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Programas sociales: Contienen desigualdades, olvidan bienestar

Los apoyos impulsados por los gobiernos morenistas no sustituyen el acceso a servicios de calidad en materia de salud, educación y seguridad, señalan especialistas; permiten al Estado eludir su responsabilidad estructural

Juan y Carolina Gallegos reconocen que el apoyo económico de la pensión del Bienestar les ha servido para cubrir algunos gastos del hogar. Foto: Santiago Cadena / EL UNIVERSAL
22/03/2026 |02:04
Ulises Uribe
Redactor webVer perfil

Los , sello insignia de los gobiernos morenistas, han servido para contener las desigualdades que se enfrentan en México; sin embargo, han olvidado su objetivo primordial: dar bienestar a los mexicanos con el acceso a servicios de calidad en materia de salud, educación, seguridad y transporte, entre otros.





En entrevista con , Eduardo Bohórquez López, director de Transparencia Mexicana de la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno, afirmó que los programas sociales han servido como un mecanismo para contener los efectos de la desigualdad en México, pero no para dar bienestar pleno a las familias mexicanas.

“Son un mecanismo que contiene, no un mecanismo que resuelve. Los programas sociales son necesarios, pero no sustituyen la prestación de servicios de calidad, porque cuando tú le transfieres dinero a alguien no estás resolviendo el problema estructural”, dijo.

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Aunque reconoció algunos éxitos en la política social mexicana, como la reducción de la pobreza de ingreso para 13 millones de personas, aseguró que “no se redujo en todo el país de la misma forma y no todo mundo dejó de enfrentar desigualdades”.

“La pobreza de ingreso sí se puede resolver distribuyendo recursos, pero no hay forma que un programa social resuelva la desigualdad en México. Nuestra política social se limita a transferir recursos a las personas y no entiende que también tiene que proveer otros servicios”, agregó.

Explicó que las transferencias monetarias han servido al Estado para eludir su responsabilidad de proveer buenos servicios públicos y resolver las problemáticas en materia de salud, educativa, seguridad y transporte, entre otras.

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“Es una muy mala idea pensar que es sólo un problema de dinero y que si le entregas una transferencia a alguien, el Estado ya no tiene que atender otros problemas que enfrenta una comunidad”, expuso.

Con respecto a las deficiencias de los programas sociales impulsados por la 4T, apuntó que una ellas radica en la universalidad y la dificultad para financiarlos, debido a la presión que generan en la hacienda pública, lo que obligará a implementar una reforma fiscal en los próximos años, pues se requieren más impuestos e ingresos.

Paralelamente, indicó que a lo largo de los años, los gobiernos los han utilizado con fines político-electorales, por lo que enfatizó que se tiene que concebir una política social que evite el uso clientelar, como incorporar leyendas que aclaren que son ajenos a cualquier partido político, “que te recuerden todo el tiempo que no depende de qué partido gobierne el país, que se paga con los impuestos de otros mexicanos y no se lo debes a nadie”.

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Abundó que se debe comenzar a reforzar su instrumentalización con órganos fiscalizadores en el ámbito de la política social, establecer reglas claras de operación, garantizar transparencia en los padrones de los beneficiarios, realizar auditorías al ejercicio y entrega de los recursos, entre otras.

Para Bohórquez López, los países que se han volcado a corregir las desigualdades existentes a través de programas sociales están haciendo su trabajo y aseveró que su desaparición representaría efectos “perversos” para la estabilidad social de cualquier país, “porque si no la tuviéramos, el nivel de desigualdad sería enorme y la violencia e inestabilidad social sería más graves”.

Desde su perspectiva, para garantizar el bienestar de los mexicanos se debe diseñar una política social con un enfoque multidimensional que otorgue protección integral a las comunidades y a los individuos, “porque si unos mineros pueden ser levantados, desaparecidos, ejecutados y enterrados porque se les confundió con un grupo criminal, entonces de qué te sirve tener una pensión”.

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“El bienestar no significa tener más dinero en el bolsillo, sino que haya más seguridad en tu colonia y mejores servicios públicos. Eso no lo tenemos en este momento, aunque llamemos bienestar a todo lo que haga el gobierno, pero eso es más branding”, externó.

