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Zapatero, el oficio que le da vida al calzado en León

Jesús Ortega cuenta que lleva medio siglo en el popular barrio del Coecillo, el más antiguo y de tradición de la ciudad; en toda su vida ha reparado cerca de un millón de pares, en promedio son entre 70 y 80 diarios

A sus 60 años, con esa habilidad que le ha dado la práctica, en unos minutos Jesús Ortega cose, pega y clava para dejar como nuevos los zapatos. Foto: Xóchitl Álvarez / EL UNIVERSAL
18/01/2026 |01:31
Xóchitl Álvarez
Corresponsal en GuanajuatoVer perfil

León.— Con el yunque entre las piernas, sentado y martillo en mano, Jesús Ortega, el Zapatero Remendón, como es conocido, cuenta que lleva medio siglo en el oficio en el popular barrio del Coecillo, el más antiguo y de tradición zapatera en la ciudad de León, ; “y seguimos trabajando, no nos rajamos”, presume.





En los locales 39 y 40 del Mercado La Luz, a unas cuadras de la central camionera, en toda su vida ha reparado cerca de un millón de pares de . En promedio son entre 70 y 80 diarios que cose, pega, remplaza suelas, tacones, cierres, “...que un parecito, una costurita, o algo así... algo rápido”.

A su negocio acuden clientes de diferentes colonias, así como de otros municipios o entidades y hasta artistas que buscan arreglos especiales, como elevar 2 o 3 centímetros más el tacón o la reparación de calzado de pieles exóticas de gran valor. “Me trajeron unas botas de oso hormiguero. Carísimas. Un par anda entre 25 y 30 mil pesos”. Les cambió las suelas.

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Mucha gente lo conoce porque le dice que lo han visto en internet. “Yo casi no le hallo a las redes sociales. Llegan personas y me dicen: ‘Oye, te vi en el video tal, y te traigo aquí este bonche de zapatos o de botas’, y esto y lo otro”, comparte.

Atento al público, pausa la entrevista con EL UNIVERSAL para recibir de una joven un par de zapatillas rotas; las sostiene, siente la piel, les da la vuelta, y en una rápida mirada sabe qué hacer; la mujer le pregunta: ¿Cuánto me cobra por éstas? Veinte pesos, le responde.

A sus 60 años, con esa habilidad que le ha dado la práctica cotidiana, en unos minutos cose, pega y clava para volver útil el accesorio que pareciera estar destinado a la basura.

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Zapatero a tus zapatos

El famoso Remendón conoce a detalle cada uno de los elementos de fabricación de diversos estilos de calzado: de niño, caballero, dama, deportivo, así como de chamarras y bolsas de mano, sean populares o de marca.

Con esa experiencia se da el lujo de afirmar a otro cliente: “Eso no tiene reparación”, sin siquiera tocar una bolsa de piel sintética despellejándose. “Zapatero a tus zapatos”, revira por el intento de la marchanta que gastó en un producto que “pega de locura” para habilitarla.

Originario del vecino municipio de San Felipe Torres Mochas, pero “Panza verde” por adopción, es especialista en pieles; sabe de inmediato si es natural o sintética, si es de res o exótica, su valor y por lo mismo cuánto puede cobrar. Nunca trabajó en fábricas ni asistió a cursos. Comparte que todo lo que sabe es por herencia de su padre y el aprendizaje de vida.

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Estudió hasta la secundaria, pero conoce las técnicas para elaborar calzado “desde cero” y lo ha hecho, pero prefiere la actividad de remendón. Para poder reparar unos mocasines, tenis, botines o huaraches, por ejemplo, se necesita conocimiento de cortes, suelas, cosido, bordado, tachuelas, remaches, pegamento, cierres, herrajes o pigmentos.

A los siete años, al lado de su papá, inició sus pininos en el oficio, rodeado de cientos de pares de calzado; se hizo cargo del taller a los 19 años, cuando se casó. De niño lo mandaban al taller de su casa como “castigo” por andar jugando en el río de los Gómez, enfrente de la zona conocida como El Bordo, por ser zona de mujeres que se dedicaban al sexoservicio.

“Como yo vivía aquí en el Malecón [cerca del mercado], donde están las ‘chicas buenas’, por ahí a un ladito, hacía algo y me traían para acá, con mi papá… me la pasaba yo bien suave en el río; y hacía una avería: ‘¡Véngase, vámonos con su padre!’”, recuerda.

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Y así fue como comenzó su historia, en medio de otros puestos de venta de materia prima para la elaboración de calzado y la cual cuenta con pasión: “Ni tiempo tenemos de almorzar ni de comer; un taquito, una mordida a la torta y seguimos y así. Pero yo digo: Bendito sea Dios que tenemos trabajo”.

