Ante la Copa Mundial de la FIFA 2026, la Iglesia católica hizo un llamado a cuidar, observar, escuchar y acompañar a los jóvenes con el objetivo de fortalecer los vínculos familiares y construir entornos seguros para niñas, niños y adolescentes.
A través de su editorial Desde la Fe, indicó que la pasión por el futbol puede convertirse en una oportunidad extraordinaria para convivir en familia, compartir emociones y construir recuerdos, “pero también puede convertirse en un periodo en el que, entre pantallas, horarios alterados, chats, videojuegos, apuestas disfrazadas de entretenimiento y una sobreexposición digital cada vez más agresiva, dejemos de mirar a nuestros niños y adolescentes”.
En ese sentido, advirtió que “la fractura de los vínculos familiares comienza con silencios prolongados, aislamiento, irritabilidad, insomnio, necesidad excesiva de privacidad o una dependencia cada vez más intensa del celular y otras veces aparecen en forma de ansiedad, enojo constante o desconexión emocional”.

Recordó que hace unas semanas la Comisión para la Protección de Menores de la Arquidiócesis Primada de México organizó la Semana del Buen Trato Infantil y de Personas Vulnerables, un ciclo de conferencias en el que especialistas, educadores y expertos compartieron herramientas concretas para fortalecer los vínculos familiares y construir entornos seguros para niñas, niños y adolescentes.
Al respecto, destacó que se debe fortalecer la idea de que el buen trato no consiste solamente en evitar la violencia, sino en generar vínculos sanos, cercanos y emocionalmente presentes.
“Un niño protegido no es aquel que tiene una puerta cerrada o una contraseña segura. Es aquel que sabe que puede hablar, que se siente escuchado, que encuentra adultos atentos a sus emociones y capaces de detectar cuando algo no está bien”, dijo.
Por ello, enfatizó que no se trata de satanizar las plataformas digitales o querer marcar la pauta en avances tecnológicos, “pues desde la Iglesia queremos recordar que ninguna innovación puede llamarse progreso si hiere la dignidad humana, y que ninguna pantalla puede sustituir la presencia humana, la conversación familiar y el acompañamiento afectivo”.
“Probablemente uno de los grandes riesgos de nuestro tiempo sea pensar que porque nuestros hijos están dentro de casa, automáticamente están seguros. Sin embargo, hoy muchas amenazas atraviesan la puerta sin pedir permiso y llegan directamente a una habitación, a un teléfono o a unos audífonos”, expresó.
“Cuidar a los niños exige volver a sentarnos junto a ellos e interesarnos genuinamente por aquello que ven, escuchan, juegan y sienten”, concluyó.
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