y crimen organizado “no es nueva”, viene de décadas, existió con el PRI y con el PAN.
Tienen razón en lo histórico. Pero lo que no hacen es cuestionar que esa siga siendo una realidad para México. Lejos de exigir mayor rendición de cuentas, justifican. Peor aún, utilizan el argumento para envolver en él a Rocha Moya y explicar entonces porque México no debería de extraditarlo.
“Extraditarlo no es el camino. Hacerlo mandará una señal de debilidad de la que Trump se aprovechará", escribe Ríos.
El argumento seria gracioso sino se tratara de un tema serio. El gobierno de Claudia Sheinbaum ha entregado a 92 personas a Estados Unidos solamente en 2025, incluyendo a capos de alto perfil en envíos masivo y en muchos de esos caso sin juicio de por medio. Curiosamente eso no levantó las banderas nacionalistas, no encendió las alarmas soberanistas. Cuando se trata de un gobernador de Morena señalado por protección a un cártel criminal, la extradición se vuelve entonces algo irrenunciable y cuestionar el no hacerlo, se convierte en entreguismo.
Asegura Vanessa Rocha, que la única forma de defender la soberanía de México es no extraditando a Rocha Moya y que este asunto que “no pueden resolver los abogados y que debería dejársele solucionar a los políticos profesionales”. Permítaseme un segundo de digresión: ¿qué no fue contra esos “políticos profesionales” que se hizo campaña en 2018 y 2024 y por los que llamaron a votar masivamente por López Obrador y Sheinbaum?
Cabe preguntar entonces ¿realmente se busca proteger a México? ¿O se busca proteger a Rocha Moya, a Morena y al gobierno emanado de ésta? ¿Que calidad moral le queda a Morena y a sus voceros no oficiales para criticar lo ocurrido en sexenios anteriores si son incapaces de denunciar lo que ocurre hoy?
El doble rasero. Cuando el acusado era Genaro García Luna o cualquier funcionario de oposición, la exigencia era inmediata: extradición, justicia ya, narcopartido. Hoy se invoca la soberanía, se piden “más pruebas”, se encomienda el asunto a los “políticos profesionales” o incluso, como asegura Carlos Pérez Ricart, lo que tenía Rocha Moya con el cartel no era colusión sino “una relación compleja con el narcotráfico.
El sexenio de López Obrador cerró con casi 190 mil homicidios. Los cárteles se fortalecieron con el fentanilo y decisiones como el Culiacanazo o las visitas a Badiraguato enviaron señales claras de connivencia. Reconocer que el problema estructural no empezó en 2018 no exime de la responsabilidad de haberlo agravado en los últimos 8 años.
Cuando en la mañanera de ayer el reportero inició su pregunta con “el gobernador Rocha está acusado de delitos muy graves” Sheinbaum respondió inmediatamente y sin dar oportunidad a terminar la pregunta atajó con un rotundo “No” para, acto seguido, volver a la perorata de las pruebas, pruebas, pruebas.
Más allá de lo que ocurra con Rocha Moya y el resto de los acusados, lo que ocurre en México con un sector del análisis político es relevante. Preocupa que la crítica y la defensa son utilizadas a conveniencia. El pasado se utiliza como coartada para justificar lo que ocurre hoy mientras la soberanía se cuelga como escudo para proteger a los afines. Y mientras tanto, la impunidad, la colusión y la corrupción siguen persistiendo en un gobierno que llegó al poder con la promesa de erradicarlos.
X: @solange_
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