El momento en que Ligia Amadio supo que quería dedicarse a la música fue al término de un en un teatro de Brasil. Era estudiante de ingeniería mecánica de producción en la Universidad de Sao Paulo. Sentada en la parte más alta del recinto, lloraba conmovida por lo que escuchó. “Quiero vivir en este ambiente, aquellas maravillas”, pensó. Tal vez y porque para ella la música “habla directamente al corazón” y ese día le habló. Desde entonces una sinfonía es un buen alimento para el alma.

Hoy, Amadio es una de las directoras de orquesta más influyentes del mundo, cuya batuta la ha llevado a dirigir por todo el mundo: la Orquesta Filarmónica de Tokio, la Orquesta Filarmónica de Tailandia, la Orquesta Filarmónica de Málaga y la Orquesta Sinfónica de Islandia.

Durante marzo Ligia Amadio visitó nuestro país, pues fue invitada a dirigir la Orquesta Filarmónica de la UNAM en el marco de las Jornadas de mujeres en la música, organizadas por la universidad para destacar la labor de las directoras, intérpretes y compositoras.

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La primera vez que Amadio dirigió fue en el coro de la Universidad de Sao Paulo, gracias a que desde los cinco años estudió piano, por lo que era la encargada de ensayar con los grupos de sopranos, contraltos, tenores y bajos. “Me descubrí directora, yo tenía el talento”, recuerda. Tener esa autoridad fue apasionante, por lo que al terminar sus estudios en ingeniería, decidió ingresar a la Facultad de Música de la Universidad Estatal de Campinas.

Centrada en siempre dar lo mejor de ella, los premios no tardaron en llegar. En 1997 se consagró como la primera mujer ganadora del Concurso Internacional de Dirección Orquestal de Tokio y un año después, en 1988, llegó en primera posición al Concurso Internacional de Santiago de Chile. Durante 2021 fue reconocida por la Asociación de Críticos de Sao Paulo como Mejor Directora del Año, en Brasil, su país de origen.

Para lograr sus sueños fue necesario no tener “miedo de enfrentarse con un mundo masculino”, así como estudiar y trabajar con constancia, además de tener respeto por los demás, consejos que da a las mujeres que deseen ingresar al mundo musical. Con una gran sonrisa, desde un camerino de la Sala Nezahualcóyotl, al sur de la Ciudad de México, anima a su género: “Entren, estudien, tengan sueños, ambiciones”.

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Asegura que la responsabilidad que siente sobre sus hombros al ser una de las pocas directoras titular de orquesta, es enorme.

Ella se siente como “un farol que va guiando las demás” y las alienta frente a la poca generosidad que, usualmente, el medio musical y la sociedad tienen con las mujeres.

Un camino muy difícil

Sin embargo, Ligia Amadio admite que el camino de las mujeres para hacerse notar dentro de la música aún está cimentado por la discriminación. Entre algunas de las problemáticas que identifica están el acoso, la creencia de que las mujeres carecen de capacidad para tocar ciertos instrumentos, como los metales, o el negar su existencia y talento.

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Ante este panorama, Amadio agrega que si las directoras de orquesta desean entrar a alguna agrupación y no les dan oportunidad, no pierdan el tiempo en esperar, sino que lo aprovechen para mejorar su formación profesional. “Hagan cursos, expónganse al juicio de otras personas, porque en estos lugares siempre hay profesionales que están mirando”, asegura Amadio.

Para combatir las brechas de género, creó el Movimiento de Mujeres Directoras y ha impulsado el Simposio Internacional Mulheres Regentes/Mujeres Directoras/Women Conductors, desde 2016.

Durante su tercera edición, en 2020, 976 personas de 36 países participaron. Su labor ha sido ampliamente reconocida, recibiendo en 2022, en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, el Premio Nacional Clásica en el rubro de Política con Perspectiva de Género.

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Desde otro frente de ataque, Amadio ve necesarias políticas de Estado que promuevan la igualdad, que sean “aplicadas siempre que una parte de la sociedad está siendo, de alguna forma, olvidada”. Por ejemplo, la inclusión de compositoras en los planes de estudio de las escuelas de música o una programación en la que haya más mujeres directoras, compositoras y solistas.

En este aspecto, la directora considera que hay otro factor importante que merece ser resaltado: “las cúpulas administrativas [de la cultura] tienen miedo de la crítica” infundada, que juzga con excesivo rigor los errores de las mujeres y justifica los de los hombres. Por ende, no las suelen colocar en puestos de poder musicales, explica.

Esto ha llevado a que las mujeres que se dedican a la música deban ejercer de forma excelente.

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“Si tú te equivocas no tienes más oportunidad”, menciona con dureza y retoma: “Si el hombre es mediocre, digamos, ‘que venga el próximo’. Si una mujer es mediocre, ‘¿Por qué invitamos a una mujer? Mira qué desastre’”.

Entrega total

Cada vez que Ligia Amadio entra a un escenario es imposible que no sienta una fuerza que empuja a su cuerpo a dirigir con coraje. Sube al podio frente a la orquesta y pide a Dios que la ilumine para ser, por esa vez, un “instrumento de luz, de paz, de música, de amor”. Es ahí cuando toma la batuta y comienza el concierto.

La carrera profesional de Amadio en la dirección orquestal inició en 1996, cuando fue invitada a estar al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional - UFF de Brasil, gracias a la invitación de la esposa del director titular de aquel momento, quien la observó dirigir un grupo durante un festival de música.

Sus participaciones cada cierto tiempo la hicieron conectar con las y los músicos, quienes siete años después optaron por postularla para la dirección titular.

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La ganó y el resto es historia. “Yo no soy un genio, soy una persona normal”, dice al rememorar el esfuerzo que ha hecho para llegar hasta donde está hoy.

En su carrera ha quedado claro que “no hay desarrollo sin inversión, no de plata, de tiempo de estudio; esto es el sufrimiento”. Pero aclara: “si tú estás enamorado de lo que haces, no es un sufrimiento… ¡Porque estás en el placer!”

No importa si en el concierto que dará será turno de tocar a Beethoven, Brahms, Mozart o a alguien más, ella se dedica a examinar las partituras antes de ensayar: “Puedo estar estudiando 10 horas, me cansa, pero es así. Hay horas que lloro de emoción de ver lo que el compositor construyó”.

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La pasión de Ligia Amadio por la música es inevitable, por algo la considera “la vida”. Cree que las y los músicos tienen una “obligación ética, estética y social” con su comunidad, al transmitir mediante los sonidos, los valores artísticos de la región. “Delante de la música somos como sacerdotes, es una entrega total para esta arte, que es muy exigente. Es un amo muy severo”, concluye.

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