El pensamiento mágico y la superchería quedaron plasmados en uno de los libros de texto gratuitos que estuvieron a cargo del exdirector de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública (SEP), Marx Arriaga. Se trata del libro de tercer grado de secundaria Múltiples lenguajes, colección Nanahuatzin, en cuyas páginas se encuentra una narración con ilustraciones de Carlos Javier Melgar Rincón que aborda la invocación de seres a través de rituales.
De acuerdo con el artículo 3º en su fracción II, inciso c) de la Constitución, “el criterio que orientará a esa educación se basará en los resultados del progreso científico, luchará contra la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios”.
En la historieta titulada Mitch que se encuentra en la página 50 a 57, narra cómo Jackheel, un niño de nueve años que siempre ha estado solo y sufre de acoso escolar, decide crear a su propio amigo basándose en un libro que encuentra en la biblioteca de su papá.

Para ello, realiza un ritual reuniendo el cráneo de lo que parece ser una cabra, su propia sangre, “como en cualquier ritual, ya saben”, y un juguete que lo hacía feliz.
“Cada cosa tenía un motivo: el cráneo era la forma, la sangre era para que se relacionara conmigo y la pelota porque me hizo feliz… por un tiempo”, dice Jackheel.
De esa conjunción de elementos apareció un gato con una sonrisa macabra y dientes afilados.
“No podía creer lo que había logrado. No tengo idea de dónde salió ese libro de rituales, pero doy gracias al destino por encontrarlo entre los libros antiguos de mi papá. Lo había logrado, creé a mi mejor amigo”, dice el niño.
Sus padres descubren al animal. La madre,horrorizada, pregunta: “¿Qué diablos es eso?”. El padre exige saber: “¿Dónde encontraste esa… cosa?”. Y luego: “¿Y qué? Dios mío, hijo, ¿qué hiciste?”.
Los padres deciden deshacerse de la criatura. Al día siguiente, al regresar de la escuela el niño se encuentra tres diferencias al entrar a su casa: las luces estaban apagadas, había total silencio y el gato seguía ahí, pero no sus padres.
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“Por primera vez en años sentí que todo estaba bien. Aunque la verdad es que absolutamente nada estará bien”, dice el menor.
Para Érik Avilés, académico del Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación José María Morelos, el artículo tercero constitucional es norma vigente, clara y vinculante al establecer explícitamente que la educación pública debe luchar contra la ignorancia, los fanatismos y los prejuicios.
“No hay interpretación que permita conciliar ese mandato con un libro de texto que narra, con ilustraciones y todo, cómo un niño invoca a un ser utilizando un cráneo, su propia sangre y un ritual. No hay ni pedagogía crítica ni pensamiento complejo ni mucho menos multiculturalismo: nos encontramos ante superchería destilada, introducida por la puerta grande del Estado ante las conciencias infantiles de las generaciones en formación, financiada con recursos públicos”, señala.
Asegura que Marx Arriaga no conocía la ley, “o si la conocía la despreciaba. Cualquiera de las dos posibilidades lo descalifica por completo para el cargo que ocupó. Pero, más allá de la responsabilidad personal de este funcionario, hay una cuestión de fondo que no podemos perder de vista: los niños y jóvenes de este país tienen derecho a aprender”.
Resalta que un derecho real y exigible no puede ser secuestrado por los dogmatismos de ningún signo, ya sean religiosos, ideológicos o de pensamiento mágico disfrazado de narrativa.
“Los estudiantes mexicanos merecen libros que los armen con razonamiento científico, pensamiento crítico y herramientas reales para comprender y transformar el mundo. No textos que los introduzcan, en plena edad formativa, a la lógica de los rituales y las invocaciones como si fueran caminos válidos para resolver la soledad o el acoso escolar”, comenta.
Y enfatiza que un niño que sufre bullying necesita que el Estado le ofrezca estrategias de convivencia, acompañamiento socioemocional basado en evidencia y una comunidad escolar que lo proteja, “no una historieta que le sugiera, sutil pero claramente, que la respuesta está en un libro de rituales encontrado entre los viejos papeles del papá. Eso no es educación, es apología del abandono con ilustraciones”.
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