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Johannesburgo.— Con la mirada empañada, entre frustración y alivio, Valérie Leduc deja el mostrador en el aeropuerto de Johannesburgo con la esperada y cotizada plaza en un vuelo de vuelta a Bélgica, vía Adís Abeba, dentro de tres días.
Los viajeros en Sudáfrica, ansiosos por volver a casa, se esfuerzan por encontrar la fórmula para eludir las restricciones que caen en cascada tras el descubrimiento anunciado de ómicron. Esta belga, de 30 años, se sienta en un café en la terminal de aeropuerto con su amigo Sander Verstraelen y repasa sus últimas 24 horas, ultra estresantes.
Su vuelo inicial a Amberes transitaba por Zúrich, pero Suiza cerró sus puertas a todos los no ciudadanos procedentes de Sudáfrica, incluso por correspondencia. Los nuevos boletos de avión le costaron mil euros cada uno.
Muchos otros transitarán por otros países africanos, como Etiopía o la República Democrática del Congo, que aún no condenaron a Sudáfrica, haciendo malabarismos entre exigencias complejas y pruebas PCR de último minuto.
Muchos europeos hacen fila para registrarse en un vuelo de la tarde a Adís Abeba. “Al principio intentamos cambiar nuestro billete, pero no era posible”, cuenta Laura Herde, estudiante berlinesa que se disponía a salir de excursión con amigos cuando se enteró del cierre de las fronteras una tras otra. “Tuvimos que comprar otros boletos y elegimos partir en el primer vuelo posible”, explica.
Un grupo de geólogos alemanes espera delante de una tienda donde se realizan pruebas anti-Covid. Segundo PCR en dos días. No equipado para tal afluencia, el centro se quedó sin tinta y por lo tanto sin datos. “No pueden imprimir nuestros resultados ni enviarnos un correo electrónico”, señala Robert Giebel, de 36 años, exasperado. “Ahora necesitamos una prueba PCR de menos de 24 horas”, cuando hace unos días bastaba con un certificado de vacunación.
En otra fila, una sudafricana de 26 años frunce el ceño, visiblemente disgustada. Nica Kruger ha estado en el aeropuerto desde el amanecer e intenta por todos los medios reunirse con su pareja en Dubái antes de que sea imposible.
Pero los vuelos del día están llenos. “Es un desastre total”, clama con lágrimas en la voz. “Ethiopian Air, Kenya Air, Mauritius Air, pregunté a todas las empresas y no hay plazas”.
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