Cursando el segundo de secundaria, allá por 1971, me convertí en un asiduo lector de los libros de la destacada escritora y también periodista Elena Poniatowska, atrapándome por la crónica que supo plasmar en las páginas del controvertido libro La Noche de Tlatelolco, narrando todo lo sucedido en aquella terrible masacre registrada en La Plaza de las Tres Culturas, en contra de centenares de estudiantes, y que, desde mi muy temprana óptica, ser estudiante, para los gobernantes de ese entonces, significaba ser delincuente.
Por cierto, ese libro, desató una reñida polémica, debido a que, el también escritor y luchador social Luis González de Alba, la acusó de haberle robado los testimonios expuestos en La Noche de Tlatelolco, reclamo que perduró hasta los últimos días de González de Alba, quien, en su última columna "Podemos adivinar el futuro...", que le publicaban varios medios, hacía énfasis a esa traición por parte de Poniatowska.
Curiosamente, cuando la cigüeña se vio en la imperiosa necesidad de realizar un aterrizaje forzoso en Pátzcuaro, Michoacán, para entregarme a mis maravillosos padres, en 1955, justo en ese año, Elena Poniatowska (Hélene Elizabeth Louise Amélie Paula Dolores Poniatowska Amor), nacida un 19 de mayo de 1932 en Paría, Francia, comenzaba sus colaboraciones periodísticas en el desaparecido diario Novedades, actividad que, desde entonces, no ha suspendido a lo largo de su vida, y lo más sorprendente, hoy, al cumplir 94 años de una vida llena de letras, la sigue ejerciendo con regocijo en la columna dominical que le publica el diario La Jornada.

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Hablar de su enorme obra literaria -62 libros publicados-, tiene una marcada orientación social y política, en la cual, destacan sus crónicas bajo la fórmula que ella misma denomina como polifonía testimonial, excelsa actividad literaria que le ha redituado una multitud de reconocimientos y premios nacionales e internacionales, entre los que destaca el Premio Cervantes, que le fue otorgado en 2013.
Una vida entre la crónica, el compromiso social y el cine
Además de sus exitosas obras, Elena Poniatowska se da tiempo para ofrecer un sinfín de conferencias en diversas universidades de México, Estados Unidos, Europa y América Latina. Asimismo, cuando se lo solicitan, accede a escribir prólogos, participa en presentaciones de libros, argumentos cinematográficos, comentarista en radio y televisión, y, por si fuera poco, su tiempo libre lo utiliza como miembro de la junta editorial de la revista feminista Fem, actividad que combina con ser cofundadora de Editorial Siglo XXI y de la Cineteca Nacional. En 2022 participó en la película Benito Pérez Buñuel, dirigida por Luis Roca y producida por Marta de Santa Ana, en donde narra su estrecha relación con el cineasta Luis Buñuel.
Sin lugar a dudas, Elena Poniatowska es una voz autorizada; lo que diga tiene enormes efectos en la vida nacional. Recuerdo que, siendo reportero de EL UNIVERSAL, una tarde lluviosa de verano, tuvo a bien recibirme en su casa de Chimalistac, al sur de la Ciudad de México. Mientras pasaba el torrencial aguacero, me compartía una taza de un exquisito café que le había traído su hijo de un viaje que había realizado por Colombia.
A lo mero macho, la casa de Poniatowska nunca está sola; con sobrada frecuencia recibe la visita de diversos amigos que acuden a platicar con ella, pero siempre lo hacía custodiada por sus entrañables mascotas, dos hermosos gatitos, “Beisy” y “Monsi”; este último salió la mañana de un sábado por las ramas de una frondosa y hermosa bugambilia para nunca más volver, lo cual la puso muy triste.
Ese 28 de julio de 2002, al comentarle que mi mejor regalo de cumpleaños, precisamente, era ir a entrevistarla, me sorprendió mucho al obsequiarme y firmar los 8 tomos que integran la colección Todo México, de su autoría, una muy interesante e histórica recopilación de las mejores entrevistas que realizó para diversos medios de comunicación en los que ha colaborado. ¡Vaya regalo!
