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Para el poeta y especialista Pedro Derrant (Ciudad de México, 1994) la poesía es “el laboratorio donde se dinamita el lenguaje”. Convencido de que este género literario tiene un potencial revolucionario, destaca que en la Casa del Poeta Ramón López Velarde confluyen dos grandes caudales: la memoria histórica del propio autor y el encuentro intergeneracional entre escritores nuevos y consagrados.
Esta antigua casa ubicada en la colonia Roma Norte, donde vivió y murió el “poeta nacional” de México, fue el escenario donde se escribieron textos como “La Suave Patria” o “El sueño de los guantes negros”, explica Derrant, quien se autoproclama “lopezvelardeano furioso”.
El especialista abunda en que como sitio histórico este lugar adquirió un nuevo relieve a partir de la década de los noventa, cuando se recuperó el inmueble que eventualmente “se convirtió en un sitio que era una especie de ritual de paso para los poetas no solo de la Ciudad de México, sino en buena parte del país y de otros países”.
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Ante la intención de convertir este recinto en un cabaret que buscaba imponer la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, encabezada por Ana Francis Mor, Pedro Derrant se muestra optimista y garantiza que “la poesía no se iba a morir” porque pereciera la Casa del Poeta. Sin embargo, defiende que como comunidad cultural no se puede permitir el embate a uno más de los espacios literarios del país, que actualmente ya se hallan arrinconados por el abandono institucional.
“En caso de haberse concretado el plan [de convertir la Casa del Poeta en cabaret], lo que habrían hecho es quitarle un espacio a la comunidad literaria, en el cual podía acercarse a la poesía sin pagar dinero, con una libertad absoluta y casi sin ningún requisito”, dice.
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“Va a salir un Shakespeare de la IA”
Derrant se mantiene firme a una metáfora: la poesía es el laboratorio más radical que existe sobre el lenguaje y, como en los laboratorios mismos, las cosas explotan. Algunas veces salen bien, pero a veces surge la bomba atómica.
“La poesía siempre va a ser marginal en la medida en la que no hay tantas personas que se quieran comprometer con este cohete de desestabilizar el lenguaje y abrirle huecos, voltearlo y torcerlo”, responde al ser cuestionado sobre un posible distanciamiento entre lectores y el género poético.
No obstante, Pedro Derrant ve una “oportunidad absoluta” en los avances tecnológicos y los lugares a los que puede llegar la palabra escrita al ser colisionada con los medios digitales.
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“Hay mucha gente a la que le espanta la inteligencia artificial, pero la IA jamás va a poder escribir un poema, porque funciona con predictibilidad y el poema funciona desde la impredecibilidad. Entonces yo no tengo nada de miedo al respecto”, confía.
Lo que sí vaticina, en cambio, es que los jóvenes aprenderán a emplear la inteligencia artificial, las pantallas y demás herramientas virtuales para integrarlas al laboratorio de la poesía.
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“Decía el poeta chileno Raúl Zurita que no tenían que espantarnos las pantallas, que en unos cuantos años iba a salir un Shakespeare de las pantallas. Y yo estoy de acuerdo con él: va a salir un Shakespeare de las pantallas, un Shakespeare de la IA y un Shakespeare hasta el final de los tiempos”, perfila.

Leer poesía y a López Velarde, un derecho de los jóvenes
A través del lenguaje ordenamos la realidad, dice Derrant, hecho que tiene una relevancia política para él porque abre paso a imaginar nuevas formas de amar a la otra persona, de relacionarse con el prójimo y de tener una organización social diferente.
“Es importante porque es un arma de desestabilización, es un arma para desestabilizar todo lo opresivo [...] La poesía tiene sangre joven”, formula.
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El escritor, por tanto, defiende que leer al propio Ramón López Velarde y que leer poesía son derechos que permiten acceder a la belleza y, a través de ella, acceder a otros mundos posibles.
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“La belleza también está en el teatro, en la música, incluso en el derecho a vivir en una ciudad que esté ordenada. Es un acto poético el cuidar de los espacios públicos, como la Casa del Poeta, pero también nuestras colonias”, enfatiza.
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Por eso hace un llamado a leer a López Velarde, “aunque no hace falta la invitación porque los jóvenes gravitan naturalmente hacia la poesía”.
“Invitaría, más bien, a los mayores: a los que creen que la poesía es un ejercicio de gente desquehacerada, que encuentren una forma de desestabilizar su mundo, que sepan que nunca es tarde para la poesía porque la poesía es permanente”, reflexiona.

La dimensión ética y estética de López Velarde
Ramón López Velarde es un autor permanente porque es un ejemplo a seguir en dos direcciones: la ética y la estética, sostiene Pedro Derrant.
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“La estética es indiscutible. Cuando López Velarde empieza a escribir, el ambiente cultural tenía una serie de dictados. Había que escribir como Rubén Darío y Enrique González Martínez. Él llega del interior del país, de Zacatecas, a la Ciudad de México, y decide desobedecer estos dictados”, señala.
La obra del zacatecano, menciona, se caracterizó por “contorsionar” la forma establecida en el canon literario, hito que le permitió perseguir un camino poético individual.
“Me parece que es un ejemplo de desobediencia estética y creo que eso es lo que debe tener todo poeta joven, decir: no quiero parecerme a los otros, quiero hacer un camino nuevo”, añade.
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En lo ético, Derrant resalta que López Velarde siempre estuvo preocupado por la realidad, sin doblar la rodilla a los dictados de un partido:
“Él vivió entre 1888 y 1921, le tocó el Porfiriato y la Revolución Mexicana. Cada dos años había movimiento político y surgía la posibilidad de que le dieran un puesto, algo que unánimemente rechazó”, narra.
El poeta explica que Ramón López Velarde tuvo un puesto “muy menor” en la Secretaría de Gobernación, cargo al que accedió solamente porque el gobierno estaba encabezado por alguien a quien suscribía, que era Venustiano Carranza. Tras el asesinato del Constitucionalista, rechazó cualquier otro puesto gubernamental para “no colaborar con la mano del homicida de Venustiano Carranza”.
“Es algo que nos hace falta como poetas jóvenes, entender que nuestro compromiso está con la palabra y, sobre todo, con la verdad y no con el poder”, concluye.
“La izquierda nos ha quedado a deber”
En otras reflexiones, Pedro Derrant considera que la izquierda, que gobierna a nivel federal y local, ha quedado a deber en el ámbito cultural.
“Teníamos puesta nuestra esperanza en que hubiera un apoyo no solo a la literatura, sino en general a las artes, que girara en torno a tres ejes: más dialogo, consulta y deliberación. En ninguno de los tres casos ha sucedido”, subraya.
Sobre instituciones como el Fondo de Cultura Económica (FCE) lamenta que ha cambiado mucho la dirección hacia intereses personales del actual titular, Paco Ignacio Taibo II, a quien critica “por no haber leído suficientes mujeres”.
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Sobre el episodio que protagonizó el director del FCE, cuando dijo que no incluiría en la Colección 25 para el 25 mujeres que escriban “horriblemente asqueroso de mal” por cubrir una cuota de género, Derrant expresa que quien ha leído suficientes hombres y mujeres encuentra un equilibrio.
“Lo que acusa el hecho de que tenga más hombres en esa lista es que no ha leído a suficientes mujeres [...] Creo que Taibo II debería privilegiar la pluralidad del espacio y atender a todas las comunidades antes que privilegiar sus intereses personales”, pide.
em/ml
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