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Funcionarios del gobierno de Donald Trump, del arquitecto de la política migratoria Stephen Miller al secretario de Guerra, Pete Hegseth, se están mudando con sus familias a residencias tradicionalmente reservadas al ejército, reportaron este jueves medios estadounidenses.
La revista The Atlantic señaló que Miller se ha convertido en el funcionario más reciente en sumarse “a una lista cada vez mayor de altos cargos políticos que viven en viviendas militares en el área de Washington, donde están protegidos no solo de la violencia potencial, sino también de las protestas”.
La lista incluye a Hegseth, a la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, al secretario de Estado, Marco Rubio, al secretario del Ejército, Dan Driscoll y a otro funcionario de la Casa Blanca cuyo nombre no revela The Atlantic “por motivos de seguridad relacionados con una amenaza extranjera específica”.
El diario estadounidense The New York Times destaca que si bien en el pasado algunos funcionarios de la Casa Blanca han vivido en residencias militares, resulta inusual que tantos miembros del gabinete y otros funcionarios se muden se muden a zonas militares en un periodo de tiempo tan corto.
El Times señala que se desconocen las razones de estas mudanzas, aunque The Atlantic menciona que ocurre en un contexto de crecientes denuncias de violencia política y de protestas.
Recuerda que, por ejemplo, en el caso de Miller, durante semanas su casa en Arlington, Virginia, fue escenario de protestas y que un grupo llamado Arlington Neighbors United for Humanity le advirtió en una publicación de Instagram: “Sus esfuerzos por desmantelar nuestra democracia y destruir nuestra red de seguridad social no serán tolerados aquí”.

Hegseth se mudó a Quarters 8, en Fort McNair, en la llamada “Calle de los Generales”, en Washington D.C., que ha sido tradicionalmente la residencia del subjefe del Estado Mayor del Ejército. Rubio se mudó cerca de allí, aunque en su caso su familia decidió quedarse en Florida.
El Times cita a un funcionario de Defensa, según el cual, Hegseth está pagando 4 mil 655.70 dólares al mes (casi 86 mil 500 pesos) por vivir allí este año.
Según The Atlantic, Noem se mudó de su apartamento en Washington D. C. a la residencia designada para el comandante de la Guardia Costera en la Base Conjunta Anacostia-Bolling, al otro lado del río desde la capital, después de que el medio Daily Mail describiera dónde vivía.
Driscoll, señala la revista, ahora vive en la Base Conjunta Myer-Henderson Hall, junto al Cementerio Nacional de Arlington.
Más allá del tema de seguridad, The Atlantic plantea otra preocupación: estas mudanzas se suman a otras acciones de la administración de Trump que, considera, “difuminan las fronteras tradicionales entre el mundo civil y el militar”.
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El mandatario estadounidense, alega el medio, “ha convertido al ejército en un elemento mucho más visible de la política nacional, desplegando fuerzas de la Guardia Nacional en Washington, Los Ángeles y otras ciudades gobernadas por demócratas. Ha decretado que esas ciudades deben utilizarse como ‘campos de entrenamiento’ en la batalla contra el ‘enemigo interno’”.
Adria Lawrence, profesora asociada de estudios internacionales de la Universidad John Hopkins, coincide. En declaraciones a la revista The Nation, dijo que alojar a asesores políticos en residencias militares transmite el mensaje de que un partido político concreto es dueño del ejército.
“En una democracia sólida, lo que se desea es que el ejército defienda al país en su conjunto y no solo a un partido”, señaló.
desa/mgm
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