La sostuvo que las familias buscadoras necesitan ser escuchadas y por ello es indispensable que las autoridades actúen con responsabilidad, eficacia y sensibilidad, pues necesitan instituciones que acompañen, escuchen, investiguen y respondan.

A través de su editorial Desde la Fe, indicó que las familias buscadoras realizan jornadas de búsqueda sin apoyo de las instituciones, arriesgando su vida y salud, sufriendo ansiedad, estrés, depresión e inestabilidad económica.

“Nadie debería atravesar un dolor así (…) Hay dolores que una sociedad no puede permitirse normalizar y las desapariciones en México son uno de ellos”, dijo.

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“Cuando vemos una ficha compartida en redes sociales, una mujer que sostiene una fotografía en una marcha, o una madre que cava con sus propias manos en un terreno baldío, existe detrás una familia o una comunidad rota a causa de una herida muy dolorosa”, agregó.

Adicionalmente, señaló que “hablar de personas desaparecidas se comprende mejor cuando pensamos en ausencias que duelen todos los días y en familias que viven atrapadas entre la esperanza y la incertidumbre”.

En ese sentido, recordó que, como parte del acompañamiento que realiza la Arquidiócesis Primada de México a familias buscadoras, mantuvo un encuentro con representantes de algunos colectivos en el que compartieron el cansancio emocional que provoca sentirse atrapadas en promesas que no se cumplen y en acciones que inicialmente parecieran abrir caminos de esperanza, pero que terminan ampliando todavía más su frustración.

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Destacó que en esa reunión pidieron a la Iglesia acompañarlas en ayudar a sensibilizar y visibilizar esta problemática y mantenerse cerca de ellas en su lucha cotidiana y en su dolor, pues reprocharon que muchas veces, además de cargar con la ausencia de un ser querido, deben enfrentar la indiferencia, el prejuicio y el abandono institucional.

“La justicia no puede quedarse detenida entre trámites, discursos encontrados o estrategias que se anuncian con fuerza, pero que no terminan traduciéndose en resultados que den certeza a las familias buscadoras”, expresó.

“Es una tarea que nos corresponde a todos. Como ciudadanos, como vecinos, como creyentes, como seres humanos, estamos llamados a no cerrar los ojos ante el sufrimiento ajeno”, añadió.

“A ejemplo de Cristo, acompañemos a quienes más nos necesitan. Abramos el corazón para escuchar el dolor de las familias buscadoras, para acompañar su esperanza, y sostener su grito que exige justicia”, concluyó.

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