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“Voy a legalizar la eutanasia en México”: Samara Martínez

Tras ser declarada en estado terminal debido a varias enfermedades crónicas, la joven se enroló en la misión de conseguir la Ley Trasciende, para que se legalice la muerte asistida a pacientes incurables

Entrevista con la activista Samara Martínez. Foto: Germán Espinosa / EL UNIVERSAL
26/01/2026 |06:07
Ulises Uribe
Redactor webVer perfil

ha cobrado notoriedad pública en los últimos meses. Es la primera paciente y mujer que ha volcado su esfuerzo y su pasión para , y confía que su caso de enfermedad terminal ayude para que en este 2026 se apruebe una ley que permita a las personas desahuciadas irse en paz, sin dolor y sin sufrimiento.





La lucha de Samara es por la dignidad. Después de que su iniciativa denominada Ley Trasciende llegara al Senado de la República, se ha volcado de tiempo completo en lograr cristalizar la legalización de la eutanasia en México, “porque cuerpo enfermo, pero mente más viva que nunca”.

La primera

“Yo soy la primer paciente, la primer mujer y la primera persona en México como paciente en levantar la voz y en exigir y luchar a cabalidad por legalizar la eutanasia en nuestro país”, expresó.

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En entrevista con EL UNIVERSAL, rememoró que el deporte fue una de las razones que le ayudaron a forjar su carácter disciplinado y tenaz, lo que la convirtió en la mujer que es actualmente y quien con los años ha comprendido que no todo en la vida es ganar.

Samara Martínez. Foto: Germán Espinosa / EL UNIVERSAL

Dedicada a la cátedra, la investigación, el activismo y a concientizar a través de TikTok, Samara recordó que cuando era niña su sueño era ser periodista, el cual cumplió y hasta la fecha sigue desempeñando en diferentes formatos y de acuerdo con la realidad que le tocó vivir.

“Yo no hago periodismo en un medio tradicional, pero puedo decir que también las plataformas sociales son un medio de comunicación y entonces hago, comparto y despierto conciencias en mi propio medio de comunicación”, dijo.

Entre evocaciones y sonrisas, relató que su adolescencia fue más dura porque cambió su vida. Fue a los 17 años que le diagnosticaron hipertensión y dislipidemia mixta, y a los 22 con insuficiencia renal crónica y lupus. Entonces fue cuando los médicos le advirtieron que había posibilidades que en años posteriores dependiera de un trasplante o de vivir conectada a una máquina, como lo hace hoy.

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Su día comienza después de haber dormido 10 horas conectada a esa máquina con el propósito de tener una vida activa. Las 14 siguientes las ocupa desempeñándose en la academia, la investigación, el activismo y la creación de contenido para redes sociales, pero también se permite tiempo de esparcimiento en el que lee y ve series.

“El tiempo y la energía que tengo la pongo en lugares específicos y en cosas que no me desgasten mucho. Sí le exijo mucho a mi cuerpo, porque tú me ves en la calle y dices ‘ni de chiste tiene una enfermedad terminal’, porque el cuerpo está muy enfermo, pero la mente y el alma no, y eso es lo que me mantiene”, externó.

Para ella, la estancia en los hospitales a lo largo de su vida ha resultado difícil, “pero también es una gran escuela, porque cada día que despiertas fuera de un hospital lo haces agradecido de no estar en esas cuatro paredes blancas, pero es difícil porque ves duelos, a gente partir en condiciones muy tristes y con poca dignidad.

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“Aprendes la fragilidad que hay en la vida y empiezas a hacer a la muerte tu amiga. Entonces los hospitales son lugares que te rompen, porque la mayoría de la gente va a sanar a los hospitales y en mi caso ya no es así. Cuando toca hospital es porque algo muy malo va a pasar, porque ya no hay oportunidad de mejorar, porque tu cuerpo va marchitándose poco a poco”, añadió.

Inicia la lucha

Su lucha por la legalización de la eutanasia se originó después de la pérdida de su segundo trasplante, cuando médicamente ya no había más que hacer.

“Entonces ves a la muerte de cerca y sabes que tú no le vas a ganar. Es ahí cuando pienso por vez primera que merezco irme dignamente, sin dolor, sin sufrimiento, en compañía y no en un hospital, y es cuando digo ‘voy a ser la persona que va a legalizar la eutanasia en México’.

“No hay nada para mí más digno que luchar no sólo por tu dignidad, sino también por la dignidad de los demás, incluso de todas esas personas que hoy afortunadamente gozan de buena salud, pero no están exentos de perderla. Entonces es aquí cuando siempre digo: ‘más vale tener el derecho y no necesitarlo que necesitarlo y no tenerlo’”, agregó.

