Los golpes de la vida han sido continuos para en tiempos recientes: las secuelas de las inyecciones de biopolímeros con las que ha batallado durante más de una década, 10 cirugías, según cuenta, tan solo en el último año, y la muerte de su madre, Silvia Pinal, en noviembre de 2024.

Tras esas experiencias y casi cuatro décadas de , la rockera se ha replanteado la vida y también la manera de recordar a su madre. “Los que nos quedamos”, la canción que lanzó después de su muerte y que ahora da nombre a su gira, habla del dolor de quienes sobreviven a una pérdida y deben aprender a continuar.

Es también el reverso de “Bye mamá”, el tema que al inicio de su carrera le cantó a la diva desde la rebeldía y el deseo de independencia, si bien ahora le habla desde el agradecimiento y el amor de una hija que vive con su ausencia.

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“Cuando hice ‘Bye mamá’ quería hacer mi carrera. Lo más difícil fue demostrar que yo también tenía lo mío. Mi madre y mi padre ya eran ellos, y yo no quería quedarme donde se quedan todos. Dije: ‘Yo me voy a las estrellas’”, cuenta a EL UNIVERSAL.

La conversación con la cantante mexicana ocurre durante la grabación de los visuales que acompañarán los conciertos de Los que nos quedamos Tour 2026. Guzmán se mostró animada mientras interpretaba, entre otros temas, “Mala hierba”, vestida con un conjunto blanco, en un buen simbolismo con la paz que, dice, la acompaña.

Tras 10 cirugías y la pérdida de su madre, Silvia Pinal, la rockera retoma los escenarios con fuerzas para bailar y sumar otras cuatro décadas a su carrera. Foto: Hugo Salvador El Universal
Tras 10 cirugías y la pérdida de su madre, Silvia Pinal, la rockera retoma los escenarios con fuerzas para bailar y sumar otras cuatro décadas a su carrera. Foto: Hugo Salvador El Universal

Hija pródiga

Abierta, Guzmán reconoce que con los años entendió que algunas decisiones de su madre que veía como obstáculos eran también una manera de impulsarla a construir su propio camino.

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“Mi madre fue una gran madre. Siempre supo que yo tenía talento y me decía que era su gallo. Me mandaba al ballet y evitó que entrara a Fresas con Crema y a otros grupos porque sabía que yo podía sola”, recuerda.

“Antes pataleaba y quería las cosas en ese momento, pero ahora se lo agradezco porque, si no fuera por ella, no sé dónde estaría. Hizo bien en no apoyarme de más, en dejarme hacer mis propias cosas”.

Recuerda que el escenario siempre la llamó, ya fuera al observar a Silvia Pinal actuar o a su padre, Enrique Guzmán, en conciertos. Se aprendía sus canciones y coreografías, e incluso se apropiaba de algunos de sus vestuarios.

“Me encantaba ver a mi mamá y a mi papá en los shows. Me aprendía las coreografías, las canciones y hasta me robaba los vestuarios. Sigo siendo esa niña divertida y haciendo cosas para que el público disfrute”, comparte.

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De la gran Diva del cine mexicano, destaca, tomó primero los elementos que le permitieron saber que su camino sería distinto al de la actuación y después algunos recursos teatrales para construir el personaje irreverente con el que se convirtió en una estrella.

“Tuve la suerte de hacer una audición cuando tenía 17 años. Empecé a cantar a los 18 y estuve en el teatro con mi madre; ahí aprendí todo. Pero entendí que no quería ser actriz porque se me olvidaban los papeles. Dije: ‘Esto no es para mí’. Escogí lo que iba con mi personalidad. Exageré y construí este personaje que forma parte de mí”.

“Los que nos quedamos” da nombre también a la gira que comenzará el 27 de julio en Durango y concluirá el 12 de diciembre en Monterrey, con una fecha en la Arena CDMX el 27 de noviembre.

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Para la rockera, el título parte del duelo por quienes han muerto, pero también habla de los artistas que permanecen en la música después de varias décadas.

“Hablo de las dimensiones porque algún día vamos a estar allá, dónde no sabemos, pero eso es seguro. ‘Los que nos quedamos’ también representa para mí la música. Ya no hay artistas que me hagan decir: ‘¡Guau!’”, afirma.

La intérprete atribuye esa falta de asombro a una menor preparación y recuerda la exigencia con la que se formó desde pequeña.

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“Está faltando esa escuela, esa disciplina y muchas cosas que a mí me salvaron. No sé si sea por la tecnología, pero a mí me enseñaron con una disciplina durísima. Tuve una maestra cubana muy estricta y grandes maestros. Gracias a ellos hago lo que hago y también aguanto mucho dolor”.

Se reinventa

Su regreso ocurre después de una decena de cirugías en el último año, según relata, y de un proceso personal en el que ha recurrido a terapia durante cuatro años.

Guzmán asegura que ese trabajo le ha permitido dejar atrás parte de su carácter “visceral y hostil”.

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“Vuelvo distinta, pero me siento más ligera. He soltado una mochila muy pesada. Empecé queriendo arreglar y ayudar a todos hasta que dije: ‘Mejor me ayudo a mí, mejor lo hago para mí’”, detalla.

“Llevo un año y medio bien. Cuando estás consciente, te dan ganas de escribir y sacar esas emociones. Sigo adelante, no pienso tanto en las cosas; prefiero pasar el tiempo haciendo una canción que haciendo un berrinche”.

Al retomar la pérdida de su madre, reconoce también una etapa en la que recurrió al alcohol para evitar lo que sentía.

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“Diría que lo vivan porque a veces uno no quiere sentir. Yo tuve una etapa en la que tomé hasta que decidí dejar de hacerlo, porque ni siquiera eso llenaba un vacío tan grande como perder a tu madre”.

Después de las operaciones y del duelo, asegura que se siente lista para volver a los escenarios y prolongar una larga carrera.

“Estoy totalmente regenerada, rehecha. Ahora sí estoy completa. Puedo durar 38 años más en el rock and roll, bailar, y estoy agradecida porque eso es lo que más amo. Es un gran regalo de Dios y de la vida que me permita seguir alzando la pierna”, dice sonriente.

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