Juxtlahuaca.— Josselyne Ithzayana Espinoza es una niña de apenas nueve años que se unió al grupo de danza Juquilita para aprender a bailar la Danza de los Rubios. Al igual que ella, otra decena de niñas y niños participan en distintas danzas que dan identidad a Santiago Juxtlahuaca, principalmente al barrio de Santo Domingo, como pueblo Ñuu Savi.
En la fiesta del carnaval 2026 fue el segundo año continuo que participó Josselyne como maríalencha en la Danza de los Rubios. “Me hace muy feliz bailar, siempre quiero bailar”, dijo Josselyne con su enagua ancha color rosa y su blusa bordada de flores a mano.
Todo comenzó hace dos años, cuando la madre de Josselyne, Marisol, la llevó a que le cortaran el cabello; ese día los danzantes ensayaban, “se quedó viendo y dijo que quería bailar, ese mismo día se quedó”, recordó la señora.

“Es importante que los niños y las niñas como mi hija participen para que se sigan conservando las danzas, en muchos lugares ya se están perdiendo. Nuestras danzas nos dan identidad”, comentó.
De acuerdo con Asunción Gutiérrez, historiador, maestro artesano y danzante del barrio de Santo Domingo, alrededor de 1885 llegaron a Juxtlahuaca los españoles y comenzaron a contratar a personas para el acarreo de animales con envíos en barcos a Europa.
Y para aminorar la tristeza durante las ausencias de los arrieros, cuando se iban por las montañas hasta llegar a la Costa y viceversa, comenzaron a expresarse a través de la música, del violín y la jarana, y así fue como nació la Danza de los Rubios, en medio de tragos de licor y el baile entre el ganado.
Daliver es otro niño de siete años que participa en el grupo Juquilita. Él desde antes le agarró gusto al baile, porque sus hermanos participan en casi todas las danzas tradicionales de Juxtlahuaca.
Los pasos preferidos de Daliver son los de El Palomo, dice que le gustan porque cuando da vueltas los olanes que adornan las mangas, la espalda y la delantera de su capulina —chaqueta— se alzan.
Entre los danzantes también está Cristofer Agustín Reyes, quien lleva tres años dando sus mejores pasos en la Danza de Los Rubios. A diferencia de otros infantes, a Cris, como le llaman, lo mueve la fe en cada participación.
“Me gusta sentirme parte de la comunidad, y al estar en este grupo convivo con otros compañeros y compañeras, también por la Virgen de Juquila”, asegura Cris. Entre sus danzas preferidas están los sones de El Palomo, La Cordillera y El Gusto.
“El Gusto es donde los rubios bailan con las marialenchas y La Cordillera es de puros hombres”, explica el menor que cursa cuarto grado de primaria.
En Santiago Juxtlahuaca son pocos los espacios comunitarios para la integración de los niños en los bailes, en donde cada año se suman más debido a la popularidad que han tomado las danzas tradicionales.
De acuerdo con la Regiduría de Usos y Costumbres del barrio de Santo Domingo, quien se encarga de conservar las danzas, prácticas culturales y comunitarias de Santiago Juxtlahuaca, sólo hay tres grupos de danzas para niños y niñas.
Entre los grupos están la de Juquilita, con la Danza de los Rubios; grupo Agua Azul, que enseña las danzas de los Chilolos, Rubios y Machos, y el grupo de don Erasto Chávez, este último es el que lleva más tiempo.
“Cada año se integran más, lo bueno es que les gustan porque obligarlos, pues no se puede. Todos vienen por la danza; la Regiduría de Usos y Costumbres del barrio Santo Domingo nos comenzó a integrar hace cuatro años como parte de las fiestas del carnaval, porque ellos lo organizan”, dijo Omar Flores Rodríguez, maestro de danza del grupo Juquilita.
Los padres de los pequeños especifican que estos espacios son necesarios para seguir conservando las danzas, porque si no se pierden, como ha pasado con el pueblo de Santa Rosa Caxtlahuaca. María Esther López, madre de uno de los pequeños, dice que aparte de conservar las danzas, bailar le ayuda a llevar una infancia digna a su hijo. “Que nuestros niños hagan los que les gusta, bailar les ayuda a sacar sus frustraciones o tristezas, les distrae y son felices”.
En el pueblo Ñuu Savi, en Santiago Juxtlahuaca, ubicado en la región Mixteca, en el sur de México, son tradicionales varias danzas que cuentan el proceso histórico, y cada etapa de la comunidad, como las danzas de Los Chilolos, Los Santiago, Los Machos y Los Rubios.
Por ejemplo, la Danza de los Rubios representa los viajes que hacían los arrieros de la costa de Oaxaca a la de Veracruz, pasando por las montañas de la Mixteca, hasta llegar a su destino para enviar el ganado a través de barcos hasta llegar a España. A la fecha, esta danza se baila principalmente en las fiestas de carnaval, pero también en algunas fiestas patronales, culturales y hasta particulares.
El maestro Omar mencionó que anteriormente sólo bailaban personas mayores y que, incluso, las mujeres no bailaban, eran los hombres que se vestían de marialenchas —mujeres vestidas con sus enaguas anchas.
Con el tiempo se fueron integrando las niñas y los niños.
Omar lleva casi ochos años instruyendo y acompañando a los niños, adolescentes y jóvenes en la Danza de Los Rubios.
Actualmente asisten cerca de ocho niñas y niños, y cerca de 20 adolescentes, para aprender a bailar los sones de la danza.
El maestro danzante aseguró que enseñarles a los niños es garantizar que no se dejen morir las danzas tradicionales, “que ellos aprendan para que les enseñen a otros, a las futuras generaciones y que no se pierda esta danza, nos da gusto que a los niños les guste porque no podemos obligarlos”, mencionó.
Agregó que “lo más bonito es que dejemos también a los que vienen abajo, que se les vaya enseñando para que no nos quedemos sin danzantes, porque hay danzas que desaparecen porque ya no la bailan. Y, la verdad, es lamentable. Lo bonito es fortalecer y rescatar porque los niños son el futuro”, reiteró el maestro Omar.
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