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Con Nicolás Maduro fuera de la jugada, los ojos de Donald Trump se enfocan ahora en Cuba. “No habrá más petróleo ni dinero yendo a Cuba”, advirtió el mandatario estadounidense, en lo que representa un torpedo cuyo blanco es una isla en uno de sus momentos de mayor debilidad.
La muerte de los 32 escoltas cubanos no sólo fulminó el anillo de seguridad más importante de Maduro; también acabó con la leyenda de invencibilidad de esa unidad de élite. Y confirmó lo que La Habana había negado una y mil veces: la presencia de sus militares más aguerridos en un país extranjero.
Trump sintió la profundidad de la herida y apretó aún más su mordisco. “Venezuela ahora tiene a Estados Unidos, el ejército más poderoso del mundo, ¡por mucho!, para protegerla y los protegeremos. No habrá más petróleo ni dinero yendo a Cuba, ¡cero! Recomiendo encarecidamente que hagan un acuerdo antes de que sea demasiado tarde”, anunció el inquilino de la Casa Blanca.
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La fuerza de Trump se hace sentir en una Cuba duramente golpeada. Hugo Chávez y Fidel Castro inventaron a principios de siglo el esquema de petróleo por personal cubano para Venezuela, médicos y entrenadores deportivos que se sustituyeron en buena parte por militares y agentes de inteligencia, fundamentales en el círculo de seguridad de Maduro. A cambio, el chavismo enviaba más de 100 mil barriles diarios de petróleo a la isla.
Al final de año se hacían las cuentas y a Chávez le tocaba apretar varios miles de millones más.
El derrumbe chavista provocó que la cantidad de crudo descendiera paulatinamente hasta los 27 mil actuales. La cuestión es que La Habana revendía parte de ese petróleo, sobre todo a China, para de esa forma obtener dólares para sus arcas vacías, mientras otros socios, Rusia y México, reemplazaban el oro negro venezolano con el envío de 30 mil barriles diarios.
Este mecanismo de sumas y restas ya dejaba un déficit diario de 20 mil barriles, lo que repercutía directamente en las plantas eléctricas de la isla. Ahora, con el nuevo statu quo petrolero en Caracas, Cuba necesita que alguien supla 45 mil barriles diarios, en momentos en que ya sufre apagones constantes.
La Navidad de 2025 ha sido la más oscuras del siglo: más de 62% del país se quedó sin corriente eléctrica. Se trató del tercer récord en sólo siete días. Ahora, los apagones amenazan con prolongarse todo el año en la isla.
Seis de las 16 unidades de producción termoeléctrica operativas están fuera de servicio por averías o mantenimientos. Esta fuente de energía supone de media en torno a 40% del mix energético en Cuba. Además, 96 centrales de generación distribuida (motores) no están operando por falta de combustible (diesel y fueloil). Y unas 15 más están paradas por falta de lubricantes.
Varios cálculos independientes estiman que serían precisos entre 8 mil y 10 mil millones de dólares para sanear el sistema eléctrico.
Los prolongados apagones diarios lastran la economía, que se ha contraído más de 15% desde 2018, según distintos cálculos, y han sido el detonante de las principales protestas de los últimos años.
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Los esfuerzos del gobierno cubano para avanzar en el ámbito de la energía solar, con un plan para instalar un centenar de parques con una potencia instalada total de 2 mil megavatios, pueden contribuir a aliviar los apagones, pero no a cerrar la grieta entre producción y demanda. Hasta el momento han entrado en funcionamiento 33 del medio centenar de parques solares que se iban a construir este año. Pero el petróleo sigue siendo indispensable para la sobrevivencia cubana.
Las justificaciones gubernamentales se repiten una y otra vez: el embargo aplicado por Estados Unidos, alega el régimen de Miguel Díaz-Canel, es el culpable de todos los males en la isla.
“Quienes culpan a la revolución de las severas carencias económicas que padecemos deberían callar por vergüenza. Saben son fruto de las draconianas medidas de asfixia extrema que Estados Unidos nos aplica hace seis décadas y amenaza con superar ahora”, repitió Díaz-Canel frente a las advertencias de Donald Trump el domingo.
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Los cubanos, mientras tanto, se dedican a sobrevivir o a emigrar: desde la rebelión popular del 11 de julio de 2021 (11-J), cuando miles de cubanos salieron a las calles en decenas de localidades del país para exigir electricidad, medicinas, comida, libertad y democracia, en torno a 2 millones de cubanos, en su mayoría jóvenes, han buscado una nueva vida lejos de la isla.
Quienes se quedan padecen no sólo por los apagones, sino por la difícil situación económica y la represión. De acuerdo con la ONG Prisioners Defenders, hasta el 10 de julio de 2025 había en la isla mil 158 prisioneros políticos, de los cuales 752 fueron detenidos por manifestarse pacíficamente el 11J.
“El régimen cubano no tiene ninguna viabilidad en el actual planteamiento geopolítico y de seguridad de Estados Unidos. Durante décadas ha sido un factor de desestabilización en el exterior y, hacia lo interno, altamente represivo y empobrecedor. La gente sufre mucho y, por primera vez, percibe que puede haber un cambio real e inminente. La élite cubana tiene la oportunidad de aceptar una salida política para el régimen”, resumió para La Nación Yaxys Cires, director de estrategias del Observatorio Cubano de Derechos Humanos.
En declaraciones a Martí Noticias, el politólogo Ricardo Israel señaló que muchos en Estados Unidos esperan que en Cuba “caiga por su propia ineficiencia el régimen”. Sin embargo —añade—, existe un temor en Washington: “Que se repita la Experiencia del Mariel [1980] y que cualquier alteración del orden público y la caída del régimen lleva a centenares de miles de cubanos llevados por los barcos de sus propios compatriotas a Miami y a otros lugares de las costas de Florida”. Con información de agencias.
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