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Para Samara, el momento más difícil de su vida fue cuando, a mediados del año 2024, tras siete meses de permanecer hospitalizada luchando para estar viva, la declaran en enfermedad terminal y le dicen que médicamente no hay más que hacer.

“El ver tu nombre debajo de un diagnóstico con la palabra terminal es difícil, porque se te acaban las opciones, y no porque no tengas ganas de vivir, sino porque entiendes que la medicina también tiene un límite”, expresó.

Durante su vida, el estoicismo ha sido la fórmula para enfrentar cada uno de los obstáculos que se le han cruzado, “pues me ocupo de las cosas de las que tengo el control, es decir, yo no controlo mi enfermedad, no sé si el día de mañana algo pase y muera, pero sí tengo la fuerza, la valentía y las agallas para desafiar al sistema mexicano y decir ‘sí, puedo controlar cómo me voy a morir’.

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“La enfermedad me ha quitado todo de mi vida, pero me ha dado mucha sabiduría y en ella de alguna manera he encontrado la fortaleza para convertir la oscuridad en luz y tratar de encauzar este dolor, ponerle propósito y decir ‘este sacrificio debe de valer la pena por algo’”, abundó.

Sueño imposible

Samara Martínez alguna vez soñó con ser mamá, pero por sus múltiples padecimientos resultaba fisiológicamente imposible.

“Pero ese también fue el duelo de las cosas y los sueños que tuve que despedirme de la Samara del pasado (...) Fui diagnosticada muy joven y fue una idea y un sueño del que me tuve que deshacer”.

Aunque confesó que no dimensionó el “despertar” en la materia en México por la cantidad de negativas que obtuvo durante el proceso, “siento que este es mi propósito de vida y espero que la vida me alcance para ver cristalizada y consumada la Ley Trasciende, porque va a ser un cambio en muchos aspectos de la sociedad y estoy segura de que este 2026 va a ser un año muy importante para la ley”.

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En su vida, ella no duda de quiénes son el pilar y motor de su vida: su familia. Pero revela que “ahora estamos viviendo un duelo en vida a sabiendas de que en un futuro no muy lejano voy a dejar de estar aquí de manera física, porque el alma y la esencia siempre se quedan, y yo estoy segura de eso”.

A sus 30 años, su sueño más grande es materializar la Ley Trasciende y cambiar paradigmas, romper dogmas, ser agente de cambio, inspirar y trascender.

Adicionalmente, la proyección que ha obtenido como resultado de su activismo ha representado “amor puro, porque cuando algo nace el amor logras ver que la gente se une y empata, y eso me ha traído mucha vitalidad”.

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Aunque reconoce que le parece un tanto egocentrista, Samara no vacila: se considera una mujer a seguir por su capacidad para salir de la oscuridad y convertirla en luz, “porque a pesar de todas las probabilidades y los pronósticos yo he hecho estas cosas con una sonrisa, con el propósito de ser un agente de cambio y de hacer un bien para quien así lo decida”.

Además, mantiene la certeza de que la Ley Trasciende se cristalizará en 2026, “sólo falta, porque está en la mano de unos cuantos, que tengan voluntad política. No hay argumento legal, médico, ético, bioético que se contraponga. Estamos hablando de la dignidad humana y la autonomía humana”.

Ante el parlamento abierto de la iniciativa previsto para marzo, confió en que los legisladores tengan voluntad política para legislar en la materia y que la iniciativa no se quede en la congeladora como muchas otras, “que estén preparados y a la altura del debate que merece México y que merecemos las personas en este estado.

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“Al menos en palabras hay voluntad, pero yo volteé a verlos a los ojos y les dije: ‘a mí de nada me sirven las promesas frente a cámara, yo no quiero promesas vacías, porque no tengo tiempo y hay muchas personas que se están muriendo en condiciones indignas’, acotó.

“Yo sé que no estoy tratando de legislar algo pequeño, pero estamos contra reloj y esta lucha va hasta que ya no esté aquí, y ese día espero haber sembrado lo suficiente para que ustedes como sociedad, como seres que les importa su dignidad, sigan el camino que ya está muy avanzado y construido”, dijo.

Por ello, para Samara el trabajo no se detendrá y en 2026 continuará cabildeando, formando alianzas y concientizando en diferentes espacios, “porque toca insistir, persistir, tocar sus corazones y concientizar. Yo no voy a convencer a nadie, no tengo que convencer a nadie de mi dolor, de lo que ha pasado ni del de muchas otras personas, pero sí puedo generar conciencia de todas las maneras posibles.

“Y lo siento mucho si en todos lados ven Ley Trasciende o Samara Martínez, pero no voy a parar hasta que se cumpla y de eso estoy segura. Así que nunca se les olvide sonreír, que la vida es bonita, pero nosotros nos la hacemos más complicada, y si tienen salud lo tienen absolutamente todo”, concluyó.

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