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Explosivos artesanales, el riesgo de los limoneros en Michoacán; “salí arrastrándome”

Hace dos semanas Leonel González Vargas, trabajador limonero, cayó en un explosivo sembrado por criminales; ahora pide ayuda para una prótesis y poder volver a laborar

Leonel cuenta que aunque saben que hay áreas plagadas de explosivos del narco los jornaleros siguen con sus labores por la necesidad. Foto: Carlos Arrieta/ EL UNIVERSAL
03/07/2026 |00:02
Carlos Arrieta
Corresponsal en MichoacánVer perfil

Apatzingán.— Leonel Arturo González Vargas sobrevivió al estallido de un explosivo artesanal terrestre sobre el camino rural que comunica a las localidades de El Mirador y El Guayabo, municipio de. Minutos antes, otra persona había sido lesionada en la misma zona al activar por accidente otro explosivo.





A pesar de haber perdido el pie derecho, tener heridas en el izquierdo y presentar en un ojo, el jornalero de limón, de 38 años de edad, busca ayuda para poder tener una prótesis y reincorporarse lo antes posible al sector laboral, pues es padre de dos adolescentes.

La historia

Leonel Arturo González Vargas, de 38 años, conocido como El Toro, trabajó desde adolescente en los campos de limón. Él era jornalero y con apoyo de su familia compró un camión para trabajarlo como flete en el traslado de limón.

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Tras haber perdido un pie por la explosión de un artefacto colocado por criminales, Leonel dice que la única ayuda que ha tenido es la de sus compañeros trabajadores y una kermés que organizó un niño. Foto: Carlos Arrieta/ EL UNIVERSAL

Traía a su cargo una cuadrilla de cortadores que le ayudaban en la pisca del cítrico en las huertas y luego lo llevaban a los empaques.

Cuenta que, a pesar de que es de todos sabido que las áreas rurales están plagadas de explosivos colocados por el crimen organizado, ellos seguían con sus labores por la la necesidad de trabajar y el creer que no les iba a pasar nada.

“Tenía ya más de tres meses que pasaba por donde mismo; iba y venía y estábamos confiados. Uno no se espera lo que le pueda pasar a uno. Rara vez nos encontrábamos [a militares], pero sí. Ahí en El Guayabo hay un destacamento de soldados”, relata Leonel a EL UNIVERSAL.

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En los operativos para localizar y desactivar explosivos se utiliza una máquina blindada que es una motoniveladora utilizada para la apertura de caminos. Foto: Carlos Arrieta/ EL UNIVERSAL

Recuerda que el pasado 19 de junio, a las 6 de la mañana, transitaba como regularmente lo hacía los lunes, miércoles y viernes, días que hay corte de limón, sobre la brecha que une a las localidades de El Mirador y El Guayabo.

“De repente estaba una camioneta ya destrozada y yo me paré como a 200 metros, iba un compañero conmigo. Entonces me paré y le dije que nos fuéramos para atrás [que nos regresáramos], y yo pienso que ya estaba arriba de la mina porque lo único que recuerdo es que prendí la camioneta y se oyó la explosión; la camioneta se levantó como a unos 10 metros de altura”, cuenta Leonel.

En la camioneta, con él, iba otro trabajador en el asiento del copiloto y un cortador en la caja, quienes salieron sólo con raspones.

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“Y atrás iba mi cuadrilla [de cortadores] que fueron los que me auxiliaron. Al momento que yo me bajé, mi pie ya lo tenía desmembrado, desmoronado. Me dije: ‘Mi pie ya lo perdí’. Y salí arrastrándome, pues parecía un remolino de tierra y polvo y no me miraban mis cortadores, que pensaban que ya estaba muerto”, señala.

Entre el dolor y lo aturdido, escuchaba que uno de los trabajadores gritaba: “El Toro está muerto”, tras verlo ensangrentado.

“Entonces yo me salí de la camioneta deshecha arrastrando y gritando que me auxiliaran, que me llevaran al hospital. Yo nunca perdí el conocimiento, nunca perdí la razón, nunca me desmayé, siempre supe lo que tenía que hacer y pienso que eso fue lo que me salvó la vida. Me auxiliaron mis amigos; un cortador me puso un torniquete para no desangrarme, y si no me hubiera puesto ese torniquete, no estuviera platicando con ustedes”, relata el trabajador.

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Recostado en un sillón de fierro con respaldo y asiento corrido de listones de tela, describe que por su mente sólo pasaba el deseo de salvar su vida, porque desde que vio su pie destrozado, asegura, ya sabía que lo había perdido.

“Eso [su pie] ya lo daba por perdido porque lo traía colgando y deshecho. Y me subieron a la camioneta y de ahí en adelante sí empecé a sentir un dolor de esos que no te imaginas y no se lo deseo a nadie. Le decía a don Cayetano, que era el que venía manejando, que le diera [velocidad], porque yo no me quiero morir”.

Refiere que ante las deficiencias del sector de salud, tomó la decisión de ir a un hospital privado, donde lo estabilizaron y debido a sus lesiones y el tipo de atención que requería, fue trasladado al Hospital Regional de Apatzingán.

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Su cuadrilla de cortadores, subraya, se convirtieron en su camilla para los traslados.

“De ahí de la clínica particular, mis cortadores que eran mi camilla, me suben otra vez, pero ya con suero, con menos dolor y vendada la pata; llegamos al hospital y para mi sorpresa no había camilleros, y mi hermano y mi yerno me cargaron de camilla en camilla; no había anestesiólogo; tuvimos que conseguir uno por fuera y si no le pagábamos por adelantado no me quería anestesiar; dos horas estuve ahí y no me atendían. Yo sí le dije a mi esposa: ‘No me mató la mina para morirme desangrado aquí en el hospital’”, platica Leonel.

Todos los gastos de hospitalización, medicamentos y especialistas han sido absorbidos por la familia, que no ha recibido ningún apoyo. Incluso, la alcaldesa de Apatzingán, Fanny Arreola Pichardo, llegó a declarar que ella había pagado los gastos del jornalero, lo cual él mismo desmintió.

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En cambio, un niño de primaria, cercano a su familia, habló con sus maestras para organizar una kermés en su escuela y recaudar fondos para ayudar a Leonel.

Ahora, el trabajador sólo pide una cosa: “Quiero apoyo para mi prótesis, a quien quiera apoyar y de preferencia que fuera el gobierno, porque le corresponde, pues prácticamente perdí todo y ojalá me apoyaran con mi prótesis, para poder yo caminar y trabajar. Ojalá me apoyara con eso presidenta [Claudia] Sheinbaum, de favor”, pide Leonel.

Operativos

Áreas federales de seguridad dijeron a EL UNIVERSAL que el grupo criminal responsable de colocar ese tipo de explosivos son Los Blancos de Troya y sus socios del Cártel Jalisco Nueva Generación.

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Señalaron que los explosivos también provocaron heridas graves a un elemento militar y a otro campesino, en una brecha ubicada entre El Guayabo y El Alcalde.

En este contexto, personal del Ejército Mexicano implementa operativos para localizar y desactivar o destruir los explosivos que instalan los criminales en caminos rurales de este municipio.

Los operativos van encabezados por una máquina blindada, que es una motoniveladora, regularmente utilizada para la apertura de caminos. Por sus características, es una de las principales herramientas para destruir explosivos en caminos rurales.

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