Este martes 19 de mayo de 2026, estará cumpliendo sus 94 años de una exitosa vida, insisto, llena de letras e innumerables anécdotas y aventuras. Elena Poniatowska es la sexta mujer en recibir la medalla Belisario Domínguez, máxima presea que se otorga desde 1954 y hasta la fecha como un justo y merecido reconocimiento a personas mexicanas que, debido a sus acciones en beneficio de la nación o de la humanidad, han puesto muy en alto el nombre de México a nivel mundial. Aunque nació en París, por iniciativa propia, en 1969 decidió aceptar la nacionalidad mexicana, y vaya que dondequiera que se presenta demuestra su orgullo y ese enorme amor por esta gran nación.
No hace mucho tiempo, viene a mi mente una amena y cordial entrevista que le hizo el colega y amigo Manuel Feregrino, dentro del espacio televisivo Ciro por la Mañana, a través de la señal de Grupo Fórmula, en donde Elena Poniatowska manifestó que se sentía un tanto triste, dado que el presidente López Obrador decidió no acudir al Senado de la República para entregarle tan importante condecoración, cuando así lo establece el protocolo oficial, y todo porque quien era el inquilino de Palacio Nacional le expresó (vía telefónica) que no acudiría simplemente porque, según él y los demonios que traía dentro, “tenía que cuidar la investidura presidencial” ante posibles reclamos que le pudieran lanzar algunos senadores y/o personas que acudirían a dicho magno evento.
De manera inteligente y oportuna, Manuel Feregrino le recordó a la galardonada que cuando Enrique Peña Nieto fue presidente de México nunca faltó a tan importante evento, no obstante que Peña Nieto también recibió numerosos reclamos, rechiflas y hasta “mentadas de madre” y todo tipo de improperios e insultos, pero supo guardar la cordura; de manera inteligente, cumplió con un compromiso de tal envergadura. A lo que Poniatowska expresó: “Es que es tan fácil tirarlos de a 'lucas' y no pasa nada. En fin, respeto la decisión de López Obrador que me hizo a un lado” (añadió).
A lo mero macho, qué tipo tan malagradecido y cobarde es Andrés Manuel López Obrador, cuando Elena Poniatowska fue una de sus más fieles seguidoras desde que se perfilaba para ocupar la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. Luego, durante las tres veces en que quiso ser candidato a la presidencia de la República, Elena Poniatowska… ¡nunca lo abandonó! Ya no digamos durante su proceso de precampaña y campaña o hasta que asumió la presidencia para el periodo 2018-2024. ¡Le pagó con una puñalada trapera! ¿Qué se puede esperar de un tipo tan cobarde?
Para López Obrador fue tan fácil poner de pretexto que no iba al Senado de la República para cuidar la “imagen presidencial…” ¡Cuál imagen!, si él mismo se encargó de enlodarla y destruirla durante los seis años que estuvo al frente del Poder Ejecutivo Federal. Los hechos ahí están; como jefe del Ejecutivo Federal, ostentando todo el poder que le brindaba ser presidente de México, López Obrador lo único que demostró ser fue un tipo rencoroso, vengativo y lleno de veneno y odio. Quien se encuentra escondido en su residencia “La Chingada”, en Palenque, Chiapas, gozando todo tipo de privilegios que le brindan desde Palacio Nacional… ¡y con cargo al erario público! ¿Le molestó mucho lo que me dijo Elena Poniatowska en aquella histórica entrevista que me hizo el honor de conceder el sábado 16 de enero de 2021 vía Zoom?
¡SEÑOR PRESIDENTE, YA PÁRELE A LAS MAÑANERAS PORQUE HAY UN HARTAZGO NACIONAL! Sin lugar a dudas, Elena Poniatowska tiene todo el derecho de expresar lo que le venga en gana. ¿Le taladraron sus palabras? ¡Solo dijo la verdad! “LAS MAÑANERAS, AUN EN ESTE 'NUEVO GOBIERNO' (extensión de su mandato), SON UNA COMEDIA DE EQUIVOCACIONES”. A lo mero macho, la verdad no peca, pero sí incomoda.
Mi muy estimado lector, le invito para que me acompañe y retomemos algunos fragmentos de esa histórica entrevista, publicada aquel lunes 18 de enero de 2021 y que se convirtió en viral por la claridad de sus palabras: Sin pelos en la lengua, la también sobresaliente activista habla fuerte y claro, dice las cosas tal y como son. La verdad es que resulta un verdadero gusto y halago haber tenido la oportunidad de conversar con ella, sin que pusiera objeción alguna al tocar determinados temas durante el desarrollo de la entrevista exclusiva que me hizo el honor de conceder.
