Naucalpan, Méx.- Para varias jóvenes de entre 20 y 27 años, la violencia contra las mujeres no comenzó en la adultez, sino en la infancia y la adolescencia. Sus testimonios señalan que las primeras experiencias ocurrieron en la familia, la escuela, la calle o incluso en entornos cercanos.
Los relatos coinciden en un punto: muchas de estas situaciones no fueron identificadas como violencia en el momento en que ocurrieron.
Años después, al hablar del tema o recibir información sobre violencia de género, varias de ellas comprendieron que lo vivido formaba parte de distintas formas de agresión que comenzaron desde edades tempranas.

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Marisela Giles, de 26 años de edad, recordó que tenía 8 años cuando fue abusada sexualmente por su papá biológico.
“Hasta los 14 años me di cuenta que eso había sido una agresión. Sentía que algo no estaba bien, ya después me llené de coraje”, comentó.
Marisela contó que no hubo consecuencias legales porque ocultó la situación debido a que no sabía cómo externarla a sus familiares.
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“Hasta que tuve mi primer novio, a los 18 años, que me dio la confianza de decirle a alguien todo lo que había pasado. Al otro día le dije a mi familia, mis primos, mis tíos, tías y mi mamá. Mi mamá me dijo que sí me creía pero a pesar de eso se fue a vivir con él”, contó Marisela.
En el 2019, Marisela fue al psicólogo pero no sintió apoyo, “solo me comentó que las personas hacen cosas y no tiene nada que ver contigo, pospuse las emociones y no pasó nada seguí con mi vida normal”.
Karen de 22 años recuerda que la primera vez que sufrió violencia fue a los 10 años, en cuarto de primaria, por su profesor.
“Tuve un profesor que decía que las niñas no podíamos ser buenas en matemáticas por ser mujeres. Tenía tendencias de acosar a las niñas, era un maestro muy violento”, comentó.
Fue a los 18 años cuando Karen se acordó de aquel momento durante una plática sobre violencia, mientras cursaba el bachillerato.
“Ese suceso vino a mi memoria. Sentí raro al darme cuenta que era violencia y que eso me afectó, me di cuenta que sí marcó un antes y después en cómo me sentía segura ante dar mi opinión en clases”, externó.
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Johana Morales de 20 años de edad recordó que fue a los 15 años cuando sufrió por primera vez el acoso en las calles, el cual se incrementó conforme ella iba creciendo.
“Desde el acoso, el chiflido y los tocamientos en la calle, en el transporte público”, relató, al señalar que a esto se está sumando la violencia digital.
“En las redes sociales, hay una cantidad de fotos de miembros que envían los hombres. Es grotesco. No puedes subir una foto en traje de baño porque empieza el acoso”.
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Sin embargo, Johana recordó que en su casa la violencia no ha sido física, sino cotidiana y vinculada a roles de género.
“Mi papá no tiene que recoger ni su plato sino yo por ser mujer”.
Keny Zavala, de 27 años, recordó que las primeras señales de violencia aparecieron en su infancia, dentro de su propio hogar, cuando tenía alrededor de siete años.
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“Desde casa como a los 7 años, tenía que cuidar a mi hermano o atenderlo. Cuando no lo hacía, recibía reproches. Me decían que era mala hermana por no atenderlo, que era mi responsabilidad”.
Kenya comentó que durante años asumió esa situación como algo normal, hasta que a los 25 años logró identificarla.
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