Ciencia y Salud

La neurociencia detrás de Pokémon; Pikachu ayudó a entrenar el cerebro de millones de niños

Memorizar y aprender las características de cada criatura produjo cambios en el cerebro a nivel estructural, según un artículo de la Biblioteca Nacional de Medicina de EU

El pasado viernes 27 de febrero Pokémon cumplió 30 años. Foto: Archivo
15/03/2026 |17:46
Erick Moctezuma
Redactor web de la sección NaciónVer perfil

Los fanáticos de están de fiesta desde el pasado viernes 27 de febrero, día en el que la franquicia cumplió sus primeros treinta años de existencia, marcando tres décadas desde el lanzamiento de Pokémon Rojo y Verde en Japón, en el año de 1996.





Desde entonces, niños alrededor del mundo crecieron con la necesidad de tomar una decisión: Charmander, Bulbasaur o Squirtle; en otras palabras: fuego, planta o agua, una elección que trazaría el comienzo en su ruta por convertirse en un maestro Pokémon digno de capturar a las entonces 151 criaturas que conformaban la Pokédex, una enciclopedia que sólo lograban completar los más hábiles.

Pero más allá de ser un videojuego que marcó la infancia de millones de personas, la experiencia de jugar con Pikachu a temprana edad provocó cambios significativos en las respuestas cerebrales en la edad adulta, de acuerdo con un estudio publicado en la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos (NLM, por sus siglas en inglés).

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Visitantes hacen fila para ver las estatuas de personajes Pokémon exhibidas frente a la Torre Lotte World en Seúl el 26 de abril de 2024. Foto: AFP

La neurociencia detrás de Pokémon

La investigación se titula “La amplia experiencia infantil con Pokémon sugiere que la excentricidad impulsa la organización de la corteza visual” y fue publicada en 2019 por científicos de las universidades de Standford, California Berkeley y Pensilvania.

En ella, se detalla que todas las categorías que aprendemos a reconocer cambian el cerebro humano, órgano que 'registra y organiza' toda la información. Cada persona desarrolla regiones cerebrales para reconocer rostros, lugares y objetos; dichas regiones terminan ubicándose en lugares similares en todo el cerebro.

Para realizar este estudio, los expertos utilizaron imágenes de resonancia magnética funcional para escanear a un grupo único de adultos que, durante su niñez, tuvieron una amplia experiencia capturando a los distintos Pokémon en la Game Boy.

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Según los resultados, quienes jugaron en un rango de entre los 5 y 8 años, durante horas prolongadas, desarrollaron una región que responde más a los distintos Pokémon que a otros objetos.

Los resultados revelan que los usuarios de este videojuego presentaron cambios en el cerebro a nivel estructural, en una escala grande como centímetros de corteza, que abarcan millones de neuronas con propiedades funcionales diferentes a quienes no tuvieron ningún acercamiento con la franquicia.

En esta ilustración fotográfica, se observan cartas coleccionables de Pokémon en una tienda el 23 de enero de 2026 en Pasadena, California. Foto: AFP

Esto ocurre porque han tenido experiencia individualizando y memorizando personajes del videojuego, generando una representación novedosa de esta categoría aprendida.

La experiencia visual en la primera infancia, de algún modo, moldea la arquitectura funcional de la corteza visual cerebral. Sin embargo, estos cambios neuronales no surgieron únicamente por la capacidad de los niños de recordar y aprender sólo a las criaturas del videojuego.

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El estudio también contempla que, al jugar, los usuarios tuvieron que adquirir información semántica y contextual adicional para disfrutar la historia, como el tipo y las características de cada uno de los Pokémon.

De este modo, el desarrollo de estrategias y el conocimiento de las particularidades de cada bestia fueron clave para moldear la corteza cerebral durante la vida adulta, ya que el niño o niña se vio forzada a aprender movimientos, debilidades y fortalezas de los 151 pokémon.

Otro artículo publicado en 2019 en la NLM titulado “Una ventana del tamaño de un Pokémon al cerebro humano”, apunta a que este hallazgo demuestra de manera clara “lo asombrosa que es la plasticidad de nuestro sistema visual en desarrollo”.

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Según artículos académicos, la biodiversidad ficticia de Pokémon podría despertar interés científico en los niños. Foto: Universidad Federal de Río de Janeiro

Pokémon y la difusión de la paleontología

Esta no es la primera vez que se realizan artículos científicos ligados a la franquicia japonesa. En el año 2017, la Universidad Federal de Río de Janeiro publicó que la podría fungir como un medio valioso para promover la paleontología.

Esto, debido a que ciertas criaturas del videojuego presentan características análogas a las de animales prehistóricos lo que, aunado a la experiencia de explorar nuevos entornos en este mundo ficticio, acrecienta el interés en la biodiversidad y la zoología.

El creador de Pokémon, Satoshi Tajiri, era aficionado a coleccionar insectos cuando era joven, hecho que probablemente influyó en su creación.

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Cabe resaltar que los Pokémon se inspiran, principalmente, en flora y fauna, y que algunos poseen características particulares que se pueden relacionar con especies reales.

“La puede considerarse una muestra virtual de la biodiversidad natural [...] Este tipo de representación puede ser una fuente interesante con fines educativos, ayudando a los jóvenes a conocer otros tipos de animales con los que no suelen tener mucho contacto, incluyendo especies extintas”, concluye el estudio brasileño.

Las cartas Pokémon, con sus "pequeños monstruos" que atraen tanto a niños como a superfans adultos, han aumentado considerablemente de valor en los últimos años. Foto: AFP

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