Inclusive, cosas que tenían que ver con su gran amigo Andrés Manuel López Obrador, a quien le dijo de manera directa y tajante: “Señor presidente, ya párele a las mañaneras porque han provocado un hartazgo y nos tienen a todos al borde de la irritación y confrontación nacional”.

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La verdad es que Elena Poniatowska impresiona por su vitalidad y sentido del humor, no obstante que este martes 19 de mayo de 2026 cumple 94 años de edad, así como una exitosa actividad literaria y periodística. Dice verdades de a kilo: “Las mañaneras son innecesarias y hasta contraproducentes. Un auténtico abuso del poder presidencial obligar a periodistas que vayan todas las madrugadas a hacer preguntas a modo”.
—¿Cómo le va en la vida?
—Me va muy bien, muchas gracias, pensando que estoy a punto de cumplir 89 años de vida… (en la fecha de la entrevista citada).
—No me diga eso por favor, aún tiene mucha energía y mucho que escribir…
—Mire Edmundo, son muchos años los que he vivido, sigo trabajando con un enorme gusto a pesar de un grave problema que tengo en la vista.
—¿Una brillante escritora como usted tiene caducidad?
—Ja, ja, ja, qué generoso y caballero es conmigo, mejor dígame ¿Cómo está usted, Edmundo?
—¿De dónde saca tanta energía? Hace televisión, escribe libros, artículos en periódicos y dicta conferencias.
—¡Pues no lo sé! La verdad no lo sé, quizás es una inercia del mismo trabajo que realizo. Aquí sigo encerrada en mi casa, trabajando en mi nueva novela y haciendo mucho periodismo.
—¿Qué se siente ser tan admirada por miles de lectores que tiene por sus libros y trabajos periodísticos?
—Eso que usted dice me llena de alegría y me da mucha fuerza para todo lo que viene en este año que inicia.
—¿Le molesta que le reconozcan su trabajo?
—No es eso; dice el refrán: “Entre gitanos no se leen las cartas”. Usted y yo sabemos perfectamente que la escritura es totalmente solitaria. Es estar completamente encerrados en casa; entonces, esa percepción que usted tiene de mi persona y que me transmite me llena de enorme gusto… ¡pero no la vivo!
—¿Elena Poniatowska cómo le hace para no perder la sencillez?
—El hecho de ser periodista le baja a uno los humos. Mire Edmundo, usted y yo sabemos que, por el simple hecho de ser periodistas, estamos condenados a la espera de un ministro, de un secretario de Estado, inclusive del personaje al que se va a entrevistar.
—¿Somos lacayos del periodismo?
—Ja, ja, ja, no tanto, pero sí es una posición subalterna, sobre todo si uno quiere una entrevista, como le llaman los norteamericanos, off profile, es decir, un poco más larga, con una hora o dos de duración…
—¿Cuántas veces batalló Elena Poniatowska para lograr una entrevista exclusiva?
—Uff, muchísimas veces. Recuerdo que con Luis Buñuel lo busqué en repetidas ocasiones para completar algunos temas, algunas preguntas o respuestas que fueran más exactas a lo que me había dicho inicialmente.
—¿Las grabadoras nos convierten a los reporteros en comodinos o flojos para hacer una entrevista?
—¡Vaya, qué buena pregunta! Déjeme decirle que yo me inicié equipada con una libreta de taquigrafía y un lápiz.
—Elena Poniatowska la periodista, ¿cuántas veces se llegó a equivocar?
—¡Uy!, muchas veces porque describía demasiado la casa o la belleza de Mercedes, la esposa del Gabo (Gabriel García Márquez).
—¿Quién se negó a ser entrevistado por Elena Poniatowska?
—¡Ay, Edmundo!, siempre que vienes a entrevistarme eres el único reportero que me hace hablar como cotorra, te metes hasta la cocina, haces preguntas que no me esperaba, pero me gusta mucho tu astucia. Bueno, como ya sabrás, me inicié como reportera de Excélsior cuando ni siquiera tú habías nacido. Llegué a Excélsior a mediados de 1953; por cierto, eso siempre me lo recordaba Monsiváis.
—¿Cuál fue su primera nota en Excélsior?
