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Desde las calles aledañas del Auditorio BB se notaba que más que un concierto, era un reencuentro generacional de jóvenes que crecieron en el 2000. A más de una década de su auge, Kudai volvió a la Ciudad de México con un show que funcionó como maquina del tiempo a la adolescencia de quienes crecieron con sus canciones.
Aunque originarios de Chile, México fue uno de los territorios donde la banda, integrada por Bárbara Sepúlveda, Gabriela Villalba, Pablo Holman y Tomás Manzi, consolidó su impacto. Desde entonces, sus letras sobre conflictos emocionales, identidad y relaciones los colocaron como un referente del pop juvenil en español en América Latina.
A pesar de haber sido asociados con la estética emo de la época, el grupo ha insistido en que nunca se asumió dentro de esa etiqueta: sus canciones, más que responder a una corriente, retrataban experiencias cotidianas.
Ese vínculo se reactivó con su regreso a los escenarios capitalinos. La audiencia que los escuchó en televisión abierta, radio, discos físicos y reproductores digitales llegó con un objetivo claro, volver a cantar esas canciones que marcaron una etapa. La expectativa se cumplió desde el arranque.
Erik Canales, vocalista de Allison, abrió el concierto y preparó el terreno para lo que siguió. Minutos después, Kudai apareció en el escenario y activó de inmediato la respuesta del público con “Morir de amor”, “Tal vez”, “Disfraz” y “Tú”.
Un ejemplo de revivir la nostalgia fue la canción “Quiero mis quince”, un guiño colectivo a una época donde esas canciones formaban parte de la vida diaria, donde las niñas soñaban con su fiesta de quince años y Kudai aparecia en todas las portadas de las revistas juveniles del momento.
“¿No les duelen las rodillas? Porque las mías ya no son de quince años…¿Se la están pasando bien, México?”, dijo Pablo, provocando risas y una respuesta inmediata del público.
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Kudai regresa con nuevos temas
La alineación presentada en el escenario mantuvo a los integrantes principales, con la ausencia de Nicole Natalini, quien no forma parte de la gira tras convertirse en madre, aunque se prevé su incorporación en futuras fechas. Aun así, el concierto no se sostuvo únicamente en el pasado. Kudai también incluyó material reciente, reflejo de una nueva etapa en la que buscan integrar sus cinco voces.
“Cuando Kudai hizo esta canción la hicimos pensando en las cosas que estábamos viviendo, y ahora cobra mucho sentido. Hoy hace más sentido que nunca. Así que, si te la sabes, canta con nosotros”, dijo Pablo Holman antes de “Lejos de la ciudad” uno de los temas más coreados de la noche.
Durante sus años de mayor actividad, Kudai pasó largas temporadas en México, país donde consolidaron buena parte de su carrera y donde construyeron una relación cercana con su público. Hoy, Pablo Holman reside en el país, mientras el resto mantiene una conexión constante con esta audiencia que los adoptó desde sus inicios.
“Algunos están lejos de su casa, por ejemplo, lejos de su hogar. Yo estoy en mi casa, pero aún así esta canción… yo sé que será la más alta, así que canten con nosotros”, dijo Pablo.
A Bárbara y Gabriela les gritaron “te amo” en repetidas ocasiones; ellas respondieron sin rodeos: “también yo”, manteniendo un diálogo breve pero directo con el público.
Uno de los momentos más comentados llegó con “Harakiri”, interpretada por primera vez en vivo dentro de esta gira. Después vino “Sin Despertar”, acompañada de imágenes de archivo que mostraban a la banda en sus primeros años. La reacción fue inmediata: gritos desde el público como “hermana, ya eres mexicana” encontraron respuesta entre risas: “¿ya somos mexicanas? ¡a huevo!”.
El tramo final se sostuvo en los temas que consolidaron su trayectoria. “Ya nada queda” y “Llévame” confirmaron que el repertorio sigue intacto en la memoria colectiva.
“Han sido conciertos increíbles, ustedes siempre han sido parte de nuestra historia”, dijo Bárbara en uno de los pocos cortes del ritmo continuo.
La recta final incluyó una de las colaboraciones más esperadas: Erik Canales regresó al escenario para interpretar “Escapar”, antes de cerrar con “Déjame gritar”. No hubo encore y el show duró poco más de una hora y media. En su lugar, la banda pidió una foto con el público y se despidió.
La salida dejó una sensación dividida, aunque el repertorio incluyó sus temas más representativos, la respuesta del público sugería que todavía había espacio para más.
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