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Oaxaca de Juárez.— Matías Romero Avendaño es uno de los municipios del Istmo de Tehuantepec donde se ha acentuado la violencia. La tarde del martes, Amy Navarrete Arriola, excandidata del PVEM a la alcaldía y señalada como una aspirante con posibilidades para ganar en 2027, fue asesinada junto con otros dos hombres de su equipo.
El crimen ocurrió un día después de que dio inicio el proceso electoral del próximo año, en el que se elegirán 152 alcaldías y el Congreso del estado.
“El tema [de la violencia] está muy cabrón. Aquí no llega el Plan Juchitán porque les da miedo; son frecuentes los ataques armados, las ejecuciones y la extorsión”, afirma Omar, habitante de Matías Romero.

Pero la violencia no se limita a este municipio, se extiende por Salina Cruz, Santo Domingo Tehuantepec, San Blas Atempa, Juchitán de Zaragoza, San Juan Guichicovi y la zona de la frontera con Chiapas. Las autoridades señalan que esta situación se debe al “reacomodo” y disputa territorial entre grupos criminales.
De acuerdo con datos de la Fiscalía General del Estado (FGE) de Oaxaca, en esta región se tienen identificados a ocho grupos delictivos.
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En Matías Romero Avendaño —zona norte del Istmo y frontera con Veracruz— operan células vinculadas con la Nueva Familia Michoacana y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
En la zona centro del Istmo, que abarca a Juchitán, Santo Domingo Tehuantepec y San Blas Atempa, se reporta al grupo de Los Cromo, el Cártel del Istmo y células ligadas a La Chapiza, del Cártel de Sinaloa.
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Salina Cruz, en la zona sur, están Los Rastrojos, exmiembros de las Autodefensas Unidas de Colombia, y otras células delictivas vinculadas al Cártel de Sinaloa y Cártel de Juárez.
Sin embargo, pobladores consideran que podrían ser más los grupos delictivos.
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De acuerdo con la FGE, estas células delictivas se dedican al narcotráfico y narcomenudeo, cobro de piso a comercios, transportistas y particulares, extorsión, robo de vehículos, tráfico de armas, tráfico de personas y migrantes, robo de hidrocarburos, además que utilizan el homicidio como mecanismo de control territorial y ajuste de cuentas entre estructuras rivales.
El epicentro
Juchitán de Zaragoza se ha convertido en el epicentro de la violencia en esta región de Oaxaca, al grado que el gobierno estatal lanzó el llamado Plan Juchitán, con el que —asegura— busca resolver de manera integral la inseguridad en este municipio con la implementación de programas sociales dirigidos principalmente a los jóvenes, entre otras acciones. A la fecha, no se han visto resultados concretos, pues los asesinatos se mantienen.
“Juchitán de Zaragoza es el municipio con la mayor concentración de hechos violentos de la región, operan por lo menos tres células con vínculos hacia estructuras criminales de mayor tamaño, lo que explica la intensidad y recurrencia de la disputa armada registrada en ese municipio”, señala un informe de la FGE, al que tuvo acceso este diario.
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En este municipio, de enero a finales de agosto se contaban más de 150 homicidios, de acuerdo con reportes oficiales del gobierno de Oaxaca. Aquí, la disputa es por la plaza para la venta de droga, cobro de piso y tráfico de personas.
El fiscal de Oaxaca, Bernardo Rodríguez Alamilla, asegura que la violencia en el Istmo está concentrada en Juchitán, con “reminiscencias” en Matías Romero.
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En el caso de Juchitán, señala como responsables a las células delictivas afines a El Cromo, uno de los principales líderes criminales de la zona, dedicadas al cobro de piso a grupos sociales, como los mototaxistas, sector que ha sido objeto de numerosos ataques.
“Esto explica la mayoría de los eventos violentos documentados, tanto entre células locales como entre éstas y los grupos vinculados a El Cromo y otras estructuras con nexos nacionales”, precisa.
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El objetivo de esta disputa es doble, asegura. Por un lado, ampliar el territorio de venta de droga y conservar o incrementar el poder económico derivado del control de las actividades ilícitas.
Y sostiene que el reacomodo constante —consecuencia de la fragmentación en múltiples células con liderazgos propios— es identificado como la causa principal del elevado índice de homicidios en esta zona de Oaxaca.
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Las causas
Olaf Iván Corro Lara, especialista en análisis y estrategias de seguridad y gobernabilidad, y exsecretario de Protección Ciudadana de Oaxaca, advierte cuatro causas de la violencia durante los últimos tres años en el Istmo.
La primera es el factor económico, porque la región se volvió más “rentable” para el crimen a partir de la introducción de los parques eólicos, el Corredor Interoceánico y los proyectos alrededor de este mismo, lo que inició con el gobierno de Enrique Peña Nieto.
El segundo factor está relacionado con la parte organizativa de los grupos delincuenciales, pues no hay un grupo hegemónico.
Explica que las células o mafias locales tienen mucha autonomía, se manejan bajo sus propios criterios y no mantienen una disciplina organizacional ni una estructura jerárquica que ordene o mande. Esto, recalca el especialista, “paradójicamente” eleva la violencia porque no hay un “jerarca” capaz de imponer orden.
Un tercer factor está relacionado con la actuación de las instituciones de seguridad.
Iván Corro afirma que las autoridades han demostrado tener la capacidad de realizar detenciones y acciones contra las células criminales. En concreto, han sido detenidos más de 200 presuntos delincuentes, en su mayoría vinculados a Los Cromo.
Sin embargo, las instituciones no tienen la capacidad de permanecer. “Llegan con sus operativos, detienen algunas personas e inmediatamente se retiran, pero el extorsionador sigue ahí, ahí vive”.
Finalmente, la cuarta causa está relacionada con el tejido comunitario, político y agrario de la región. En el Istmo de Tehuantepec, detalla, hay una historia de conflictos previos que llevan décadas y que tienen que ver con problemas de tierras, de límites, de representación política o agraria, con el transporte público, entre otros.
Entonces, explica, el crimen no llegó a “un territorio vacío”, sino que se montó sobre estructuras que ya estaban en la región.
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