—Me inicié en la sección de sociales que dirigía una periodista que ha sido injustamente olvidada: “Bambi” (Ana Cecilia Treviño), que fue la esposa del pintor Alberto Gironella. “Bambi” le dio un nuevo sesgo a la sección de sociales…
—… ¿Era una sección aburrida?
—Es que antes salían puras novias, puras fiestas de quinceañeras, cocteles de políticos que se exhibían ahí; entonces, Bambi cambió todo e hizo que interviniera la cultura en su sección con las colaboraciones de destacados críticos de arte. Me acuerdo de Margarita Nelken, quien tenía muchas dificultades para ver y utilizaba unos enormes lentes cuyos cristales eran como fondo de botella. Las transformaciones que hizo Bambi a la sección de sociales de Excélsior fueron seguidas después por otros diarios de circulación nacional.
—¿Recordar es vivir?
—Me acuerdo de que su tocayo, el cuentista Edmundo Valadés, fue un espléndido director de la sección en los años 50. Posteriormente, María Luisa “La China” Mendoza hizo extraordinarias reseñas de lo que había sucedido en Tlatelolco en 1968, narraciones estremecedoras de cómo había visto ella correr a los estudiantes y cómo se escuchaban los disparos y los impactos en los edificios.
—La Noche de Tlatelolco fue un magnífico libro suyo…
—Pues gracias a “La China” Mendoza, dado que en ese entonces ella vivía ahí, me llevó la mañana del 3 de octubre y las fosas prehispánicas que hay en el parque Santiago Tlatelolco estaban cubiertas de zapatos de mujer, así como zapatos y tenis de los muchachos que se habían echado a correr.
—Cuando estuve en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, don Alejandro Avilés nos ponía a leer “Hasta no verte Jesús mío…”
—Alejandro Avilés fue un extraordinario maestro de jóvenes y un buen director de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, la mejor escuela para ser periodista, misma que rivalizó con la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM.
—¿No me ha dicho quién fue el personaje que se negó a ser entrevistado por Poniatowska?
—En general, nadie se negó porque en ese tiempo era un género periodístico muy novedoso. “Bambi” fue quien inició este tipo de entrevistas en Excélsior y me gustaban muchísimo.
—¿Por qué las entrevistas de Poniatowska eran tan exitosas?
—En esa época, las entrevistas se hacían por teléfono y me di a la tarea de ir a las casas y oficinas para platicar con cada entrevistado; eso fue algo que llamó mucho la atención. Recuerdo que ningún reportero podía ir a la casa de Antonio Ortiz Mena. Este señor nunca abrió la puerta de su casa a ningún periodista; solamente recibía en su oficina como secretario de Hacienda con el presidente Adolfo López Mateos.
—¿Cómo logró convencerlo para que la recibiera?
—Me dijo que no quería que enumerara los cuadros de Diego Rivera ni del Dr. Atl, mucho menos los de José Clemente Orozco, en fin. Había personajes políticos muy destacados que recibían; incluso, en un momento dado, los pintores pagaban sus impuestos en especie, es decir, con cuadros que tenían en su sala.
—Caray, ¿cuántas historias hay dentro de su cabeza?
—¡Uff!, Edmundo, usted me da cuerda y no paro de hablar.
—¿Cuál fue la entrevista que la marcó para siempre?
—La entrevista por la que siempre he sentido mucho cariño es la que le hice a Luis Buñuel…
—¿Qué tenía Luis Buñuel? Decían que tenía un carácter de los mil demonios.
—Lo entrevisté varias veces. En una de esas, su amigo, el poeta colombiano Álvaro Mutis, estaba en la cárcel de Lecumberri. Buñuel me dijo que quería ir a verlo y como sabía que yo escribía historias de vida, con el permiso del general Martín del Campo, un militar extraordinario y atento, me pidió que lo acompañara; así es que fui con él en dos ocasiones, incluso comimos con Mutis.

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—¿Qué comieron?
—Uyy… Compartimos el famoso “rancho”, que es la comida que le sirven a los presos. Era un caldo de res con un hueso enorme; estando comiendo, llegó un “conejo” (eran los presos reincidentes), llega y mete la mano a mi plato y me roba mi hueso…
—¿No le hizo nada a usted?
—¡No! Como a la hora, regresa “el conejo” con el hueso, pero ya había tallado la imagen de una Virgen de Guadalupe.
—¿Cuál fue la reacción de Luis Buñuel?
