Una gran muralla de acero de dos metros de altura fue instalada para proteger todo el Zócalo capitalino y evitar que los integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación instalaran su plantón en el primer cuadro de la capital y boicotearan el FIFA Fan Fest en la inauguración del Mundial de Futbol que inicia el 11 de junio.
En cada uno de los accesos al Zócalo capitalino, además de las vallas, hay policías que resguardan todos los accesos, es decir, por las calles de Tacuba, 5 de Mayo, Venustiano Carranza, Madero, Maestro Erasmo Castellano de Quinto, Corregidora, Correo Mayor, Soledad, República de Guatemala y Moneda.
“¡Díaz Ordaz está presente!”, gritaba una maestra de la CNTE cuando fueron recibidos por policías con gases y artefactos explosivos en su intento por llegar al Zócalo capitalino.

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Con mazos de hierro e incluso algunas a patadas, “los hombres fuertes” de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero (CETEG) intentaban derribar los muros de acero.
“¡Va a caer, esa valla va a caer, esa valla va a caer!”, gritaban. Mientras, del otro lado la policía de la Ciudad de México repelía la manifestación con gases y cohetes que hicieron correr también a los transeúntes.
¡Pum, pum, pum!, retumbaba entre las calles Venustiano Carranza y 20 de Noviembre del primer cuadro del Centro Histórico. “¡Claudia, decías que todo cambiaría!”, gritaba la CNTE al acusar represión.
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Bajo los intensos rayos del sol, la Coordinadora reportaba dos maestros lesionados: uno por un varillazo en la mejilla y otro con riesgo de perder el ojo, tras recibir el impacto de los fragmentos de un artefacto. Según la policía capitalina, no se usaron balas de goma ni petardos, como acusó el magisterio.
“¡Hijos de la chingada, también son pueblo!”, expresaban cuando eran sorprendidos por gas azul.
Drones vigilaban la marcha desde las alturas y los comercios bajaban sus cortinas a sabiendas de las pérdidas económicas. “¡Otra vez, manita, ya valió!”, decía la empleada de una tienda de vestidos.
Antes, una grúa de Tránsito de la Secretaría de Seguridad Ciudadana quiso impedir el paso de la manifestación, pero fue imposible y terminó con los vidrios y los faros rotos, las llantas ponchadas y grafiteada.
Bajo las demandas principales de la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007 y la reforma educativa, el magisterio disidente volvió a las calles de la Ciudad de México en su paro nacional del 1 de junio, con la exigencia de reunirse directamente con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
“¡Claudia, si no hay solución, no rueda su balón!”, advertían los docentes a 10 días del Mundial de Futbol, al que calificaron como “la fiesta de la burguesía”. El boicot a la Copa FIFA fue reiterado.
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Desde antes de las 10 de la mañana, las diferentes secciones de la CNTE se reunían en el Ángel de la Independencia para marchar al Zócalo, donde se instalaba el Fan Fest. La CETEG formaba la avanzada con tubos, mazos y petardos.
“¡Cuidado, cuidado, cuidado con Guerrero, estado guerrillero!”, advertían encapuchados de la CETEG al paso de la marcha sobre la avenida Paseo de la Reforma. Una hora después, el magisterio de Guerrero corría para romper los vidrios de la Secretaría de Bienestar.
Mientras la manifestación avanzaba, la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, reiteraba el llamado al diálogo y a la construcción de acuerdos “con el objetivo de avanzar en soluciones y cuidar el derecho a la educación”, escribió en redes sociales.
“¡Nosotros somos la piedra en el zapato y aquí vamos a estar!”, sentenciaba Pedro Hernández, dirigente de la Sección 9 de la CNTE en la Ciudad de México. También acusaba diálogos infructuosos con el gobierno federal.
Por su parte, la dirigente de la Sección 22 de Oaxaca, Yenny Pérez, rechazaba cualquier relación con la derecha mexicana. “No somos delincuentes”, decía.
Otra vez, la Secretaría de Gobernación, respaldada por la Secretaría de Educación Pública, lanzaban otro mensaje y rechazaban “la participación de provocadores —que no son maestros— en una movilización legítima del magisterio”.
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