La Iglesia católica anunció que del próximo 30 de enero al 1 de febrero se realizará el Segundo Diálogo Nacional por la Paz en Guadalajara, que convocará a más de mil participantes, entre académicos, especialistas, víctimas de la violencia, comunidades religiosas, representantes de gobierno, entre otros, y donde propondrá asumir tres actitudes fundamentales: mirar, interpretar y actuar.
“Mirar la realidad sin eufemismos ni evasiones; interpretar con responsabilidad qué prácticas sí contribuyen a reconstruir el tejido social y a fortalecer la justicia; y actuar mediante compromisos medibles en el tiempo, más allá de coyunturas políticas o calendarios sexenales”, expresó.
A través de su editorial Desde la Fe, destacó que dialogar no significa negociar la dignidad humana ni pactar con la impunidad, “dialogar es construir juntos las condiciones para que la justicia sea posible y para que la seguridad no sea un privilegio de unos cuantos”.

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En ese sentido, recordó que el Diálogo Nacional por la Paz surgió como una iniciativa inspirada en los valores del Evangelio y caracterizada, desde su origen, por la centralidad de la escucha y enfatizó que a lo largo de estos años el proceso ha articulado equipos y esfuerzos locales en distintas regiones del país.
Añadió que este esfuerzo ha hecho de la escucha y el diálogo un método exigente que interpela a todos los ciudadanos, “porque escuchar implica reconocer a las víctimas como el centro de cualquier esfuerzo de pacificación, no como una cifra más, y aceptar que sin verdad, justicia y reparación para ellas no puede haber una paz auténtica ni duradera”.
Además, recordó que el asesinato de los padres jesuitas Javier Campos y Joaquín Mora, junto con el guía de turistas Pedro Palma, en Cerocahui, Chihuahua, en junio de 2022, “no dio lugar a una respuesta de confrontación ni de violencia, sino a una convicción más honda: que la sangre de las víctimas no podía ser estéril”.
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“De ese dolor nació la decisión de convertir la indignación en una apuesta por la paz, que se construye cuando las comunidades vuelven a hablarse, cuando el Estado asume plenamente su obligación de garantizar seguridad y justicia, y cuando la sociedad deja de alimentar la violencia con indiferencia, normalización o miedo”, dijo.
“Desde su misión evangelizadora, la Iglesia propone la paz como una vocación. Oramos para que el clamor nacido en Cerocahui no se diluya con el paso del tiempo, sino que se transforme en un compromiso nacional por escuchar, dialogar y actuar, hasta que la paz se convierta en una realidad”, concluyó.
mahc/LL
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