El uso continuo de dispositivos electrónicos por parte de niños, adolescentes y jóvenes los ha hecho crear su propio lenguaje usando emojis y memes, sustituyendo letras o simplemente empleando notas de voz, en lugar de la escritura. Para algunos especialistas, esta manera de expresarse afecta la construcción profunda de una idea y reflejo de la calidad en la enseñanza, pero para otros, responde a la rapidez con que quieren hacer llegar el mensaje.
Algunos expertos argumentan que esa práctica le está dando preferencia a la rapidez del texto en mensaje en cualquier dispositivo, por encima de la construcción gramatical, lo que está dañando el comunicarse a través de la palabra escrita.
Para Jeanett Reynoso Noverón, integrante del Instituto de Investigaciones Filológicas, y con un doctorado en Lingüística por la UNAM, este tipo de comunicación empleada por los adolescentes y jóvenes se ha consolidado como un lenguaje paralelo que este grupo poblacional utiliza no sólo para comunicarse, sino para construir identidades, reforzar vínculos y, en algunos casos, transmitir mensajes que escapan a la comprensión adulta.

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Los emojis, stickers, gifs y memes son parte de la comunicación cotidiana en medios sociales, y son usados con significados específicos por infantes, adolescentes y jóvenes. De acuerdo con un estudio realizado hace algunos años por la Universidad de Michigan, México se ubica entre los cinco países que más usan emojis en el mundo.
Reynoso Noverón explica que para los adolescentes y los jóvenes las redes sociales no sólo son medios de comunicación, sino espacios donde crean y reinventan nuevas formas de expresión.
“Este fenómeno ha dado lugar a un lenguaje que, aunque a menudo es informal, refleja los valores, intereses y modos de interacción de las nuevas generaciones”, dice.
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Menciona que el lenguaje de ese sector en las redes sociales es reflejo de su creatividad, sus valores y su capacidad para adaptarse a un entorno digital en constante cambio. Y sostiene que mientras que algunas expresiones pueden parecer pasajeras, muchas otras se consolidan y se incorporan a la lengua popular mostrando cómo las nuevas generaciones transforman la comunicación en un mundo hiperconectado.
“Hay quienes aseguran que se deforma el idioma con ese tipo de lenguaje escrito, y les escandaliza que se corten palabras, que no pongan acentos, que se utilicen emoticones, que se reduzcan las palabras, que utilices siglas, pero la realidad es que los adolescentes y los jóvenes se está adaptando el lenguaje a las nuevas condiciones de comunicación de inmediatez (…) de rapidez”, dice.
Contrario a esos señalamientos, Erik Avilés, académico del Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación José María Morelos, asegura que el hecho de que los estudiantes se comuniquen mediante las herramientas que proveen los dispositivos electrónicos aminora las posibilidades de que dominen las habilidades tradicionales del lenguaje: escritura, comprensión lectora, expresión oral y escucha.
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“No resulta difícil deducir que esta es una poderosa razón por la cual sistemas educativos nacionales y comunidades escolares están prohibiendo el uso de celulares, dispositivos electrónicos, plataformas y redes sociales no necesariamente construidos para finalidades educativas”, refiere Avilés.
Asegura que recientes estudios han demostrado que existen fuertes rezagos en comprensión lectora por parte de quienes emplean este tipo de lenguaje, lo que evidencia menor dominio del castellano de los mínimos esperados.
Aclara que la actualización constante de dispositivos electrónicos, plataformas y redes sociales proveen de nuevas formas de comunicación constantemente a sus usuarios, ante cuya dinámica reaccionan rápidamente niñas, niños, adolescentes y jóvenes.
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“Emojis, avatares, videos, audios y toda clase de neologismos arriban en cascada a disposición de sus interlocutores, generando un costo de oportunidad respecto al lenguaje escrito tradicional de nuestro idioma”, destaca.
Juan Alfonso Mejía, extitular de la Secretaría de Educación Pública y Cultura de Sinaloa, considera que no hay que satanizar la tecnología por el uso de este tipo de lenguaje escrito en distintas plataformas digitales.