—¡Ay, Edmundo!, no tiene idea cómo se emocionó Buñuel. Desgraciadamente no encuentro esa Virgen de Guadalupe; la tenía en la sala de mi casa, caray, es una pérdida enorme, es un muy valioso recuerdo. Era una verdadera obra de arte.
—¿Estando en Lecumberri qué más hicieron?
—Buñuel pidió permiso para ir al patio en donde hacían ejercicio los presos, pero solamente para preguntar si era verdad que había enormes cantidades de ratas y quería verlas; los mismos reclusos le decían a Buñuel, una y otra vez, que en la calle había muchísimas más ratas y hasta de dos patas, que allá adentro solo había mucha gente inocente.
—¿Pero no me ha dicho si era tan difícil entrevistar a Luis Buñuel?
—La verdad, era un encanto, aunque siempre colocaba su mano derecha detrás del oído porque no escuchaba bien. Decían que era muy enojón, pero la verdad tenía mucho sentido del humor. Siempre lo acompañaba su mujer, Jeanne Rucar (aunque se le conocía en ciertos círculos), cuando lo entrevistábamos ella decía que, mientras, se iba a dar la vuelta por Félix Cuevas, en la colonia del Valle.
—¿La verdad no se cansa de escribir?
—Pues no… ¿Y tú no te cansas de preguntar? (me cuestiona). Bueno, pues yo tampoco me canso; aparte de escribir mis libros, colaboro todos los domingos en La Jornada y también hago entrevistas, así como tú.
—¿A quién le gustaría entrevistar… a Dios?
—(Suspira profundamente, me observa detenidamente a través de la imagen de su laptop, se rasca suavemente su frente y tomando aire me responde): ¡No!!... ¡para nada!
—¿Por qué a Dios no?
—Pues porque todavía no me muero y además no se me pega la gana morirme. Me gusta entrevistar a la gente común y corriente, a la que siempre he entrevistado. Algunos me piden que los entreviste…
—¿Cómo quién…?
—No le digo… pues personas que conozco, ya sea a ellos mismos o sus familiares, pero según las circunstancias y lo que sucede en ese momento, así es como hago mis entrevistas.
—¿Elena Poniatowska es una periodista “fifí”?
—Es un terrible y muy lamentable error del presidente López Obrador dividir a los mexicanos entre “fifís” o “chairos”.
—¿Con qué fin lo hizo?
—Pues no lo sé. Elena Poniatowska… ¡sí es una periodista “fifí”!… ¿Y…? Hasta un título tengo porque ni siquiera nací en México. Nací en París, Francia, mi apellido proviene de Polonia, pero amo tanto a este bendito país que adopté la nacionalidad mexicana y es un gran orgullo para mí.
—Siendo una periodista “fifí”, ¿qué le hizo seguir, apoyar y hasta defender a AMLO?
—En efecto, soy una de las muchas “fifís”, como él nos calificaba, que lo siguió y deseó que llegara hasta la Presidencia de la República y hasta me alegré enormemente cuando ganó las elecciones.
—¿López Obrador le ofreció que si llegaba a la presidencia usted sería secretaria de Cultura? ¿Una promesa incumplida?
—(Se queda pensativa, en sus labios expresa una ligera sonrisa y con voz pausada me dice): Eso era imposible por el rango de edad. Un secretario de Estado tiene que estar muy alerta, con una edad mental en la que no se le vaya absolutamente nada y que las cosas no le cuesten tanto trabajo.
—¿Qué le pasaba al presidente López Obrador? La mayoría de sus más cercanos colaboradores eran de la tercera edad.
—Pues ni yo misma me lo explico. Para ocupar un cargo de tal importancia no deberían escoger a personas para dirigir una Secretaría de Estado o de enorme responsabilidad y delicadeza si físicamente han rebasado la edad en la que pueden demostrar una absoluta y total eficacia; casi todos ya son de la tercera edad y pasan los 75 años.
—Elena Poniatowska goza de una gran lucidez y podría asesorarlo. AMLO decía que era el presidente de la República más atacado en toda la historia…
—¡Eso no es cierto! Lo que sucede es que él mismo se expone al ataque; habla y habla todos los días en las “mañaneras”.
—¿Ya chole con las mañaneras?
—Estoy plenamente convencida que es un exceso del presidente López Obrador con tantas mañaneras. Es un abuso del poder presidencial obligar a los periodistas que vayan todas las madrugadas a hacer preguntas a modo.
