En México, 2.5 millones de personas se dedican al trabajo doméstico remunerado; 90.2% son mujeres y perciben en promedio 3 mil 829 pesos mensuales, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, por lo que especialistas advirtieron que estas condiciones reflejan una deuda social en su reconocimiento y derechos laborales.
Andrea Kenya Sánchez Zepeda y Leticia Aparicio Soriano, académicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), señalaron que aunque ha habido avances como la seguridad social obligatoria, contratos escritos, jornadas limitadas, vacaciones y aguinaldo, aún no se ha consolidado un trato igualitario ni el respeto social hacia este sector.
De acuerdo con las cifras oficiales, además de la marcada feminización del sector, solo 9.8% de quienes realizan este trabajo son hombres. En términos educativos, el promedio es de ocho años de escolaridad y 5.4% no cuenta con instrucción alguna. En cuanto a ingresos, las mujeres perciben en promedio 3 mil 767 pesos mensuales, mientras que los hombres ganan 4 mil 399 pesos.

Sánchez Zepeda subrayó que más allá de los avances legales, aún falta reconocimiento social: “Se carece todavía de un reconocimiento básico de estas labores fundamentales que representan parte del cuidado y del sostén de la vida”.
Añadió que las reformas no serán suficientes sin exigibilidad: “Los cambios legislativos son ficción si no hay quienes los exijan y sin mecanismos de participación con responsabilidad”.
Por su parte, Leticia Aparicio, académica y mujer del pueblo Nahua del Valle de Tehuacán, Puebla, enfatizó que la sociedad mantiene una deuda histórica con este sector y alertó sobre la carga de estigmas raciales.
“Trabajadora del hogar no es igual a indígena… Hay mujeres indígenas en la ciencia, en la academia, empresarias”, afirmó. No obstante, reconoció que persisten estereotipos profundamente arraigados: “Vincular a las mujeres indígenas con el servicio doméstico es una cuestión muy racializada”.
La especialista también señaló que términos como “la chacha” o “la muchacha” reflejan prácticas discriminatorias que aún prevalecen. Además, destacó que este trabajo sigue altamente feminizado: “Este rol de género está cargado hacia las mujeres; conozco pocos hombres en este ámbito”.
Ambas académicas coincidieron en la necesidad de fortalecer la visibilización, la defensa de derechos laborales y la promoción de la equidad, tareas en las que el trabajo social tiene un papel clave.
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