Oaxaca.— Hace cinco años, Isela Aguilar Monjaraz decidió continuar con el cultivo del café en Candelaria Loxicha, una localidad de la sierra sur de La actividad económica la heredó de sus abuelos.

Cuando inició tenía 30 años y hasta entonces se había dedicado al campo en la finca de sus abuelos; pero a diferencia de ellos, quienes sólo vendían su producto en grano, ella decidió ser emprendedora y darle un valor agregado al crear su marca propia.

Su camino, sin embargo, no ha sido fácil. Durante estos años uno de los principales problemas que ha enfrentado son las plagas, el cambio climático y los daños causados por los fenómenos naturales, como los huracanes.

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En Oaxaca son cada vez más las mujeres que se dedican a la producción de café, y muchas de ellas han logrado avanzar en la creación de sus propias marcas, obteniendo premios por la calidad de su producto, considerado café de especialidad. La mayoría de las productoras son originarias de los municipios de Pluma Hidalgo, San Mateo Piñas, San Agustín Loxicha y Candelaria Loxicha, además de Santa María Huatulco y Santa María Yucuhiti.

Durante el encuentro Tejiendo alianzas por el café, realizado en la ciudad de Oaxaca, las mujeres productoras de café afirmaron que enfrentan la vulnerabilidad productiva, es decir, daños severos en cafetales e infraestructura como invernaderos y suelos que redujeron drásticamente la productividad y los ingresos familiares.

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Así como el aislamiento comercial por el deterioro de caminos y puentes que interrumpe la conexión con mercados clave como Huatulco, dejando a las productoras sin canales de venta estables.

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Finalmente, la sobrecarga de cuidados. Esto porque los desastres naturales incrementaron las tareas de rehabilitación y cuidado en el hogar, restando tiempo a las mujeres para sus y participación comunitaria.

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“Desde hace cinco años entré a esto del café, porque mis abuelitos sí son productores. Ellos se dedican al campo, tienen su propia finca y pues nos dedicamos al trabajo del campo. Mis abuelos antes se dedicaban a la venta de café, pero siempre me vendían su producto en grano”, platica Isela Aguilar.

Candelaria Loxicha es una población ubicada en la sierra sur de Oaxaca considerada de muy alta marginación. Aquí, alrededor de 20% de la población se dedica a la producción del café, pero tienen otros productos agrícolas relevantes como el cacao, el plátano y la guanábana.

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Para Isela Aguilar, el principal problema es el cambio climático, la falta de apoyo de las autoridades y pocas variedades de café. Pero sostiene que el café es una buena opción económica.

“El café sí deja, pero sabiéndolo manejar, porque mis abuelos nos sacaron adelante gracias a eso, pues porque ellos no emigraban ni nada, entonces ellos se dedicaban al campo”, recuerda.

La creación de una red de mujeres productoras de café permitió a Isela tener acceso a cursos y talleres, a partir de los cuales decidió crear su propia marca y dar un valor agregado a su producción.

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Macrina Almaraz

Macrina Inés Almaraz José se dedica al café desde niña, cuando ayudaba en las tareas del campo a sus abuelos y padres. Hoy, su producto es considerado de especialidad por el alto puntaje que alcanza.

Originaria de San Agustín Loxicha, asegura que siempre le llamó la atención el campo y por eso lo sigue trabajando, tanto en el café como en la producción de miel.

“Me gusta trabajar el campo, tener vivo el campo y desarrollar todos los trabajos desde el campo, desde el semillero, los viveros embolsados y de ahí la parcela, el mantenimiento de la parcela en café”, expresa.

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Agrega: “Vivir en el campo es tener casi todo, porque en la parcela hay plantas para consumir, frutas para consumir, por ejemplo, plátano, guayaba, manzana, limón, son los que se dan en la parcela, y de las plantas comestibles está el quelite, chepil, calabacitas, pues bien fácil, sí la he vivido bien. Me gustó el campo y lo sigo trabajando”.

