De entre las 32 entidades federativas en las que están distribuidas las 6 mil 460 bibliotecas públicas que hay en todo el país, el Estado de México y la Ciudad de México se ubican entre las entidades con mayor número de bibliotecas públicas con 629 y 364 bibliotecas, respectivamente, en operación, y son sin duda, las dos entidades con el primero y segundo lugar con mayor número de habitantes.
Entre la alcaldía Coyoacán, en la Ciudad de México, y el municipio de Chimalhuacán, en el Estado de México, geográficamente hay alrededor de 35 kilómetros de distancia entre una demarcación y otra, pero a nivel cultural la brecha es muy amplia. Dentro de la Zona Metropolitana del Valle de México, Coyoacán es la alcaldía con mayor infraestructura cultural mientras que Chimalhuacán es el segundo municipio más densamente poblado —sólo después de Nezahualcóyotl—, pero es el más pobre en espacios culturales.
Según cifras oficiales de la Dirección General de Bibliotecas de la Secretaría de Cultura federal, en Coyoacán existen 19 bibliotecas públicas para sus 614 mil 447 habitantes, según el Censo de Población del INEGI de 2020, lo que representa una biblioteca por cada 32 millones de sus habitantes, en tanto, en Chimalhuacán, hay 10 bibliotecas para los 705 mil 193 pobladores, que significa que por cada 70 mil habitantes hay una biblioteca pública. Aunque forman parte de la misma Red Nacional, los rige la misma normativa y están muy lejos de los estándares de modernización, la situación y problemáticas que enfrentan son muy distintas.

En Coyoacán, aunque el acervo es como en todas, muy desactualizado, los servicios que ofrece no están acorde con las nuevas necesidades de los usuarios y falta una mayor eficacia del personal para acercar a sus lectores, su infraestructura y mantenimiento tiene espacios más grandes, con potencial y más “vivos” porque varios de ellos se ubican incluso dentro de parques y zonas culturales.
En tanto que en Chimalhuacán, a pesar de ser área metropolitana, hay carencias más visibles en sus recintos bibliotecarios, no sólo tienen el mismo rezago en acervos —la última colección que les recibieron fueron mil 500 libros de la Colección Biblioteca Centenaria 2021—, además enfrenta falta de mantenimiento, sus encargados no son bibliotecarios profesionales o están sin capacitación, y se ubican en inmuebles no aptos y carecen de internet; aunque algunos tienen computadores, a veces les falta agua y luz, y no tienen recursos para la adquisición de acervos y para mantenimiento de las diez bibliotecas que dependen en su totalidad del municipio. En Chimalhuacán no hay ninguna otra biblioteca estatal ni regional ni de alguna institución.
Alejandra Quiroz, experta en bibliotecas, asegura que, al tratarse de espacios bibliotecarios públicos, las adquisiciones deberían responder a las necesidades de la comunidad y a la misión de la biblioteca, evitando incorporar acervos demasiado especializados o poco pertinentes para sus usuarios. “Las bibliotecas deben responder a las características de su comunidad: no es lo mismo atender a una población mayor que a una con muchas familias con niños pequeños. La experiencia profesional es importante, pero debe sustentarse en el conocimiento de los usuarios y eso no ocurre en México”.

Ambas demarcaciones son parte de la crisis en la que está estancada la más importante red de infraestructura cultural que tiene México y que celebraban como la más grande red de bibliotecas públicas de América Latina. Sin embargo el contraste es tremendo.
Una encargada de las bibliotecas públicas de Chimalhuacán, que reserva su identidad por temor a represalias, asegura que, a la actual administración de Chimalhuacán, que es de extracción del Movimiento de Regeneración Nacional, no le interesan las bibliotecas del municipio y que muchas carecen de alumbrado, mantenimiento, personal y vigilancia.
Un diagnóstico realizado en las bibliotecas de Coyoacán al que EL UNIVERSAL tuvo acceso, concluye que se trata de bibliotecas que en términos de funcionamiento se mantiene una operación bajo los lineamientos de la DGB y, en particular, la Ley General de Bibliotecas, legislación que determina la forma de operación tripartita entre los tres niveles de gobierno.
“Las bibliotecas de Coyoacán son un retrato muy fiel de la diversidad de territorios geográficos, pueblos, economías y habitantes. Se encuentran ubicadas en distintos extremos de la alcaldía; esto permite hablar de un equilibrio en cuanto a su distribución en las zonas de la demarcación, el centro, Culhuacán, y Santa Úrsula/Santo Domingo”, señala el estudio.
Se encuentran, agrega, en lugares singulares: mercados, el centro de la misma demarcación, parques naturales y recreativos, calles de barrio, entornos de centros comunitarios o culturales. “Esa diversidad es una de las riquezas y potencial del conjunto”. Dice que algunas presentan necesidades de mantenimiento, como corrección de goteras y humedades, sin embargo, este análisis quiere centrarse en su potencial cultural y social”.
Rezago cultural
Alejandra Quiroz insiste en el tema de los acervos y la selección de los temas de acuerdo con las comunidades que atienden las bibliotecas. “En muchos casos, los acervos están desactualizados y las renovaciones dependen de las compras realizadas por la Dirección General de Bibliotecas, que suelen ser insuficientes. También hace falta actualizar de manera periódica los diagnósticos sobre las comunidades usuarias para que los servicios evolucionen junto con ellas”, afirma, y agrega que es verdad que hay personal de la DGB que ha participado en formación y ayudas de organismos como Iberbibliotecas, pero desafortunadamente estas experiencias no se han traducido en transformaciones sustantivas para el servicio de las bibliotecas públicas. “Es una deuda histórica en el país”.
Otra bibliotecaria que pide el anonimato señala que “hay espacios bonitos pero por falta de interés. Estos espacios terminan abandonados y a nadie le interesan, comenzando por la federación, que le echa la bolita al estado, y si el estado tampoco tiene la voluntad política o tiene el deseo pero no el presupuesto o falta voluntad y presupuesto, este es el resultado...”
Dice además que realmente es muy compleja la Red Nacional de Bibliotecas Públicas, y quienes deberían de estar laborando en ellas, es decir los licenciados en bibliotecología, biblioteconomía o ciencias de la información, no lo hacen, y ni siquiera las ven como opción para realizar su servicio social.
Lo deseable, no sólo para las bibliotecas de Coyoacán o de Chimalhuacán, con poblaciones profundamente distintas, sino para las 6 mil 460 bibliotecas que aún sobreviven de la Red Nacional de Bibliotecas —que en los últimos años ha cerrado mil 16 espacios—, sería tener un listado general de libros para todas las bibliotecas, y que los encargados de cada espacio puedan personalizar/ adecuar un porcentaje de la colección a sus comunidad, con base en el precepto de que el servicio de las bibliotecas públicas es una manera en que el gobierno garantiza los derechos culturales de la ciudadanía, concluye Quiroz.
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