El próximo 12 de septiembre, Wendy Paloma cumplirá 23 años; para celebrarlo, y como una idea de su mamá, hace unos días se realizó una sesión de fotos en Paraíso, , aprovechando que se cumplirá un año del inicio de su lucha contra el sarcoma (óseo), enfermedad por la que perdió la pierna izquierda.

La primera señal: un simple dolor en la rodilla. “Mi mamá le hizo un rayón al carro y me dice: ‘a limpiarlo porque no se vaya a dar cuenta tu papá’, pues me agacho a limpiarlo y sentí mi rodilla rara”, recuerda.

Tras esa primera sensación, la joven comenzó a sentir un dolor que iba y venía en la rodilla, por lo que su familia decidió que le hicieran una radiografía. Un diagnóstico que tardó en llegar.

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Al realizar la resonancia, los médicos le señalaron que tenía un tumor, así que lo siguiente era hacer una biopsia para determinar si era benigno o maligno. Después, Wendy acudió con los médicos traumatólogos quienes le indicaron que para combatir la enfermedad era necesario cortar la pierna hasta la cadera para ayudarle a evitar que el cáncer volviera.

Más tarde llegó una nueva opción médica que ayudó a Wendy a recobrar las esperanzas de no perder su pierna, consistía en someterla a cuatro quimioterapias, una operación para quitar el hueso dañado y reemplazarlo por una prótesis tumoral, y luego otras siete quimioterapias.

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“La primera fue en octubre, me internan. Yo jamás había estado internada, no me habían pasado suero, nada de nada, y fue horrible estar en el hospital”.

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Después de la segunda quimioterapia, en enero de 2025, Wendy tuvo que viajar a la Ciudad de México para iniciar con el proceso para que le realizaran la operación.

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“El dolor era insoportable, yo prefería dormir para que no me diera hambre, porque pues no podía comer, me dolía demasiado”.

Del bastón a caminar sola: meta alcanzada

Luego de eso, Wendy comenzó las terapias, y un mes después le dieron la noticia de que ya era apta para la prótesis; sin embargo, ahora había que juntar el dinero para la misma.

“Empecé caminado con muletas, de las muletas pasé al bastón, y ya ahorita camino sin apoyo, llevo como tres semanas que deje el bastón”.

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Al recordar todo lo que vivió, Wendy señala que descubrió lo mucho que era querida, no sólo por su familia sino por toda su comunidad, quienes realizaron días de oraciones y hasta colectas para ayudarla a pagar todos sus procedimientos y solventar los gastos de viaje.

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Pese a que al final su pierna tuvo que ser amputada, la joven asegura que volvería a recorrer todo el camino por el que pasó, ya que le ayudó a descubrir en ella una fuerza tanto mental como física que no sabía que tenía.

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