Fallas de diseño técnico

En entrevista con El Gran Diario de México, Ricardo Velázquez Leyer, doctor en Política Social por la Universidad Iberoamericana, sostuvo que los Programas del Bienestar desplegados por los gobiernos morenistas presentan serias fallas de diseño técnico por la improvisación con la que fueron planeados.

“No hay sustento técnico en decisiones que se tomaron [en el gobierno anterior], porque se tomaron de manera improvisada. No puede haber política pública que funcione si no se diseña con evidencia sólida”, expresó.

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A su parecer, las becas Bienestar, continuidad de Prospera, apoyo otorgado durante el gobierno priista de Enrique Peña Nieto, es uno de los programas que ha mermado su impacto positivo en la población durante la gestión de los gobiernos de la 4T, “porque es básicamente el mismo programa, pero con menos beneficios y prestaciones. Prospera ofrecía transferencias de mayor monto, servicios y una atención a la salud más integral a la población en situación de pobreza. Las becas [de la 4T] son ese mismo programa, pero sin todos esos servicios”, detalló.

De acuerdo con Velázquez Leyer, el impacto de estos recursos en la economía de las familias mexicanas es bajo o nulo, “porque los jóvenes se quedan con el dinero y lo gastan en cosas que no necesariamente benefician al hogar”.

En contraste, destacó que existe evidencia sólida de que las denominadas pensiones del Bienestar han significado un caso de éxito en la política social mexicana, “pues llegan a un porcentaje muy alto, con un monto fijo que representa un apoyo significativo para todos los beneficiarios”.

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Sin embargo, alertó por las deficiencias de dicho programa, como la universalización, la cual debería discutirse por la dificultad que implica su financiamiento y sostenibilidad en el mediano plazo, “porque no va a haber recursos que alcancen para pagar esas pensiones conforme la población vaya envejeciendo. ¿De dónde va a salir el dinero?”.

El especialista consideró que los programas sociales deben continuar, pero garantizando el fortalecimiento de su diseño, capacidad y evaluación técnica que permita optimizar su implementación con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de la población mexicana.

Programas sociales, apoyo con poco bienestar

El señor Juan Gallegos, de 76 años, y la señora Carolina Gallegos, madre de un adolescente que cursa el nivel secundaria, reciben transferencias del gobierno como parte de los programas sociales Pensión Bienestar para Adultos Mayores y de la Beca Rita Cetina, cuyos montos ascienden a los 6 mil 400 pesos y mil 900 pesos bimestrales, respectivamente.

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Para don Juan, la distribución de este recurso durante los dos años que ha sido beneficiario ha representado sólo un apoyo, porque es un trabajador pensionado, “pero no es que el gobierno te mantenga, porque no te da para todo y lo que te da no alcanza”.

Desde su punto de vista, la entrega de los programas sociales y el incremento gradual de los montos “se me han hecho buenos y es buena onda, porque antes no se tenía esa ayuda y todos sabíamos dónde se quedaba, iba a la bolsa. (...) Entonces, se me hace magnífico, porque tanto el presidente López Obrador como la presidenta Claudia Sheinbaum han hecho bien las cosas”.

Por su parte, doña Carolina Gallegos, cuyo hijo ha recibido apoyos sociales desde hace aproximadamente 10 años, consideró que estos son buenos, “siempre y cuando se ocupen para lo que debe de ser, porque luego son malgastados, y se los den a las personas que de verdad lo necesiten”.

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“Hay madres solteras que dicen ser madres solteras y les dan estos apoyos y no tienen hijos. Por eso pienso que deberían de estar más atentos para dárselos a la gente que de verdad lo necesite”, relató.

Para ellos, la dispersión de estos recursos han representado una ayuda en los gastos familiares, porque a don Juan le han permitido invertirlos en la mejora de su hogar, y a doña Carolina le ha servido para cubrir las necesidades de su hijo.

Además, celebraron que los programas sociales se hayan convertido en un derecho durante este gobierno.

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