Anécdotas

Desde su trinchera, don Chuy, como le dicen sus vecinos comerciantes, se siente orgulloso de pertenecer a la industria tradicional, identidad a León, que se forjó desde el surgimiento de talleres familiares de calzado, también conocidos como “picas”, que persisten a la fecha.

Este mercado y los establecimientos ubicados a lo largo de la calle La Luz son fuente de abasto de todo tipo de materiales para la elaboración de artículos de piel; proveedores de pequeños fabricantes o picas, como aquellas de las surgieron empresas de prestigio en esta ciudad, que este 20 de enero de 2026 cumple 450 de su fundación.

A su negocio acuden clientes de diferentes colonias y municipios, hasta artistas que buscan arreglos especiales, como la reparación de calzado de pieles exóticas. Foto: Xóchitl Álvarez / EL UNIVERSAL

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“Nada más estiro la mano y tengo todo lo que lleva el calzado: pieles, forros, clavos, cintas, hormas. Y lo mejor es que todo está aquí cerca y a buenos precios”, comenta el famoso Remendón.

A pesar de mostrarse serio, no deja de hacer sus chascarrillos con sus ayudantes La Chely y Óscar, éste quien puso pintura y lustró unos zapatos en menos de tres minutos, dejándolos brillantes. Ella, con gran habilidad en la máquina de pespuntar, en cinco minutos reparó unos tenis tipo Converse descosidos que le llevó un chavo, quien se fue feliz del lugar. Por el trabajo pagó 30 pesos y le dejo 20 de propia.

También le hizo un arreglo de cocido al cordón de una bolsa de mano marca Calvin Klein, que a la clienta le costó 4 mil pesos, según manifestó; y llevó otra Michelle Lacoste original de su hija para que le pusieran nuevo cierre. 20 pesos por una y 30 por la otra.

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Una señora se presentó ante don Chuy con unos huaraches de piel, nada más la pura suela y los tacones pelados; le indicaron que le pondrían tiritas, herrajes y forrado de tacones para rehacerlos y el servicio se cotizó en 90 pesos.

El oficio ha brindado a don Jesús satisfacciones personales y para su familia, de tal manera que de aquí ha salido para sostenerla y darle una carrera a sus hijos, quienes ni de chiste se acercan al puesto, dice en tono de broma. Comenta que tiene dos hijas y dos hijos, uno que le ayudaba en el puesto, pero se recibió de ingeniero, “y ya ni para nada quiere venir para acá”.

Lo cierto, es que su decisión es que todos sus hijos estudiaran para que “no estuvieran en un oficio tan matado”.

En medio siglo de labor acumula múltiples anécdotas. Una de ellas que recuerda como si fuera una fotografía fue la representación que hizo el actor Ignacio López Tarso de un zapatero remendón en el Mercado La Luz, en el local que había otro reparador de zapato de más al fondo.

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Mientras con una filosa cuchilla desbasta el sobrante de una suela recién pegada a una bota vaquera, describe que de esa escena aún tiene en la memoria la actuación de Lucha Villa y David Reynoso, quienes cantaban al lado del remendón del filme.

“Vinieron a hacer una película... yo tenía como ocho años y vi el ‘gentillazo’ que estaba hasta el fondo, porque había otro zapatero remendón, un señor ya grande; y yo ahí me metí y vi que estaba Ignacio López Tarso… con éste (y simula que coloca un zapato en el yunque), con la ropa de remendón y su babero y estaba ¡pum-pum-pum! (ejemplifica con el ademán de clavar tachuelas).

“Y ahí estaban las cámaras, esas grandotas con unas patotas largas… y ahí estaba cantando Lucha Villa, con los mariachis en hilera y David Reynoso, cantándole a Ignacio López Tarso y él zapateando los zapatos”. De eso hace como cerca de cincuenta años”, se emociona.

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Otra más, cuando se quedó boquiabierto con la belleza de una mujer, de la que dijo: “Esta sí es artista”, quien acudió a su taller para pedir elevar el nivel del tacón de unas botas. Él está seguro que quien la acompañaba era el actor español Antonio Banderas, de quien supo que en ese tiempo filmaba una cinta en la ciudad de San Miguel de Allende.

Recuerda, “como si fuera ayer”, que le pidieron terminara el trabajo solicitado ese día y que volverían antes de que cerrara su taller. Al hacerlo, ellos quedaron contentos, preguntaron por el costo y hasta le dieron una jugosa propina a él y a sus ayudantes; y hasta los guardias del mercado alcanzaron.

Agrega que artistas locales que lo han visitado, únicamente ha sido el comediante leonés Teo González, el de la Cola de Caballo; pero La Chely lo corrige diciéndole que también vino El Jota Jota, igualmente comediante y actor.

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