Tlapa de Comonfort.— En el jaripeo ranchero no existen reglas definidas, por lo tanto hay niños y adolescentes que arriesgan su vida por dinero y por la adrenalina de montar un toro de más de 600 kilos.
El espectáculo que generan las corridas de toros muchas veces trae glorias, pero también finales funestos en los que los montadores pierden la vida a consecuencia de los duros golpes de los sementales.
En la región de la Montaña hay alrededor de 20 “palomillas” de jinetes de toros que se emplean durante las fiestas patronales de los pueblos y municipios del estado de Guerrero, Puebla y Oaxaca.

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Muchos de esos jinetes son menores de edad que sortean los peligros de la monta de toros. Uno de ellos es Gael Ayala, mejor conocido como El Charrito de Buena Vista, originario de la comunidad de Buena Vista, en el municipio de Alpoyeca Guerrero, un joven que dejó el futbol por la adrenalina de montar toros de reparo.
Su debut en el ambiente profesional se dio a los 14 años, aunque al principio su familia le prohibía esta práctica.
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