“La tecnología no está inventando realidades. Lo que hace es que magnifica algo que ya existe. Un niño, una niña, un adolescente o un joven, por ejemplo, podría estar enfrentando deficiencias en su espacio escolar, donde no están leyendo lo suficiente, donde no están escribiendo, donde no está intercambiando o argumentando con sus compañeros y se refleja en el uso de la tecnología o en el celular. Pero no es el uso del celular lo que tenga ese niño o a esa niña en esa baja calidad de aprendizaje”, esgrime.
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Desde su óptica, es acertada la tendencia mundial y que está poco a poco entrando en México: limitar el uso de los celulares en los planteles. Y es que comenta que es importante darle al espacio escolar toda su dimensión para poner atención en la enseñanza, profundizar en las realidades y fomentar la interacción entre los estudiantes.
“El teléfono celular y esta lógica de la red social está diseñada para la rapidez, la superficialidad y el aislamiento. Ya hay estados, como Querétaro, que entró a esta dinámica, pero hay países que entraron muy fuerte, como España, como Australia y algunos países nórdicos”, menciona.
“Pero no hay que confundir el hecho de que hay un bajo aprovechamiento, una pobre utilización del lenguaje, con que un niño, niña, adolescente o joven utilice la ‘k’ en lugar de la ‘q’. Más bien, es la falta de ese espacio escolar que profundice en las realidades o en ejercicios que te ayuden a redactar mejor, a leer más, a comprender, pero no culpemos a los dispositivos electrónicos de ello”, enfatiza Juan Alfonso Mejía.
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Janneth Trejo Quintana, integrante del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE) de la UNAM, expresa que según estudios, el uso de este tipo de lenguaje es un fenómeno de adaptación que busca la eficacia en la comunicación.
“Para los lingüistas, por ejemplo, este es un ‘fenómeno natural’ porque justamente habla de la adaptación que siempre ha existido en nuestras formas de comunicación. Ahora, el problema podría existir si la comunicación formal se ve afectada de manera importante por esta comunicación informal, lo que aún no existe”, señala la investigadora.
Explica que cada generación tiene ciertas palabras y formas de comunicarse que los distinguen de la generación previa, lo que se llama cronolecto.
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“Hay palabras que identifican a generaciones y esto siempre ha existido. La forma en como nos comunicamos los que nacimos en los [años] 80 es diferente a los que nacieron en los 2 mil, y los que nacieron en los 70, y así sucesivamente. Siempre ha habido también una crítica de las generaciones más viejas hacia la forma de expresarse de las nuevas”, dice.
Al respecto, Cimenna Chao, directora general de Planeación Estratégica e Innovación de la Universidad Iberoamericana (Ibero) de la Ciudad de México, asegura que en la práctica del texting o de la escritura de mensajería rápida se omite la puntuación, abreviaturas de palabras o sustitución de letras, que se están trasladando a la escritura académica.
“Gramaticalmente, empezamos a ver que este tipo de respuesta rápida o de escritura rápida se traslada a la escritura académica. Y si llevamos esto a una cuestión más profunda, ahora nos comunicamos en textos breves o con sustituciones ideográficas como los emojis o simplificaciones fonéticas (...) vemos cómo se empieza a afectar también la construcción narrativa o la construcción profunda de una idea o de un desarrollo narrativo”, indica.
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Desde su perspectiva, el peligro está en que se empiece a deteriorar todavía más esta práctica de la escritura, ya no solamente en su forma gramatical, sino en el desarrollo de una idea o de una narrativa.
“Aquí lo que es importante en este tema no es tanto la tecnología, sino que ese tipo de lenguaje que han creado los jóvenes deteriora las capacidades de lectoescritura e incide en la falta de práctica sostenida de escritura extensa”, advierte la experta Cimenna Chao.
“Creo que con el uso de emojis, memes y todas esas herramientas que están disponibles en las redes sociales y esa manera de comunicarse de los niños y de los jóvenes se está afectando la lectocomprensión, por un lado. Es decir, si yo voy a privilegiar la expresión de ideogramas, por ejemplo el uso de emojis, por encima de la expresión de una idea, bueno, pues estoy también simplificando mi capacidad de expresión cognitiva, y al mismo tiempo estoy también limitando o probablemente omitiendo significados en la interpretación de esa idea desde el lado del receptor”, expone.
Cimenna Chao advierte que si estas prácticas de simplificación gramatical y narrativa se sostienen o se dejan pasar en los contextos educativos, se estaría abriendo la puerta a un deterioro mayor de las capacidades de escritura y de comprensión.
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