La Ciudad de México es, por definición, un estruendo constante (un fenómeno acústico que para el ingeniero mecánico y maestro en ciencias Helios Ocaña posee una estructura matemática capaz de convertirse en música).
En exclusiva para EL UNIVERSAL, el creador de contenido detalla cómo ese caos urbano puede ser decodificado y transformado. Lo que comienza como una curiosidad técnica, se transforma en un mapa interactivo donde cada unidad del Metrobús (al avanzar por las arterias de la capital) activa una nota de organillo.
Este proceso digital permite la creación de una composición infinita y aleatoria que refleja el pulso vivo de la metrópoli en tiempo real.
Originalmente, Ocaña buscaba trabajar con la red del Metro por ser el "corazón" de la ciudad, pero se enfrentó a un muro tecnológico: la ausencia de datos en tiempo real. "El Metro es mucho más significativo, pero tiene problemas con los datos (solo podemos saber las líneas, pero no dónde están los trenes)", explica el desarrollador.
Esta limitación lo llevó al Metrobús, una infraestructura que, aunque más moderna en su apertura de información, aún presenta retos de accesibilidad para el ciudadano común.

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La traducción del espacio físico al entorno digital
El pasado 13 de mayo, Helios Ocaña compartió un proyecto nacido de su pasión por la cartografía: un mapa interactivo para observar el sistema de transporte capitalino bajo una lente sonora. El proceso detrás de esta herramienta implicó resolver un desafío fundamental de la cartografía moderna: cómo representar un espacio tridimensional en una interfaz de dos dimensiones sin perder la esencia de la realidad.
De acuerdo con el desarrollador, siempre que se realiza una traducción de dimensiones "tienes que perder algo de información", un concepto que lo llevó a experimentar primero con la altimetría de las estaciones, antes de llegar a la sonorización.
A diferencia de los mapas estáticos, esta plataforma utiliza la API (interfaz de programación de aplicaciones, por sus siglas en inglés) de la Ciudad de México para recibir la ubicación de las unidades. Para evitar que el mapa pareciera una sucesión de fotografías fijas, Ocaña implementó un complejo proceso de interpolación. Debido a que los datos llegan cada 30 segundos, el sistema asume que el vehículo avanzó de forma constante entre el punto A y el punto B. "Si no hiciera esto, verías saltos bruscos en el mapa; la interpolación permite que el usuario vea un flujo constante, aunque exista un ligero retraso natural de los datos", detalla el ingeniero.
Del caos de la ciudad a la armonía del organillo
El reto de la musicalidad algorítmica
Uno de los puntos críticos del desarrollo fue la selección de sonido. La intención original de Ocaña era asignar a cada línea un ruido icónico de la capital (como es la campana de la basura o el sonido del afilador), pero el resultado fue un caos que dificultaba la escucha.
La solución llegó al elegir el organillo, un instrumento que forma parte del patrimonio sonoro mexicano y que, por su naturaleza polifónica permite integrar múltiples capas de sonido sin saturar al usuario.
Para que la experiencia no fuera una colección de notas al azar, el ingeniero aplicó conceptos de teoría musical, confinando los datos a una escala específica para asegurar que, sin importar qué estación se activara, existiera una armonía mínima.
"Se parpe los diferentes timbres del organillo: una parte toca la melodía otra los bajos y otra los acordes" detalla Ocaña, logrando que el sistema funcione de manera similar a una improvisación de jazz, donde hay libertad, pero bajo una estructura definida.

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La deuda de los datos abiertos y la infraestructura pública
A pesar del éxito viral y la recepción estética, el proyecto pone sobre la mesa una discusión necesaria sobre la transparencia y la calidad de la información pública. Aunque los datos del Metrobús son técnicamente públicos, Ocaña señala que la falta de documentación y las barreras de acceso (como la necesidad de registros específicos) dificultan que más ciudadanos desarrollen soluciones de análisis. El ingeniero relata que obtener el acceso a la API fue un proceso tortuoso que requirió múltiples intentos y correos institucionales.
"Si los datos fueran más accesibles, ya habría propuestas como la que yo hice", afirma el entrevistado. Según organizaciones especializadas en tecnología y gobernanza, como la World Wide Web Foundation, la utilidad de los datos abiertos no reside solo en su disponibilidad, sino en su capacidad de ser interpretados por cualquier persona sin conocimientos técnicos extremos.
Helios Ocaña es enfático en que su proyecto no busca resolver problemas de planificación urbana todavía, sino abrir la conversación sobre la calidad de la información. "Si hubiera una mejor documentación, tendríamos un montón de cosas más chidas construidas por mucha gente", concluye el autor, quien espera que su mapa sea un recordatorio de que la infraestructura humana aún tiene un largo camino hacia la precisión total.
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