Todo lo que soy y lo que he logrado lo debo a la educación; y, dentro de ella, una de las partes más relevantes es la que recibí en la Facultad de Derecho de la UNAM (CU, generación 75-79).

La educación no sólo ha hecho posible mi desarrollo en lo profesional y económico, sino también en mi vida personal, pues me ha permitido aprender de mi carrera y me enseñó algo mucho más valioso: el pensamiento crítico.

Ejercitar el pensamiento ordenado, informado y consciente creo que es una de las mayores ventajas de ser alumno UNAM. La Universidad no sólo te da datos, sino que te enseña a pensar. No en balde es la mejor institución educativa de México.

Así, el viaje que empezó en preescolar y culminó su primera gran etapa en la Máxima Casa de Estudios (aunque, de hecho, nunca termina, ya que como profesional del derecho siempre sigue uno formándose y aprendiendo) me ha permitido hacer miles de cosas: desde dedicarme al ejercicio de mi carrera como postulante, hasta encontrar otros retos y destinos, como lo ha sido el participar, competir y triunfar en eventos y campeonatos de automovilismo deportivo.

Esto, a la larga, me llevó a presidir la Federación Mexicana de Automovilismo Deportivo. En ella y sus comisiones puse 23 años de una gran labor 100% altruista y honoraria, en la que, con todo mi empeño (y con el apoyo de otros miembros del deporte), logré grandes éxitos con los que pude impulsar a dicha Federación hacia grandes avances, actualizando su funcionamiento normativo en beneficio del futuro del automovilismo deportivo mexicano. Todo ello a la par de haberme permitido obtener un gran aprendizaje y mucho desarrollo personal y profesional.

Lo anterior no hubiera sido posible sin la Universidad de la Nación, de la cual uno de sus mejores soportes es Fundación UNAM. Por ello es que considero que el papel de Fundación UNAM es vital e imprescindible, pues la educación es la base que posibilita al individuo superar sus limitaciones, encontrar nuevas metas y alcanzar otros destinos.

Todo apoyo que pueda darse a la educación viene a ser la base de una ecuación que potencializa los resultados: mientras más educación podamos dar a nuestros conciudadanos, niños, jóvenes y mayores, mejor lograremos que se desarrolle no sólo nuestra tierra, sino el mundo en el que vivimos. Y más un lugar tan hermoso como es nuestro México, lleno de belleza, pero carente de recursos: fondos, becas y patrocinios que faciliten el estudio, que es lo que más necesita nuestro país. Todo ello, manejado a través de una institución sólida, segura y profesional como es la Fundación UNAM, permite catapultar los frutos que del esfuerzo se obtienen.

Agradezcamos a la UNAM las puertas que sus aulas nos abrieron, los conocimientos y el criterio que pudo poner en nuestras mentes; y, para ello, cuidemos a nuestra Alma Mater a través de Fundación UNAM. De ese modo, lo que hagamos se verá coronado y recompensado por el éxito de muchos alumnos que, con su esfuerzo y nuestro apoyo, lograrán culminar sus estudios y llevar a nuestra nación a mejores destinos. Con ello conseguiremos, poco a poco, un mejor país y retribuiremos aquellas maravillas que recibimos de la UNAM.

Licenciado en Derecho, postulante. Expresidente de la Federación Mexicana de Automovilismo Deportivo, A. C.

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