En San Agustín Loxicha, dice, no es común que las mujeres hereden la tierra. Generalmente son los hombres quienes continúan con las labores del campo porque son ellos a quienes les dejan la tierra, pero en su caso y en su familia, afortunadamente no es así.

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Mujeres oaxaqueñas crean sus propias marcas de café
Mujeres oaxaqueñas crean sus propias marcas de café

“En mi familia, gracias a Dios, no ha pasado eso. Los hombres y las mujeres hemos tenido esa tranquilidad de trabajar cada uno por su parte. Sí hay donde les dejan el terreno a los hombres, a puros hombres nada más, pero gracias a Dios que yo no he sufrido eso”, reconoce Macrina.

Asegura que aunque el café es bonito, si se vende a granel no es la misma ganancia. Fue a través de talleres que aprendió a obtener un precio justo por su producto, así como darle un mayor valor a través de los puntajes y los diferentes sabores.

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Macrina Almaraz empezó a vender su café tostado, molido y en bolsitas, con dos y hasta 10 kilos, desde hace cuatro años.

“Primero empecé con producción para bienestar, con una etiqueta pequeña, con información pequeña en bolsas blancas, y poquito a poquito con los talleres que se fueron dando mejoré la etiqueta porque tenía una etiqueta simple que decía café de Loxicha”, menciona.

Admite que ha enfrentado obstáculos no sólo como productora sino también como mujer, pues ha tenido que dejar sola a su familia para poder salir de su comunidad. “Tengo el apoyo de mi familia, de mi esposo y de mi mamá. Toda la familia, me apoya cuando salimos”, menciona.

Los fenómenos naturales y el cambio climático —lamenta— también se convierten en un problema porque afectan la producción; no obstante, dice que es cuestión de saber vivirlo porque los huracanes y el clima han cambiado demasiado.

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Por eso, señala que es necesario aprender a estar atenta a las noticias y a prevenir ante este tipo de eventos naturales.

“Estar atentos a la información, y sí es difícil porque estamos en una zona que llueve muchísimo. Yo sí invito a las personas que estén atentas de algo que venga, no dejarse ahí encerrados porque sabemos que estamos en una ladera, sabemos que estamos cerca del río, del arroyo y es cuestión de salir y buscar ayuda”, recomienda a su comunidad.

A tan sólo cuatro años de iniciar su proyecto y crear su propia marca, Macrina Almaraz ha obtenido diversos reconocimientos por la calidad de su café, principalmente en la variedad conocida como Geisha, cuando en una competencia realizada en la capital del estado obtuvo el segundo lugar, luego de que su café tuvo un puntaje de 85.

En 2025 volvió a participar y nuevamente quedó entre los mejores puntajes. Y actualmente, de vender dos o tres kilos, vende más de 60 kilos, además de que es adquirido por diversas cafeterías.

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Prácticas agroecológicas

No sólo la ampliación de la cadena productiva y la creación de su propia marca ha trascendido el café de las mujeres oaxaqueñas. Su producción también ha adquirido un mayor valor agregado por las prácticas agroecológicas que implementan y que están directamente relacionadas con sus enseñanzas ancestrales, y no requieren el uso de fertilizantes.

Una de las formas orgánicas que trabajan y que ayuda a la conservación del suelo, explica Isela Aguilar, es la siembra en curvas y posteriormente el “cajeteo” que se realiza en las plantas para su mantenimiento.

“El cajeteo consiste en escarbar atrás de las matitas, para que la mata conserve la humedad. Todo lo que se hace es sin ningún tipo de fertilizante, es todo natural, es una forma de cuidado del suelo”.

Isela expresa que —para ella— su principal motivación al crear su marca fue darle un valor agregado a su café y así obtener mejores precios, mejor calidad en su producto, dar a conocer el trabajo del campo y poner en alto el nombre de Candelaria Loxicha.

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