Miles de personas acudieron el domingo al National Mall para una reunión de oración de todo el día, anunciado como una “reconsagración de nuestro país como una nación bajo Dios”.
Con el Monumento a Washington como telón de fondo, la música de alabanza retumbaba desde un escenario que dejaba claro el enfoque cristiano del evento. Ventanas arqueadas de vitrales, colocadas debajo de grandes columnas que parecían las de un edificio federal, mostraban a los fundadores de la nación junto a una cruz blanca.
Se esperaba que el presidente Donald Trump le hablara a la multitud, que comenzó a congregarse mientras caía una llovizna, mediante un mensaje en video. Otros republicanos de alto rango, entre ellos, el secretario de Defensa Pete Hegseth, el secretario de Estado Marco Rubio y el presidente de la Cámara de Representantes Mike Johnson, legislador republicano por Luisiana, también figuraban en el programa como parte de las celebraciones de este año que conmemoran los 250 años de la independencia de Estados Unidos.

Solo un nombre en el programa de Rededicate 250 no era cristiano. La mayoría pertenecía al grupo de antiguos partidarios evangélicos de Trump, como Paula White-Cain, de la Oficina de Fe de la Casa Blanca, y el evangelista Franklin Graham, de Samaritan’s Purse.
“Nos preocupa profundamente que lo que en realidad se está reconsagrando sea una nación a una parte muy estrecha e ideológica de la fe cristiana que traiciona el compromiso fundamental de nuestro país con la libertad religiosa”, afirmó el reverendo Adam Russell Taylor, un ministro bautista que dirige la organización cristiana progresista Sojourners.
La alineación cristiana conservadora incluyó invitados que a menudo sostienen que Estados Unidos fue fundado como una nación cristiana, una narrativa que muchos historiadores y otras tradiciones religiosas cuestionan.
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El rabino Jonah Dov Pesner, director del Centro de Acción religiosa del Judaísmo Reformista, señaló la diversidad religiosa de los inicios de Estados Unidos, que incluía judíos, musulmanes y pueblos indígenas. “Quiero arrojar luz sobre la historia de Estados Unidos como una nación que acoge, celebra y protege a personas de todas las religiones y a quienes no profesan ninguna”, manifestó Pesner.
Hegseth ha impregnado de lenguaje cristiano y de culto su papel al frente del Pentágono.
“Nuestros fundadores conocían dos simples verdades”, dijo Hegseth en un video promocional del evento. “Nuestros derechos no provienen del gobierno; provienen de Dios. Y una nación solo es tan fuerte como su fe”.
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El rabino ortodoxo Meir Soloveichik fue el único líder religioso no cristiano incluido en el programa. Es miembro de la Comisión de Libertad Religiosa del gobierno de Trump junto con White-Cain, Graham, el cardenal Timothy Dolan y el obispo Robert Barron, clérigos católicos que también aparecían en el programa.
El evento fue organizado por Freedom 250, una alianza público-privada respaldada por la Casa Blanca. Demócratas del Congreso han cuestionado la estructura y las finanzas de la organización sin fines de lucro, que consideran una maniobra controlada por Trump para eludir una comisión separada creada por el Congreso hace una década para preparar los actos del 250 aniversario de la Independencia.
Grupos progresistas planearon una programación alternativa. Entre ellos estaban la Freedom From Religion Foundation, que aboga por una estricta separación entre la iglesia y el Estado, y el grupo cristiano Faithful America.
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El jueves por la noche, la Interfaith Alliance proyectó consignas de protesta en una pared exterior de la National Gallery of Art. “Democracia, no teocracia”, decía una. Otra afirmaba: “La separación entre la iglesia y el Estado es buena para ambos”.
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