—A lo mero macho, ¿son tan necesarias e indispensables las mañaneras?
—Las mañaneras son innecesarias y hasta contraproducentes.
—Se supone que el presidente diariamente quiere informar algo nuevo…
—No puede haber una noticia nueva día tras día; siempre repite lo mismo.
—Hay más de 50 millones de mexicanos que trinan en contra de AMLO…
—¡Y con justa razón! Se ha llegado a un grado de hartazgo nacional y de cansancio.
—¿Si pudiera hablar con él qué le diría o aconsejaría?
—Le diría: ¡Señor presidente, ya párele con las mañaneras! ¿Acaso no se da cuenta de que hay un hartazgo nacional?
—¿El presidente cree que todos sus críticos son totalmente viscerales?
—Es que el presidente López Obrador estaba en un tremendo error al pensar que sus críticos están llenos de odio, de saña y con intenciones oscuras.
—¿Con el simple hecho de criticarlo cree que le exigen su renuncia?
—¡No! Al contrario. Debería aceptar el buen consejo, porque la verdad los he leído y debería tomar sus buenos consejos.
—Usted que es su gran amiga, ¿por qué no le aconseja?
—Es que no le hace caso a nadie. Ahora es sumamente más difícil acercársele, verlo y hablar con él.
—¿Qué giro debió darle López Obrador a las mañaneras?
—Darles un mayor sentido de información; una vez a la semana y con eso basta…
—¿Un desgaste innecesario y de confrontación?
—¡Exacto! Es que el presidente López Obrador ya nos tiene a todos al borde de la irritación social.
—¿Un grave y doloroso deterioro de la imagen presidencial?
—¡Es que las mañaneras se han convertido en una comedia de equivocaciones desde el emblemático Palacio Nacional! Además, en nada le favorecen ni al propio presidente ni mucho menos al país.
—¿Es válido que el presidente utilice toda la fuerza que le da la investidura que representa para denostar y destruir a quien no concuerde con él?
—¡No! Yo creo que cualquier ser humano, finalmente, es indestructible, a menos que quiera que lo destruyan y tenga esa capacidad de autoeliminarse.
—¿En México es delito ser periodista?
—¡No, no y no! Creo que un periodista es un informador, un hombre profundamente enamorado de su país. Digo que ama a su país porque sigue paso a paso sus acontecimientos día tras día y se convierte en un participante de la vida social.
—¿De verdad piensa que Carlos Monsiváis ya viene por usted?
—En repetidas ocasiones he sentido que “Monsi” ya viene por mí, pero aún no se me pega la gana morirme y le digo que me espere otro tantito.
—¿Qué siente ser entrevistada cuando normalmente usted es la que hace las preguntas?
—Quiero decirte que conocí a Edmundo Cázarez muy, pero muy chavito; siempre andaba corriendo por todos lados. Me caía muy bien por su esfuerzo, por su entusiasmo, por su curiosidad de aprender más. Me acuerdo que llegaba sin aliento a “cubrir” las órdenes que le daban en los muchos periódicos en los que ha trabajado y lo hacía con verdadero sentido periodístico y con la gran ilusión que demostró desde los 16 años de llegar a ser un buen periodista. De informar bien, pero dentro de todo eso hay un enorme sacrificio y posponer su vida personal. Me siento muy halagada de ser entrevistada por Edmundo Cázarez.
—Ups, muchas gracias por sus hermosas palabras, es un inmerecido elogio para mí…
—He leído tus entrevistas y debo reconocer que eres un extraordinario entrevistador, hasta me siento desplazada.
—Por último, ¿escribirá sus memorias?
—Siempre hay algo de uno mismo en los libros que escribe…
—Muchas gracias por su tiempo y paciencia, ¿desea usted agregar algo más?
—La que tiene que dar las gracias soy yo; me dio muchísimo gusto volver a verlo y platicar con usted. Cuente con todo mi afecto y admiración. Lo felicito por el trabajo tan profesional que realiza al servicio de sus lectores, lo cual es un enorme privilegio.
De esta manera y desde este espacio, expreso mi más sincera felicitación con todo el afecto, admiración y respeto a Elena Poniatowska al cumplir sus 94 exitosos años de una vida llena de letras. Muchas felicidades, Elena Poniatowska. ¡Continúe escribiendo y caminando tan campante!
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